sábado, 15 de junio de 2013

LA RUTA LOCA DE KARPOV, DE LOS CUATRO VALLES (o de cómo Peke resurge de sus cenizas cual ave Fénix).




Crónica de JuanCar
Buenas chicos.
Ya que después de volver de la ruta de la legión tengo la cabeza más para allá que para acá, he pensado en una ruta de larga duración, eso sí, bonita donde las haya y que seguro que más de uno habrá hecho aunque no encuentro el track.
Mi propuesta es echar un día de bici casi completo con bocata incluido, preferentemente en el mes de junio. La ruta sería hacer los tres valles y a la vuelta hacia Cercedilla enlazar con el pinar de la Barranca para hacer la clásica, con lo cual se harían las cuatro bajadas más chulas de la sierra: El Gallo, el Ortiz, Alakan y Almorchones (eso sin contar con la parte de la bajada del Calvario o del Whistler…a elegir). Las subidas ya la sabéis (Fuenfría, Camino Viejo del Paular, Pinar de la Barranca).
¿Qué me decís?, ¿alguno se anima a este reto?.
Se aceptan valientes…fecha por determinar…preferentemente un sábado.

Rubén (Karpov), Jueves, 16 de Mayo de 2.013 a las 19:07

Lo curioso: pues que al día siguiente, 24 horas justas después, ya teníamos lista abierta, tres participantes apuntados, determinados los avituallamientos, las fuentes, los reagrupamientos y el track, éste último currado por el Maestro Marek que lo trazó para empezar desde Navacerrada en vez desde Cercedilla.
Y es que las Propuestas Locas cuando son maravillosas, son geniales, épicas, divertidas y duras, muy duras.
Así, una vez cocinado el track, establecida la fecha y viendo como la lista de asistentes se iba completando, la Propuesta Loca by Karpov, pasó a tener apellido: Cuatro Valles de la Sierra de Guadarrama, es decir, la ruta de los Tres Valles más un añadido. ¿Y cuáles son esos Valles? (mi pregunta al Maestro): Por orden de recorrido: Navalmedio, Fuenfría, Valsaín y La Barranca. ¡¡¡Leche!!!, ¿tantos valles hay en la sierra de Guadarrama?...pues sí, y no sólo son cuatro, sino que llegan hasta un total de diez…¡¡¡diez valles!!!, si, si, a saber, aparte de los cuatro ya nombrados, los seis restantes son (según Wikipedia, que conste…): La Jarosa, Río Moros, Cuelgamuros, Lozoya, Garganta del Manzanares (que incluye La Pedriza), y el Hueco u Hoya de San Blas. Os suenan, ¿verdad?...¿Una ruta loca por los diez valles?...creo que va a ser que no…

La Propuesta Loca de Rubén, tendría que recorrer por tanto: Cuatro Valles, Cuatro subidas (Chiquillo, Fuenfría, Camino Viejo del Paular y Pinar de la Barranca), tres puertos de montaña (Fuenfría, Cotos y Navacerrada), dos provincias (Madrid y Segovia), y dos comunidades autónomas (Madrid y Castilla-León). Poco más de 60 km de recorrido para un desnivel acumulado de cerca de 2000 metros (al final, y según cada programita, fueron unos pocos menos). Incluía bajadas tan míticas como el Carril del Gallo, parte del Calvario, la Senda Ortiz, parte de los Alakan y opcionalmente el Whistler (para los más endureros y a cambio del Calvario).
Es decir, un menú digno del libro de rutas del biker más exigente, lleno de platos deliciosos y de suculentas viandas. Y por supuesto todo ello regado con el buen caldo del sentido del humor de quien la propone, la sabiduría de los maestros, el arte de la mayoría de los asistentes y el genuino y auténtico buen rollo, camaradería, solidaridad y ganas de disfrutar y de pasarlo bien de todos y cada uno de los 19 asistentes a un sábado épico de un 15 de junio con temperaturas de 15 de julio.
No sé los demás, pero me consta que no fui el único que la noche anterior no durmió bien. No sé si fue el calor de la noche o la intranquilidad de enfrentarse a un reto como éste, pero el caso es que muchos de nosotros llegamos a la Plaza del Gargantón de Navacerrada habiendo dormido menos de lo que hubiésemos deseado. Y eso que algunos ya veníamos preparándonos desde hacía semanas para el evento. Las últimas rutas, más duras de lo habitual para nosotros nos han puesto en un estado de forma más que aceptable para encarar un día como el del sábado pasado.

