domingo, 21 de abril de 2013

Tres bucles en el parque de Alcala

 Crónica de JuanCar 
Si buscáis en la Wikipedia (mira que me gusta a mí esta página), podréis leer que los Cerros de Alcalá o “Montes de Valdealcalá” como históricamente también han sido conocidos, son un conjunto de elevaciones en forma de abruptas cuestas hacia el norte (sobre la margen sur del rio Henares, que en algunos puntos llegan a ser cortados verticales) y cumbres planas con pendientes poco destacadas hacia el sur en forma de páramo que en el término alcalaíno alcanzan la cota de 870 msnm; que marcan el contacto entre la Alcarria de Alcalá, de la cual forman parte estos cerros, y la Campiña de Alcalá, en término municipal de Alcalá de Henares y de las poblaciones limítrofes por el sur Anchuelo, Villalbilla, Torres de la Alameda y los Santos de la Humosa. 
Los cerros eran lugares de más fácil defensa que las vegas donde se localizó la ciudad romana de Complutum y la ciudad alto-medieval que creció a partir del burgo de los Santos Niños, el conocido como Burgo de Santiuste; esa razón explica que en los cerros se ubicaran tanto el oppidium prerromano como la fortaleza andalusí de Alcalá la Vieja. El cerro del Viso sigue alojando en la actualidad una instalación militar.
Una vez hecha esta “cultureta” introducción, lo suyo es contar que sucedió allí el pasado domingo 21 de abril. A las 9:00 de la mañana el aparcamiento de entrada al parque natural de los Cerros de Alcalá estaba plagadito de bikers que, como nosotros, se disponían a pasar una mañana sufriendo y disfrutando por este curioso lugar que te puede gustar o no, pero lo que está claro es que no te deja indiferente.

Durante la semana tenía la impresión de que iba a ser una de las pocas rutas con poca afluencia de participantes, ¡¡y que confundido estaba!!. Las bajas de compañeros habituales a las rutas alimentaba esta sensación, pero es que últimamente, cuando uno falla, viene otro u otros, e incluso nuevos compañeros que se suman al grupete al menos por ese día. No quiero ni pensar lo que puede ser el dia en que estemos todos…
Al final, y llevándonos más de una sorpresa, aparecimos en el lugar de inicio 15 compañeros con el ánimo de pasarlo genial; Javi (Marek), Jesús (Terminal), Pablo, Pachi, Angel (Arrojo), Miguel (Miguelin), Edu (cuñado de Miguel), Pepe, Raúl y Rafa (hermanos y amigos de Pablo), Rubén (Karpov) y las grandes sorpresas del día: Victor (Sheol), Alvaro (Nrain) e Iván (IvanJC), aparte de mi claro está. Un grupo muy majete en el que algunos hacían doblete, alguno resarciéndose de los meses en paro forzoso y otros por estar preparando los 101 de Ronda.
Un poco más tarde de las 9:00 de la mañana, partíamos ya, por la entrada del parque natural a cumplir los tres bucles que Javi (Marek), nos había preparado para la ocasión. La primera impresión a la entrada del parte es alucinante, sobre todo en esta fecha, después de las copiosas lluvias de los meses pasados. El campo está alucinante, de un color verde intenso que hace un contraste precioso con el rojizo del terreno del parque. La verdad es que ese contraste me impactó durante toda la jornada ya que estoy seguro de que no es 



nada habitual y que además no durará mucho ya que por estas latitudes el terreno y el clima hacen que lo normal sea un auténtico secarral con tonos bien diferentes al verde.
Tras los primeros metros, ya se intuía como iba a ser la mañana: en las subidas, Raúl, Rafa y Pepe, junto con Edu, tendían a desaparecer…¡¡cómo van estos muchachos!!, mientras que en las bajadas la cosa era bien distinta, con Álvaro, Iván y Víctor despegándose por mucho de los demás. El resto del grupo, siempre sufriendo tanto para arriba como para abajo, pero sin perder la sonrisa en ningún momento.
Los primeros metros de la ruta, ya en subida, transcurren por el llamado “Barranco Salobre” por el que pasaremos más de una vez durante la mañana. En un momento dado, se toma la pista de la derecha para empezar a ascender de una forma más empinada hasta buscar el límite suroriental del parque. Al llegar a este punto, se abre ante nosotros lo que en la Wikipedia se llama el “páramo alcaíno”. Campos de cultivo de un verde esplendoroso a la derecha, y un paisaje de cerros salpicados de pinares con la ciudad de Alcalá al fondo a nuestra derecha.

