domingo, 18 de noviembre de 2012

Caminos de la Sierra desde Navacerrada


Crónica de JuanCar                                               

La ruta de este domingo es un claro ejemplo de que hay tantas rutas como participantes se apuntan a hacerla. Supongo que cada uno de los 28 compañeros (y compañera) que nos dimos cita ayer en Navacerrada podría escribir una crónica diferente por lo que lo que aquí vais a leer no es más que el punto de vista de un humilde servidor y que, en gran medida, coincidirá con la de muchos de vosotros, pero a buen seguro no tendrá nada que ver con la de otros cuantos.
En un principio elegimos esta ruta para celebrar la recuperación de Nacho, aunque a decir verdad, yo le vi en tan buena forma como siempre (aunque él diga lo contrario). Vamos, que estoy seguro que aunque el galeno le recomendara no coger las dos ruedas bajo ningún concepto, él fijo que las ha sustituido por paseos, bici estática y cualquier otra actividad, porque si algo no vi en él era que estuviera desfondado; aún así, mucho ánimo campeón y ya sabes que en el club de los “crónicos” siempre seré uno de los que te acompañe.
También era de celebrar la vuelta a la actividad de algunos compis retirados temporalmente de las rutas: Amador, que sé que las pasó bastante jodidas en algunos momentos, Jablan, que todos sabemos los bemoles que le echó ayer junto con Iván para acabar sí o sí la ruta completa. Mariaje, que también venía de recuperarse, y de alguno que otro más que si estaba mal, nunca lo pareció.
En fin, el caso es que a las 9:15 de la mañana salía de la Plaza del Gargantón de Navacerrada una casi manifestación ciclista rumbo a pasarlo lo mejor posible. Como he dicho ya, éramos 28, de los cuales, muy a mi pesar, hay unos 6 o 7 que me es imposible decir su nombre básicamente porque no les conozco. Perdonadme aquellos que por esta razón, no os saludé.
La mañana empezaba pintando muy bien, y aunque era fresquita, el sol ganaba el terreno a las nubes y en las primeras horas incluso llegó a calentar lo suficiente como para que alguno se despojara de prendas de abrigo, que más adelante, sin embargo, tuvo que enfundarse de nuevo.
Como digo, salimos de Navacerrada en dirección hacia la primera diversión de la mañana: los senderitos de los Almorchones que tanto nos gustan a todos. El terreno, mojado por las lluvias de los días pasados, e incluso de la noche anterior, agarraba que daba gusto, e incluso, a mi parecer, estaba quizá demasiado pastoso, con un cierto exceso de agua, que hacía difícil rodar en algunos sitios, aunque sin embarrase ni hacer que las ruedas en emboten en absoluto. Así pues, el paso de los senderitos nos dejó a todos con una buena sonrisita en la cara para empezar la mañana.
Y es que la ruta de los Caminos de la Sierra, variada como la ha variado el Maestro Marek para la ocasión, se perfilaba de forma diferente a lo habitual: empezar bajando y terminar subiendo, cosa que yo, tan raro para mis cosas, agradezco infinito, ya que el de ayer es mi perfil ideal de ruta y no el que es ideal para casi el 99% de los bikers; así es uno.
Tras el primer reagrupamiento nos disponemos a afrontar el paso de la cancela que se abre ante los senderos de bajada hacia la Urbanización Vista Real (entre Navacerrada y Mataelpino – qué bueno es el Google Earth para estos nombres). La cancela, como todos sabemos, tiene un escalón que a los “acojonaos” como yo nos invita a bajarlo a pié tan sólo con asomarnos a él, pero que a los auténticos killers les invita a bajarlo del tirón e incluso tratar de repetir para mejorar la bajada. Y es que en este aspecto, los SMS se llevan la palma aunque ayer su primera “S” no fuera de “Saturday” sino de “Sunday”. Decenas de fotos de varios reporteros gráficos y de nuevo a subir a la bici, que a este paso se nos echaba (como se nos echó) la mañana encima.
Los senderos de bajada hacia la urbanización son de terreno muy similar al de los Almorchones. Divertidos, poco sinuosos, de paisaje muy bonito debido a que discurren por la falda de la montaña, al lado de un arroyo, y con la pendiente justa para ir a una velocidad no muy alta y disfrutar realmente de ellos.
Nada más llegar a la valla exterior de la urbanización, empieza una de las partes más divertidas de la ruta de ayer, y en la que invertimos muchísimo tiempo. Y es que las cosas que merece la pena verlas y vivirlas requieren que se les otorgue el tiempo necesario para disfrutar de ellas: la primera, la bajada de la valla de la urbanización, que prácticamente todos bajamos montados y que gracias a las fotos de Dalopo y de Álvaro, nos van a dejar unas instantáneas de póster de detrás de la puerta de la habitación (Frailman dixit), para recordar y enseñar a los nietos.