13 eran los grados que marcaban los termómetros a las 8:05 de la mañana en la plaza del Gargantón de Navacerrada. El día ya había amanecido apenas una hora y media antes. El cielo estaba totalmente despejado y de un azul precioso. Olía a amanecer serrano. Es ése típico olor inconfundible de los pueblos de la sierra: olor a pueblo…no tiene posible descripción. A esa hora ya habían llegado algunos amigos, y por lo que parecía, nadie se iba a retrasar. Unos pocos llegaron más pegados de tiempo, pero afortunadamente la puntualidad se impuso y a la hora acordada, entre apretones de manos, abrazos y saludos, se respiraba un cierto ambiente de nerviosismo. Todos queríamos acabar, pero muchos dudaban que pudieran hacerlo.
La lista de amigos esta vez es de las largas, 19 compañeros con el mismo objetivo: pasarlo bien sufriendo de lo lindo. Como siempre, he de nombrar uno por uno a quienes estuvimos allí y podemos contarlo en primera persona: Javi (Marek), Jesús (Terminal), Nacho (Gorcam), Alberto (Peke), Miguel (Miguelín), Valentín (Valiente), Jesús (Agila), Pedro (amigo de Rubén), Antonio, Jose Manuel (Frailman), Álvaro (NRain), Víctor (Sheol), Jesús, Raúl, David, Juan Carlos (caballo loco), Javi (Brasi4x4), un servidor, JuanCar, y cómo no, el promotor de la ruta, Rubén (Karpov), alias “El Jose Mota de Velilla”.

Como veis, una larga lista que podía haber sido mucho más amplia si hubieran podido venir compañeros habituales a los que se echó muchísimo de menos. No nombro a ninguno, porque todos sabemos quienes son. Como se puede ver, en la lista hay componentes de varios grupos, Sin Pedrolos, SMS, Lechuzos, etc, etc...y es que contar con compañeros con diferentes formas de entender este deporte es algo que engrandece las rutas. Gracias a todos por acompañarnos, por asistir, por permitirnos disfrutar de vuestra compañía…sois (somos) grandes, muy grandes. La pena es que ningún bicivolador pudo acercarse. Os echamos de menos compañeros.
Eran las 8:30 de la mañana cuando los 19, en un grupo totalmente heterogéneo, salimos desde la Plaza del Gargantón para ir a buscar la primera y tempranera subida del día: la archiconocida subida por la ladera del Chiquillo. En el grupo se respiraba calma, mucha calma. Los más fuertes tiraban, sí, pero no como otras veces. En esta ocasión las diferencias entre los primeros y los últimos eran mínimas. Y es que el día invitaba a reservarse, todos éramos conscientes de que malgastar fuerzas al principio podía resultar caro más adelante.
La parte de la ladera del Chiquillo que hacemos normalmente, se divide en dos subidas claramente diferenciadas. Una primera desde la carretera del Puerto de Navacerrada hasta el desvío de la pista atravesando un campo de matorrales y monte bajo. La segunda, tras un pequeño falso llano es una subida bastante dura, rompepiernas, de no más de 300 metros de longitud pero que hace que las pulsaciones se le disparen a más de uno. El premio son las vistas sobre Navacerrada y su embalse y la altura que se alcanza en apenas 3 kilómetros y 200 metros de desnivel. La bajada, tan trepidante como corta, nos deja en la carretera del Puerto, justo enfrente de la Fonda Real, primer punto de reagrupación.

Una vez estuvimos todos juntos, nos dispusimos a entrar en el primero de los cuatro valles aunque sólo fuera de camino hacia el que nos conducirá hasta uno de nuestros primeros objetivos: el valle de la Fuenfría. Dejando el valle de Navalmedio para más adelante, lo atravesamos de noreste a suroeste por el GR-10 camino de Cercedilla, no sin antes disfrutar de una preciosa bajadita que nos conduce a la entrada del pueblo, a la altura del Polideportivo, segundo punto de reagrupación de la mañana de forma que en hilera de a uno pudiéramos atravesar el casco urbano de Cercedilla sin tener problemas ni con viandantes ni con conductores.
La salida de Cercedilla la hicimos sin problemas subiendo un pequeño tramo de la pista asfaltada que conduce a las Dehesas para, en un momento dado desviarnos a la izquierda y tras subir una pequeña vereda salpicada de piedras y raíces, enlazar con el PR-4, pista de la república o camino Puricelli.