En este punto, y debido a la ascensión pasada, el grupo se ha estirado quizá demasiado, por lo que la primera reagrupación la hacemos el uno de los puntos donde más adelante tiraremos a la izquierda para tomar la senda que conduce al sendero del Notario por una parte y el sendero de bajada hacia el fondo del parque por la derecha (que será el que nosotros cojamos).
Una vez reagrupados, enfilaremos la primera bajada del día, un primero tramo corto de apenas 500 metros y que nos deja en el Portillo de Anchuelo, una de las entradas del parque situada en su perímetro este. Una vez agrupados los 15 compañeros, nos encaminamos hacia uno de los primeros objetivos del día y por el que pasaremos dos veces: el sendero de los Lagartos.
El sendero de los Lagartos es un camino revirado de unos 800 metros de longitud, en claro descenso con una cierta dificultad técnica debida a los continuos cambios de dirección, pequeños escalones, algún que otro talud y bastantes peraltes. Además discurre por un cortado alucinante que en algunos lugares no tiene más de tres metros de ancho con unas paredes casi totalmente verticales de más de cinco metros. En definitiva, un lugar muy, muy divertido, lo más parecido a una atracción de un parque de aventura. El problema es que si no cuentas con un mínimo de técnica, muerdes el polvo casi de forma inevitable, y si no que se lo cuenten a Pepe, uno de los amigos de Pablo, que quizá por falta de práctica se fue al suelo unas cuatro veces en toda la mañana afortunadamente sin consecuencias.


La salida del sendero de los Lagartos nos conduce sin remedio (según el track del Maestro Marek), por una zona de nuevo revirada, con atajos en forma de saltos y taludes al Barranco de la Zarza, una de las pistas principales del parque de los Cerros y que conduce casi directamente a la subida del Ecce Homo, uno de los cerros más famosos del parque junto con el Gurugú y el Viso y que nosotros no tendremos la oportunidad de subir.
El barranco de la Zarza, en el sentido en el que lo hicimos, discurre en su totalidad en una permanente subida de 3,5 km para completar un ascenso de casi 200 metros de altura. Es en este tramo en el que nos encontramos las primeras, yo diría tres, dificultades del día en forma de rampones. Una primera, por pista, que te entona el cuerpo y hace que te ardan las piernas y que te prepara psicológicamente para lo que viene a continuación. La pista desaparece y en su lugar se queda un camino de piedras sueltas y bastantes regueros que, con una pendiente media del 14% empieza ya a rematarte la moral. Menos mal que tras este rampón, los más sobrados decidieron parar a esperar a los demás porque de esa forma conseguimos recuperar el aliento, y tras dejar a nuestra izquierda la pista que asciende hacia el Ecce Homo, continuar a nuestra derecha por un camino que en teoría nos podría llevar a los Santos de la Humosa. 500 metros después, en una subida que ronda el 15%, terminamos la segunda subida del día y que nos coloca en la parte alta del parque, en su lado nororiental, con el Ecce Homo enfrente de nosotros y todos los cerros a nuestros pies. Parece ser que este punto se denomina “cerro panadero”.

Una nueva reagrupación después y continuamos por un pequeño sendero que, en claro descenso pero son sus pequeños sube-baja, nos lleva a un precioso y fresco bosque de pinos durante unos 800 metros. La salida del pinar conduce, ladera abajo del cerro en cuestión, por un senderito quizá bastante peligroso, de nuevo entre pinos y realizando giros de 180 grados, nos conduce a uno de los que a mí me pareció uno de los puntos más peligrosos de la mañana: un sendero estrecho y sinuoso que corría justo en el borde de una caída bastante peligrosa. Y es que los que tenemos vértigo lo pasamos bastante mal en estas situaciones.

Afortunadamente sin percances, salimos del pinar para enfilar un tremendo cuestón, que en un descenso casi vertical nos dejaba de nuevo en la puerta de Anchuelo. La bajada es de órdago. Mi GPS registró una pendiente negativa de más del 25%, y sólo unos pocos consiguieron bajarlo montados en sus bicis. Si no recuerdo mal, sólo lo intentaron (y consiguieron), Raúl, Ángel, Jesús y como no, Álvaro, Víctor e Iván. Si alguno más lo hizo, no le vi…lo siento.

Una vez pasado este punto delicado, de nuevo en la puerta de Anchuelo, la ruta nos lleva por la pista principal paralela al sendero de Los Lagartos, hacia el Barranco de la Zarza, la cual tomamos esta vez en sentido descendente (menos mal), durante cerca de dos kilómetros y medio. El paso por el Barranco en este punto es igualmente alucinante, recordando en muchos puntos al propio sendero de los Lagartos, pero con la diferencia de que éste, en un momento dado se abre, y se vuelve ancho y pistero dejándonos en la pista principal, cerca de la bifurcación que tomamos a primera hora de la mañana.

Desde este punto, procedemos a hacer la tercera de las cuatro subidas del día. Como en casi todo el parque, los caminos, según nos adentramos, se ven cerrados por los barrancos, lo cual significa inevitablemente que el camino se empina de forma brutal. Este es el caso de la tercera de las subidas, cuyo primer talud yo sólo vi como lo superaba Víctor, mientras que el segundo ya fuimos unos cuantos los que conseguimos subirlo. Estos dos primeros taludes dan acceso a una pista bastante rota que, con una pendiente de cerca del 12% nos deja de nuevo en la parte sur-oriental del parque y en su límite con los campos de cultivo. Camino por el cual ya pasamos a primera hora de la mañana. Es aquí donde decidimos que ya estaba bien de pedalear y que era hora de comer algo, que las fuerzas empezaban a flaquear después de más de 17 kilómetros de continuas subidas y bajadas todas ellas bastante duras y complicadas.