La segunda, tercera y sucesivas, fueron pasos, escalones, bajadas y pequeñas trialeras con terreno mojado, agua y vegetación, que la mayoría bajamos a pié. Incluso hubo un paso bastante complicado gracias a las condiciones del terreno que absolutamente todos bajamos a pié.
La verdad, es un espectáculo ver a bikers como (perdonadme si me olvido de alguno), Álvaro, Frailman, Agila, Dalopo, Zarzo, Nelson, Víctor, Iván, Jablan, y últimamente nuestro gran Jesús (Terminal), tirarse por los escalones y pasos complicados de esa zona. La escena me recordaba un poco a las imágenes del mundial de rallies, en las que se ve al público y reporteros gráficos apelotonándose en una curva, salto o lugar de paso espectacular para no perder ripio de lo que allí estaba pasando. Así estábamos ayer. Unos más cerca, otros más lejos, otros siendo los protagonistas de las fotos, otros siendo los reporteros, pero todos, absolutamente todos pasándolo genial. Y es que compañeros, ayer, en un momento dado os observé como asistíais a estos momentos, os observé mirando, como cuando estás en el cine y te olvidas por un instante de la película y observas a tu alrededor para ver cómo está reaccionando el resto de espectadores...y ¿sabéis lo que vi?...felicidad; estabais todos alucinando, con una sonrisa de oreja a oreja. Chicos (y chica), eso no tiene precio.
Si además de esos momentos de tensión casi acrobática de los pasos le añadimos los momentos de charla amistosa con los colegas y las risas que provocan los chascarrillos de Rubén y los chistes de Ángel, ahí tenemos un cóctel casi perfecto.
Tras estos dos o tres pasos enfilamos nuestro camino a la localidad de Mataelpino por una serie de senderos en un extraño sube-baja que a alguno nos hizo un poco de pupa, y no porque fueran especialmente cansados, sino porque el terreno estaba para mi gusto demasiado pastoso y las ruedas no corrían lo que deberían, por lo que el impulso en las pequeñas rampitas no era suficientemente eficaz. Tras atravesar Mataelpino, y siempre con el terreno tendente al desnivel negativo (vaya forma elegante de decir que era cuesta abajo, jajaja), cogimos la vereda que, de seguirla, nos hubiera llevado a la Ermita, pero que abandonamos en un cruce de caminos para enfilar una subida algo pestosa hacia una nueva urbanización que según el gran Google Earth se llama “La Ponderosa”...viva Bonanza (esto es para lo que tenemos una cierta edad...los demás no cazarán el chascarrillo).
Desde esta urbanización hasta Becerril de la Sierra, el terreno va picando hacia  arriba. No es que sean rampas ni mucho menos, pero el pequeño desnivel, unido a lo pastoso del terreno y a que el sol ya había dejado paso a unas cuantas nubes bastante amenazadoras, todo eso, hizo que alguno ya empezara a acusar los días de retiro forzoso y que las fuerzas comenzaran a flaquear. También empezaban ya a marcarse diferencias entre pequeños grupos y ya las reagrupaciones eran cada vez más largas debido a esa diferencia.
Aún así, la mañana iba transcurriendo estupendamente entre buena conversación y más de un chiste y chascarrillos manchegos que tanto amenizan la mañana, jajaja ¿verdad Karpov?.
Entre Becerril de la Sierra y Moralzarzal no hubo mucho más que rodar cada uno a su ritmo y tratando de compartir ratitos de charla amena. Eso sí, una vez llegados a Moralzarzal, y antes de la parada de avituallamiento, los más aguerridos killers se marcaron una bajadita de escaleras que muchos de nosotros tuvimos la oportunidad de contemplar desde la altura. Y es que estos muchachos del ayer “Sunday Morning Show”, no desperdician ni una sola oportunidad de estrujar sus horquillas y sus amortiguadores y de poner al límite los cuadros de sus bicis.
En Moralzarzal, como he dicho, paramos para reponer fuerzas y hacer la foto de grupo...muy numeroso como pude verse en la foto, y reponer fuerzas para afrontar los justos 19 kilómetros que nos quedaban para completar la ruta de ayer, y que era los más duros del día, ya que sabíamos que a partir de Alpedrete, todo lo que nos quedaba era subir, subir y subir.