Tras hacer la foto de grupo y charlar con PeterJP y Pakete que también andaban por la zona, seguimos nuestro track buscando la bifurcación que dejamos atrás a primera hora de la mañana. Parece ser que en este punto, inicio del tercer bucle del día, hay dos posibilidades, la primera, que nosotros no hicimos es coger el sendero de la izquierda que al parecer se llama “el camino del notario”, y la otra es tomar el sendero de la derecha (el nuestro), y que nosotros bautizamos como “el ayudante del notario”. Este sendero tiene un primer tramo bastante peligroso que discurre entre árboles y justo en el borde de una buena caída. Igual que antes, los que tenemos vértigo lo pasamos bastante mal.
El sendero en cuestión discurre en un sube-baja bastante irregular hasta lo alto de uno de los cerros, punto a partir del cual, se convierte en un descenso casi campo a través hasta desembocar de nuevo en una pista, que yendo casi paralela al barranco de la zarza, y con una primera subida bastante petadora y una posterior tendida y con buen firma, nos lleva de nuevo al punto de inicio del sendero de los Lagartos.

En este momento el grupo era más bien un rosario, ya que algunos se fueron con Peter y con Pakete a investigar al Notario y los demás seguimos el track original. Poco a poco, y dado que las fuerzas ya escaseaban, íbamos llegando todos al punto de reagrupación y última bajada del día.
Lógicamente, la segunda vez que se baja un sendero, y Los Lagartos no son una excepción, es muchísimo más divertido. Y mucho más divertido es sabiendo que es lo último que se va a hacer en la ruta. Así pues, los que pudieron se tiraron a tumba abierta y los que no, pues trataron de divertirse en la medida de sus posibilidades.

La salida de Los Lagartos nos conduce de nuevo a la pista principal del barranco de la Zarza, el cual, cuatro horas después, nos conduce de nuevo a los coches y sin posible opcional ya que no existe ni un pequeño chiringuito en la zona.

La ruta del parque de los Cerros es una de las rutas más exigentes que he tenido oportunidad de hacer. Es divertida y dura a partes iguales. Supongo que atreverse a ir sólo por estos parajes tiene un punto de intrépido ya que el paisaje es tan similar en todos los puntos que tomar un camino u otro puede hacer que te pases la mañana dando vueltas sin parar.
Afortunadamente, nosotros no íbamos solos, íbamos 15 compañeros pasándolo genial. No hay más que echar un vistazo a las fotos para darse cuenta de la expresión de la cara de todos y cada uno de nosotros…total satisfacción, y eso que desafortunadamente en las fotos no hay sonido, porque si lo hubiera, gran parte de él serían los chascarrillos de Rubén, que el domingo resonaban más de lo habitual…es lo que tiene ir entre paredes con él cerca (eres un crack..no cambies).

Y qué decir de los demás…que es siempre un placer compartir rutas con vosotros, con los habituales y con los menos habituales, con los antiguos y con los nuevos, a los que sin dudar os invitamos a que vengáis tantas veces como queráis.
El próximo fin de semana más…y esperemos que mejor, aunque el listón está cada vez mucho más alto.
                                                           Fotos de Jesus
                                                           Fotos de JuanCar

lunes, 15 de abril de 2013

Por las cercanias del pico de la Miel

    Crónica de JuanCar
Casi tres semanas han tenido que pasar desde que empezó la primavera para que empezáramos a ver el sol y el calorcito propio de la estación. Todos andábamos ya un poco hartos de frío y lluvia y teníamos muchas ganas de poder salir a pedalear de corto y disfrutando de una buena temperatura.

Lo malo es que con tanta lluvia y frío, la acumulación de nieve en la sierra hace que no sea recomendable aún ir hacia cotas más altas, por lo que una buena opción es ir a conocer nuevas zonas sin correr el riesgo de toparnos con hielo o demasiado barro, aunque esto último es algo casi imposible porque barro hay casi por cualquier sitio ya que el agua brota por lugares por donde hacía muchísimo tiempo que no brotaba.
Tras desestimar la idea de Fernando de hace un par de semanas de dar la vuelta al embalse del Atazar, sobre todo debido a que la duración de la ruta se nos podría ir de tiempo, decidimos hace una inédita que, aun pasando por el embalse, nos permitiera poder llegar a un tiempo prudencial a los coches (cosa que tampoco conseguimos). El punto de inicio de la ruta fue el pueblo serrano de El Berrueco, en las proximidades de una de las colas del embalse de El Atazar.
Como es nuestra costumbre, la hora de quedada fue a las 8:45. Es maravilloso ver lo avanzado del día a esa hora en ésta época del año. El sol ya bastante alto en el cielo y la escasez de nubes en él, presagiaban una mañana magnífica para montar en bici. El caso es que la desconfianza en la meteorología y quizá la inercia del invierno, hizo que muchos de nosotros acudiéramos demasiado abrigados, y es que no podíamos creer que en menos de dos días pasáramos de temperaturas tan bajas a un tiempo tan primaveral, casi veraniego…pero así es nuestro Madrid.
También como de costumbre, nos citamos a la hora acordada casi 20 amiguetes, concretamente 18 y que bien podíamos haber sido alguno más si la mecánica no le hubiera jugado una mala pasada a alguno que otro. Así, a la hora de la salida estábamos 
preparados los siguientes compañeros: Roberto, Jesús (Agila), Rodrigo (Glabre), Ángel (Arrojo), Amador (Cronos), Javi (Jablan), Javi (Javier Carvajal), Nacho (Gorcam), Pablo, Javi (Marek), Jesús (Terminal), José Antonio (Ballesteros), Antonio, Alberto (Peke), Pachi, Rubén (Karpov) y un servidor…si, si, ya sé que en la lista sólo hay 17 y que falta uno. Y es que Fernando (Ciclo), quedó en esperarnos en la cancela de acceso de la pista de El Villar cuando se une con la carretera de la presa del mismo nombre. Es decir, la primera decena de kilómetros la haríamos 17 y luego se nos uniría Ciclo que cuando nosotros termináramos aún tendría un buen camino por delante para llegar a su punto de origen.
El día, además, fue un día de esos de cambios de monturas ya que yo debía probar la bici que Rodri llevaba para ver si me la quedaba y que Agila iba a utilizar mi RiZi ya que estaba sin montura porque su Zesty estaba en depósito para su venta mientras le daban su nueva y flamante Scott Spark de 29.
Así pues, prácticamente a las 9:00 en punto de la mañana, partimos del punto de origen camino del primer objetivo: bordear una de las colas del embalse del Atazar por el camino del canal de El Villar. Por tanto, abandonamos el pueblo de El Berrueco por su lado oriental, y en menos de 1 km estábamos entrando ya en el canal de El Villar y disfrutando de una magnífica vista del embalse del Atazar casi completamente lleno.
El embalse del Atazar es uno de los seis embalses del río Lozoya y el mayor de la comunidad del Madrid. Él, por sí sólo, supone más de 46% del agua embalsada en nuestra comunidad. Como curiosidad, el embalse, por motivos de seguridad de la presa, no alcanza nunca el 100% de su capacidad, ya que años atrás, y debido al tipo de terreno (básicamente pizarra), sobre el que se asientan los laterales de la presa, ésta se fisuró debiendo proceder a su reparación añadiendo vigas, columnas y miles de toneladas de hormigón. Ésta es la razón por la que aun desembalsando agua del resto de los embalses anteriores a él en el curso del río, El Atazar jamás se llenará. Si queréis más información sobre el embalse y la presa del Atazar….pues Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Embalse_de_El_Atazar.
La pista del canal de El Villar es una pista del canal de Isabel II al uso. Continuos sube-baja, algunos tramos de pista un poco rotos, y pequeños senderos laterales que del circular de senderistas y bikers se han convertido en alternativa de paso y que discurren por encima de los acueductos que transportan el agua desde la cercana presa de El Villar. Las copiosas lluvias de las semanas pasadas han provocado que el nivel de los riachuelos y arroyos que desembocan en el embalse estén repletos de agua, como pudimos comprobar en uno de los pequeños saltos de agua cercanos a El Berrueco y muy cerca de nuestro punto de partida y que lo forma el arroyo que aparece en los mapas como “arroyo Jóbalo”. Tras una parada “turística” para ver de cerca el salto de agua, reiniciamos la marcha siguiendo la orilla del embalse.
La pista del canal de El Villar es básicamente llana a excepción de, como decía, unos pocos sube-baja. En uno de estos sube-baja, ya muy cerca de la carretera que da acceso a la presa, al ir a cambiar de piñones, Javi (Javi Carvajal), rompió la cadena de su bici lo que obligó a reagruparnos y avisar a los compañeros que iban por delante. La reparación fue sencilla y rápida, por lo que en menos de un santiamén estuvimos de nuevo en camino.
Justo en la cancela que da salida (o entrada según se mire) al canal de El Villar desde la carretera de Navas de Buitrago, nos estaba esperando el decimoctavo componente del grupo: Fernando (Ciclo). Justo en este punto decidimos realizar una pequeña visita turística a la cercana presa de El Villar. Algunos bajaron a la presa utilizando una pequeña trialera, mientras que otros decidimos que lo mejor era acercarnos por carretera.