Así pues, viendo que el tiempo se nos echaba encima, reanudamos la marcha con un ritmo ya más vivo que hizo que el grupo se rompiera en varios subgrupos. Por una parte hubo una serie de compañeros que enfilaron a Navacerrada porque el tiempo se les echaba encima. Sin embargo, aunque la premura del tiempo era ya bastante grande, no pudimos por menos que pararnos a disfrutar, mientras Nelson reparaba su pinchazo (o reventón), de una magnífica trialera situada casi a la entrada de Alpedrete, y en la que de nuevo los killers nos obsequiaron con unas estampas dignas de enmarcar. Y es que no es extraño que las rutas de nuestros amigos los SMS duren hasta 7 y 8 horas, viendo cómo invierten el tiempo en tirarse una y otra vez por los pedrolos tratando de buscar la bajada perfecta, el trazado perfecto o incluso el paso del escalón imposible...y eso que ayer no vimos ni las protecciones ni los integrales por ningún sitio...
Viendo que el paso de la trialera se prolongaba en el tiempo, algunos de nosotros decidimos ir tirando hacia Alpedrete mientras que llegaban Nelson y los demás compañeros.
El paso por Alpedrete no tuvo ninguna historia digna de destacar, tan sólo que a la salida del pueblo, habiendo reagrupado convenientemente, nos percatamos del estado de Jablan y de Ivan, que insisto le echaron el par de webs más grande que he visto en los últimos meses, y primero un par de compañeros, y después Álvaro y Víctor, se encargaron de acompañar hasta el final de la ruta.
En este punto el grupo de 28 estaba ya totalmente deshecho. Unos ya habían atravesado Collado Mediano e incluso habían enfilado a Navacerrada, otros estaban esperando reagrupaciones, y otros nos decidimos a afrontar la subida del depósito de Collado Mediano. La verdad es que la subidita se las trae, pero pocas son las rampas de ese estilo, en las que el plato pequeño y el piñón grande no hagan el trabajo suficiente como para llevarnos hasta arriba. En el alto del depósito, nueva mini-reagrupación, y de nuevo rumbo a completar los últimos 5 kilómetros pestosos donde los haya.
Y pestosos por varias razones. La primera por la cantidad de kilómetros acumulados, que si bien no son muchos, bien pesan ya cuando el resto es tan sólo subir y bajar, vamos, un pequeño martirio rompepiernas que hacía que algunos ya lo acusáramos en el límite de nuestras fuerzas.
 La segunda razón fue la lluvia. Nos escapamos de ella toda la mañana, pero justo al final empezó a caer con ganas de verdad, un buen aguacero que nos empapó pero bien y que nos forzó a calzarnos el chubasquero que ya pensábamos que no íbamos a utilizar.
La tercera razón fue el terreno: la lluvia de jornadas anteriores y la que estaba cayendo en ese momento, provocaron la aparición de unos charcos que más que charcos eran casi lagunas, y que al atravesarlas rezabas porque no hubiera una piedra atravesada que hiciera que dieras con todo el esqueleto en el agua, porque sin exagerar, había alguno de ellos en los que vi como mi eje de pedalier se quedaba totalmente cubierto de agua.
Así las cosas, el grupo ya no era tal. El grupo que creo más numeroso era en el que iba yo, y en el que éramos como mucho seis o siete: Pachi, Pablo, Manuel, Ángel, Dalopo, Jesús y no sé si alguno más.
De todas formas, habiendo llovido al final, habiendo llegado compañeros bastante destrozados al final de ruta, habiendo tenido que salir muchos de nosotros sin casi despedirnos de nadie, y no habiendo tenido tiempo de haber hecho todos una opcional en condiciones con los deliciosos torreznos del Porrón, qué queréis que os diga, que me lo pasé mucho más que bien y que disfruté como un niño, y que además, por vuestras caras sé que tampoco lo pasasteis mal, ¿verdad?.
 Pues eso, que me den más mañanas de domingo como ésta!!!!.
  Nota: He visto las fotos de las hamburguesas que se marcaron algunos en el Porrón y...ufff, ¡¡ay Omá!!.
                                                                    Fotos de Jesus
                                                                   Fotos de Frailman
                                                                   Fotos de JuanCar
                                                                    Fotos de Alvaro
                                                                   Fotos de Marcos 
                                                              Resumen final de Dalopo

2 comentarios:

jablan dijo...

Como siempre una gran prosa...

Marcos Polledo dijo...

Genial crónica, Juancar. No se te ha escapado ni un sólo detalle. ¡¡Enhorabuena!!

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