La vista del embalse de El Villar es espectacular. El agua totalmente en calma en un embalse, que éste sí, se encuentra a día de hoy al 100% de su capacidad y desembalsando agua sobre el cercano Atazar. El desembalse de agua es brutal, miles y miles de litros por minuto se precipitan desde una altura de unos 50 metros hasta el fondo de la garganta por la que discurre el río Lozoya. El entorno, además, es precioso, el cercano pinar de Casasola añade un punto idílico al paisaje ya que las aguas tan en calma, el reflejo de los árboles en el agua y el cielo tan azul con una luz primaveral tan maravillosa, hacen que las vistas sean dignas de contemplar y disfrutar.
Tras una foto de grupo (algo reducida puesto que algunos compañeros no bajaron hasta la presa), nos dispusimos a rehacer nuestros pasos y volver de nuevo a subir carretera arriba (otros tiraron por la trialera, de subida), para enlazar de nuevo con el track.
 A partir de este punto el perfil de la ruta parecía endurecerse. Abandonábamos las cercanías de los embalses y nos dirigíamos hacia el pueblo de Cinco Villas sin llegar a entrar en la localidad de Navas de Buitrago. La subida hasta el pueblo la hicimos por un camino totalmente embarrado, y es que se trata de una zona de desagüe de arroyos que 
anegan una pradera en continua caída hacia el cauce represado del Lozoya. El barro acumulado en el camino y la pendiente, hicieron que más de uno tuviera que bajarse de la bici para atravesar lo que en algunos puntos era un auténtico cenagal. El paisaje, aun así, era especialmente bonito, muy verde debido a lo mojado del terreno y con construcciones tan peculiares como el “puente del cura” que libra el cauce del Arroyo de los Álamos, arroyo principal de esta zona y que recoge el agua de todos los arroyos de la zona para conducirla irremediablemente al embalse de El Villar.
Una vez debidamente reagrupados en la calle de entrada al pueblo de Cinco Villas, continuamos nuestro camino siguiendo el track marcado y que nos llevaba callejeando por el pueblo hasta su salida occidental por una pista de tierra que circula justo por la falda del cerro de las Cinco Villas.
Una vez superado el desnivel (en algún punto bastante acusado) de la pista paralela al pinar del cerro, llegamos a un punto donde las vistas del cercano valle del Lozoya se abren ante nosotros. Entre la lejanía podemos distinguir el embalse de Riosequillo, también repleto al 100%, y los pueblos de San Mamés (incluso se distinguía la chorrera), Pinilla de Buitrago, Villavieja del Lozoya y Buitrago del Lozoya. Podemos incluso señalar la posición del puerto de Navafría y el recorrido de la Horizontal, totalmente nevada ahora, hasta el paso de Somosierra. En definitiva, una vista excepcional.
Desde este punto, mientras algunos tiraron monte arriba en dirección hacia el Cerro de Peña Caldera (punto más alto de la ruta), otros esperábamos la correspondiente reagrupación para, ya juntos, llegar a la cima del cerro y tomarnos un respiro avituallándonos en condiciones y haciendo la foto de grupo que algunos, incautos ellos, suponían que no se vería debido a la posición del grupo con respecto del sol, pero que como se puede comprobar, Jesús, nuestro reportero gráfico doctorado en Japón por la universidad de Canon, se ocupó de desmentirlo en la práctica, ya que la foto se ve perfectamente.
Desde este punto, y una vez reiniciamos la marcha, nos restaban aún más de 20 kilómetros para finalizar. Así pues, nos subimos a las bicis y nos tiramos cerro abajo para ir a buscar el lateral de la autovía A1 con dirección a la localidad de Lozoyuela. Eso sí, hasta llegar al pueblo, una serie de rampas empezaban ya a destrozar las fuerzas de algunos de los compañeros, por lo que a partir de éste momento las esperas se hacían algo más largas y el ritmo más lento. Y es que aquí, siempre se va al ritmo del menos rápido.
La llegada a Lozoyuela la hicimos por carretera, y la entrada a la localidad nos regaló una fuente de agua fresca donde la mayoría de nosotros aprovechó para recargar las provisiones de agua. Al igual que en el resto de la ruta, el track nos llevó por un recorrido “turístico” del pueblo, recorriendo más calles de las necesarias. Al final, acabamos abandonando el pueblo por su lado este y atravesando por debajo la A1 para ir a buscar las estribaciones del lado norte del Pico de la Miel.
La salida de Lozoyuela la hicimos por una vereda con el terreno en buen estado pero bastante cargado de enormes charcos algunos de los cuales ocupaban la práctica totalidad del ancho de la vereda. Y fue aquí, en el vadeo del Arroyo de la Dehesa, a la salida de Lozoyuela donde se produjo la anécdota graciosa del día. El arroyo bajaba tan cargado de agua que el paso al otro lado era algo complicado ya que las piedras que servían de “puente” estaban bastante sumergidas en el agua. Muchos de los compañeros decidieron que lo mejor era atravesar, bicicleta al hombro, por encima de esas piedras, mientras que otros pensamos que mojarnos los pies no nos vendría nada mal ya que hacía ya bastante calor. El paso del arroyo tenía su pequeña complicación, y no sólo por la cantidad de agua, sino porque tanto a la entrada como a la salida del arroyo hay un pequeño salto que hay que librar.

Y ahí va el tío Ángel cogiendo carrerilla desde unos 25 metros a un lado del arroyo para, a toda velocidad, tratar de atravesarlo dando un pequeño salto de entrada. La velocidad hizo que su rueda delantera no se quedara clavada en el fondo del agua, mientras que el salto produjo un efecto catapulta que le lanzó a él y a su bici contra la orilla del arroyo acabando por los suelos sin más consecuencia pero provocando la risa en todos nosotros…¡¡qué crack el tío Ángel!!. La verdad es que las rutas sin estas cositas y sin los chascarrillos de Rubén, el Jose Mota de Velilla no son lo mismo, y el domingo tuvimos de las dos cosas a partes iguales y en buena cantidad.
El paso del Arroyo de la Dehesa nos conduce por una vereda de nuevo encharcada hasta la vía de servicio de la A1. La ruta nos lleva por la vía de servicio durante unos escasos 700 metros para abandonarla después y reiniciar el camino por una nueva vereda que empieza a picar hacia arriba sin remedio.
La zona por la que discurre la ruta en este punto es espectacular. El terreno gana altura en muy pocos metros, incluso un pequeño despiste con el GPS hizo que tuviéramos que subir una trialera que me encantó, entre encinas y rocas y que va por la falda norte del macizo 
de La Cabrera. La pista de subida llega un momento que desaparece y vuelve a aparecer atravesando un nuevo arroyo que ni siquiera aparece en los mapas…lo que decía, baja agua incluso por donde debe hacer años que no baja. En este vadeo más de barro que de agua, Javi (Marek) se cayó, clavándose el extremo del manillar en la pierna, pero afortunadamente sin consecuencias.
Tras la oportuna reagrupación, tomamos el tramo final de la ruta siguiendo la pista y que en un momento dado atraviesa de nuevo la A1 pero mediante un puente en vez de un túnel.
Al atravesar el puente deberíamos de haber cogido un atajo que Javi diseñó para la ocasión y para evitar ir por carretera tantos metros, pero la aparición de una valla y el discurrir de un nuevo arroyo (Arroyo del Quiñón), hizo que desistiéramos de la idea y siguiéramos el track original, remontando por carretera la última subida del día y que junto con unas maravillosas vistas laterales del Pico de la Miel, y paralelo a la A1, nos conduce al alto de El Merendero.
Una nueva y última reagrupación en éste punto nos lleva a tomar el camino que conduce a la urbanización “Pradera del Amor”. Fiándonos del track  llegamos a un punto en el que no hay salida posible, por lo que, de nuevo fiándonos del track, acabamos haciendo campo a través por un jaral lleno de rocas que no estaba en los planes. Desafortunadamente luego pudimos comprobar que lo suyo hubiera sido coger una calle paralela en la urbanización y hubiéramos salido directamente a la carretera que enlaza la A1 con El Berrueco y que estábamos próximos a coger tras nuestro pateo por el campo…las risas que nos produjo atravesar “la pradera del amor” no tienen posible descripción.
Una vez en la carretera con destino a El Berrueco, y dado que el tiempo se estaba literalmente echando encima, desistimos de hacer el último tramo de la ruta y que abandona la carretera para entrar en el pueblo por el lado sur. Nosotros tiramos por la carretera directamente para cortar en un poco el tiempo de llegada.
Eran las 13:50 cuando llegábamos a los coches. La expresión de nuestras caras lo decía todo. A algunos la ruta se le hizo más dura de lo esperado, pero en general, a todos nos pareció más que una ruta, un rutón. Preciosas vistas, terreno muy variado y paisajes alucinantes…si a esto le añadimos a los compis, ¿qué más se puede pedir en una mañana primaveral como la que nos hizo?.
Lástima que no pudimos poner el broche final a la ruta con una buena opcional ya que la distancia a casa y lo tarde que era hizo que todos (alguno se quedó por allí a comer) saliéramos escopetados con nuestros coches. Bueno, todos no, a Fernando (Ciclo), aún le quedaba una buena distancia hasta su punto de origen.
Y más no se puede decir…

                                                        Fotos de Jesus
                                                        Fotos de JuanCar

domingo, 7 de abril de 2013

Hasta el alto del Leon

  Crónica de JuanCar
Hace menos de un año, en nuestra última visita a los parajes de La Jarosa, pudimos comprobar la dureza de las rutas por estos lares. Tan duras pueden llegar a hacerse, que en condiciones normales 25 kilómetros serían un paseíto por la sierra mientras que aquí pueden llegar a ser un auténtico calvario. Más dura se hace aún si además empezamos a despertar del letargo rutero del invierno en el que las lluvias y las nieves tan copiosas han impedido que nos acercáramos a la sierra a hacer alguna ruta de algo más de 600 metros de desnivel acumulado y por encima de los 1000 – 1200 metros..


Lo cierto y verdad es que nos costó decidir la ruta a hacer. Las opciones eran variadas casi al final de la semana y sólo en las últimas horas del jueves pudimos concretar el destino y el día de la semana. Pensábamos por esto que la afluencia de amigos iba a ser más bien escasa, pero al contrario, y ya sí que no nos sorprende, a final del viernes ya se veía que iba a ser una ruta bastante concurrida.
Así pues, el domingo 7 de abril, mes de plena primavera que aún no ha aparecido aunque se la espera con muchas ganas, nos juntamos en Guadarrama 19 amiguetes para darle a esto de los pedales. La lista de asistentes, larga, larga, es: Javi (Marek), Ángel (Arrojo), Roberto (Murga), Jesús (Terminal), Nacho (Gorcam), Fernando (FZarcero), Jose M Molina, Jesús (Agila), Javi (Jablan), Rodrigo (Glabre), Alberto (Peke), Paco, Amador (Cronos), Efrén (Diabolik),  David (GGDavid), David (Davygon), Rafa (RaFaRu), Félix (Goldenboy) y un servidor, JuanCar (Juancardido). Como se ve, vinieron casi la totalidad de nuestros amigos los bicivoladores con los que siempre es un auténtico placer compartir rutas y kilómetros.

A las 9:10 de la mañana, y con bastante frío, sobre todo para ser ya 7 de abril, iniciamos la marcha. Yo, personalmente, odio las rutas que empiezan como lo hace ésta: subiendo desde el primer metro de la ruta, pero en este caso es casi de agradecer, ya que las opciones pasaban por haber alargado la ruta desde Alpedrete, y meterle 40 km a una ruta así es casi una tortura. Así pues, no demasiado contentos, pero sí resignados, comenzamos a dar pedales por las calles de Guadarrama en dirección a la entrada de la presa de La Jarosa a la cual no llegaremos hasta que tomemos el camino de vuelta.
No habíamos recorrido ni 2 kilómetros cuando ya se separaba en cabeza el grupo bicivolador, y no habíamos hecho ni tres kilómetros cuando en una pequeña subida por carretera para enlazar con la pista que asciende hasta el alto del León Nacho, al ir a cambiar rompe la patilla del cambio lo cual produce dos consecuencias inmediatas: la primera y más triste es que Nacho ha de abandonarnos y terminar en este punto su día de ruta, y menos mal que le sucedió justo al lado de los coches. La segunda consecuencia es la paranoia que nos ha causado a todos; no en vano llevamos desde este día buscando recambio para la patilla de nuestras bicis no sea que nos suceda lo mismo que a Nacho pero en algún lugar más remoto e inaccesible.

Una vez despedimos a Nacho, tomamos un desvío a la izquierda para enlazar con un tramo de pista bastante mojado por las lluvias, con unos regueros bastante potentes y con una pendiente en ascenso que poco a poco se iba endureciendo, de forma que pasamos de ver la autopista AP-6 allá arriba, a lo lejos, a atravesarla por abajo por un túnel del que una vez que sales te encuentras un rampón que impresiona bastante pero que al fin y cabo se sube moderadamente bien debido a que el agarre de la bici es muy bueno en el hormigón del que está cubierta.

Desde ese punto la subida desemboca en el cruce con la pista que baja desde el pinar de La Jarosa por el sendero conocido como “las trincheras” y que tuvimos oportunidad de disfrutar el verano pasado y disfrutaremos más adelante, en la bajada.
La historia de la subida es bastante común a otras rutas. Por delante, los bicivoladores con algún que otro componente habitual de las primeras posiciones y a continuación unos cuantos componentes del grupo bastante desperdigados subiendo a su propio ritmo. Para cerrar el grupo, en las primeras rampas, Javi (Marek), Javi (Jablan) y yo mismo nos quedamos con Rodrigo (Glabre), al que la falta de actividad bicicletera le estaba pasando factura.
Las rampas de la subida hacia la pista de Peguerinos son en ocasiones tan duras que alcanzan un desnivel sostenido de más del 14%. Tal desnivel hace que en muy pocos kilómetros alcancemos una altura considerable. No llevábamos ni 6 kilómetros cuando el monte se abre ante nosotros y nos deja ver unas panorámicas espectaculares de la sierra. La bola del mundo y la Maliciosa totalmente nevadas y el valle a sus pies de un color verde intenso. Las nubes no dejaban que el sol saliera con claridad, pero aun así la intensidad de los colores se hacía más que evidente.
De la misma forma que la belleza de los paisajes aumentaba, también crecía la intensidad del frío. Los charcos helados daban fe de que la temperatura era bastante baja, probablemente bajo cero. Aproximadamente 9 kilómetros después de iniciada la subida, la pista por la que ascendimos desde Guadarrama, desemboca en la pista de Peguerinos. Justo allí aprovechamos para avituallarnos y reagruparnos de cara a recorrer el escaso kilómetro y medio que nos separa del alto del León.
El falso llano con algún que otro pequeño sube-baja lo recorreremos dos veces: de ida hacia el monumento y de vuelta hacia el inicio de nuestro descenso a Guadarrama. Una vez en el Alto del León, a 1512 metros de altitud sobre el nivel medio del mar mediterráneo en Alicante, algunos nos acercamos a fotografiar al felino desgastado y otros aprovechaban para comer y para preparar la foto de grupo que posteriormente hicimos.

Para todos aquellos que queráis ampliar información acerca del Puerto de Guadarrama o Alto del León, os pongo el enlace a la Wikipedia:
Una vez hecha la foto de grupo, volvemos tras nuestros pasos por la pista de Peguerinos (también llamado Camino del Vía Crucis), y justo en el punto en el que desemboca la pista por la que subimos desde Guadarrama, Peke y Paco se despiden de nosotros ya que han de estar en los coches más pronto que los demás. Así pues, el grupo inicial de 19 que se redujo a 18 con la rotura de Nacho, se quedó en este momento en 17 componentes.
Tras recorrer una corta distancia por la pista de Peguerinos, (unos 2 km desde el Alto del León), tomamos un desvío a la izquierda para recorrer, ya en claro descenso una senda que desemboca inevitablemente en uno de los múltiples arroyos llamado Arroyo de la Chorrera, que en esta época del año y después de tanta lluvia baja con bastante agua. Un pequeño vadeo que nos conduce, tras un giro de 90º a la izquierda a lo que yo he dado en llamar el “sendero de las jaras asesinas”. Y lo he llamado así porque el sendero es casi inapreciable entre las jara que inevitablemente te van golpeando en piernas y brazos como si pasar por allí fuera algo parecido  a un camino de latigazos. Y eso que aún vamos con culote largo y chaqueta, que en verano la sensación de tortura es aún mayor.
Tras salir de la senda de las jaras asesinas y serpentear por el bosque, el sendero nos conduce a lo que Efren me dijo que era la “trialera del DH”. Una trialera corta pero muy intensa, con unos cuantos pasos bastante técnicos pero no especialmente complicados. Lo más complicado es dejar de pensar cuando bajas y concentrarte en buscar las trazadas para meter la rueda delantera en ellas. El problema viene cuando tu cabeza dice no y acabas bajándote de la bici y pateando por encima de las piedras, lo cual puede originar que acabas igualmente en el suelo (¿verdad Rodri?).
Una vez estuvimos todos (o eso creíamos) en el fin de la trialera del DH, echamos de menos a Rober (Murga). Ninguno de nosotros sabíamos que había pasado con él ni donde estaba…¡¡manda narices que ninguno caímos en la cuenta de que no nos seguía!!.

Llamadita de rigor, agradeciendo a mi compañía telefónica la cobertura escasa pero suficiente para que Rober me comentara que había parado a desaguar justo antes del vadeo del arroyo y que sin darnos cuenta le habíamos dejado solo. Que no sabiendo para dónde tirar, había vuelto a la pista principal lo que inevitablemente le había llevado hasta la mismísima presa de La Jarosa. Le dijimos que nos esperara allí y que llegaríamos en un tiempo.
Una vez resuelto el “caso Murga”, nos dispusimos a continuar con nuestro paseo trialeroso por el bosque de La Jarosa que tuvo su momento culminante en el paso del Arroyo de los Álamos Blancos. Como siempre en estos pasos, los vídeos, las fotos, los comentarios y las risas abundan, es lo que tiene la diversión!!!.
Tras vadear el arroyo tomamos una senda por pista que inmediatamente abandonamos para desviarnos a la derecha por el camino de “las trincheras”, un camino muy bonito y fácil que nos muestra unas vistas preciosas del embalse de La Jarosa, totalmente repleto de agua.
El final del camino, con los bicivoladores siempre en cabeza (y Agila y algún otro con ellos), desemboca en la carretera asfaltada del embalse, en cuyo aparcamiento nos esperaba, con bastante frío y muy resignado (lo siento por la parte que me toca), Roberto (Murga).

Ya juntos todos de nuevo, terminamos de bajar desde el embalse hasta Guadarrama por la carretera principal del embalse, cuya pendiente hace que mi cuentakilómetros alcance la cifra de 59 km/h. La cuesta abajo nos lleva directamente al inicio de la ruta, al lado de los coches, y tras las bromas finales y las despedidas de rigor, unos (los más), nos volvemos a casita, y otros (los menos), se quedan a disfrutar de una buena opcional que corrió a cargo de Jablan (es lo que tiene cumplir años).
Así pues, ruta dura pero muy bonita en las que unos más y otros menos, pero todos disfrutamos lo nuestro. Unos paisajes espectaculares y una gran cantidad de agua por toda la sierra. Monte verde y cumbres nevadas y un mogollón de amiguetes que una vez más quemamos nuestro estrés y nuestros malos rollos aplastando los pies contra el pedal.
                                                                         Fotos de Jesus

                                                                         Fotos de JuanCar
                                                                         Fotos de RaFaRu