Y a todo esto, ¿sabéis porqué se llama camino Puricelli?. Pues bien, qué sería de estos textos si no hubiera algo de culturilla, ¿no?. Pues bien, el Camino Puricelli se llama así gracias al nombre de la empresa que inició las obras de una carretera que uniría Madrid con Segovia atravesando el Valle de la Fuenfría. La obra se inició durante la II República y fue paralizada en 1936 al comienzo de la Guerra Civil. Tras paralizarse la obra, quedó algún tramo a medio construir. Uno de ellos es el tramo que nosotros atravesamos de camino a Las Dehesas y otro de ellos es el que une la Pradera de Navarrulaque (donde se encuentra el mirador de los poetas y el reloj de sol de Cela) con el Puerto de la Fuenfría, y que se conoce comúnmente como carretera de la República.
Todos somos conscientes en este punto que hay que tomárselo con mucha tranquilidad. Desde el momento en que abandonamos Cercedilla, sabemos que nos esperan cerca de 15 kilómetros hasta coronar el alto de la Fuenfría. Todos, o casi todos (para Antonio y para Pedro era la primera vez), sabemos cómo se las gasta la Fuenfría. La primera parte, recorriendo el Puricelli es tendida, entre pinos, agradable de temperatura, a la sombra, y tal como me dijo Miguelín, para disfrutar, incluso escuchando el canto de los pájaros en el interior del bosque. Un camino digno de disfrutarse y que lleva hasta el Sanatorio de la Fuenfría casi sin darte cuenta, sobre todo si llevas al maestro Marek al lado.

A estas alturas algo estaba pasando con Peke. Su rostro mostraba cansancio, parecía que se encontraba mal. Es curioso la fuerza que te da conocer los sitios y las personas con las que vas. Probablemente a Peke se le pasó muchas veces por la cabeza darse la vuelta, pero las ganas de cumplir el reto hicieron que se mantuviera ahí, sufriendo, no pasándolo precisamente bien.
La llegada al Sanatorio es por pista asfaltada, y para evitar un tramo complicado en la pista de Las Dehesas, atajamos por un senderito, estrecho, disfrutón y nada complicado que nos deja de nuevo en la subida asfaltada a la altura del área recreativa de las Dehesas. Esta es quizá la parte más pestosa del Puerto. Pista asfaltada, en buen estado y sin embargo se hace duro, con la pendiente más alta de todo el puerto. Además, se nota que la primavera y casi el verano, han entrado ya de lleno en el valle de la Fuenfría ya que la subida se llena de peregrinos que empiezan lo que sería la segunda etapa del camino de Santiago desde Madrid. De hecho, en plena subida tuvimos que pararnos a ayudar a uno de estos peregrinos (bicigrinos), cuya bici, recién compradita le estaba pidiendo que un mecánico le apretara el tornillo de una de sus bielas. Aunque tratamos de auxiliarle apretando un poco el tornillo, de poco sirvió, y metros más adelante le aconsejamos que lo mejor era que volviera a Cercedilla y poner remedio a la avería antes de que fuera demasiado tarde.
Este parón nos sirvió además para tomar aire y relajarnos antes de abandonar el asfalto y rodar ya por pista de tierra hacia el mirador de los poetas. En este tramo la pendiente es mucho menor, permitiendo rodar mucho más fresco y suelto. Peke, yo sé que lo agradeciste.

Mientras tanto, como de costumbre, algunos de los más fuertes estaban ya coronando el mirador de los poetas mientras que otros se paraban a sacar fotos, como es el caso de Jesús, fotógrafo oficial, y en el día de hoy Rubén, cuyos parones para inmortalizar los sufrimientos ajenos nos permitían disfrutar de sus chascarrillos una y otra vez. Una de las anécdotas de la mañana la protagonizó un vejete que subía caminando a toda velocidad Puricelli arriba..¡¡vaya marcha llevaba el paisano!!, nos alcanzó, nos adelantó y le perdimos de vista mientras comentábamos con él el destino de sus andurriales.
Sin pararnos apenas en el mirador de los poetas, tomamos la pradera de Navarrulaque en dirección al puerto. Yo, por mi parte, puede disfrutar desde el mirador hasta el puerto de la compañía del Maestro NRain. Hacía tiempo que no hablábamos y entre charleta y charleta, nos presentamos casi sin darnos cuenta en el mirador de la Reina. No nos paramos, pero las vistas del valle de la Fuenfría desde allí es algo que nadie debería perderse. Antes, Álvaro me había contado las andanzas de los SMS (y Rodri) por el PR-5 en un día nevado de no hacía muchas semanas, justo al pasar al lado de la fuente de Antón Ruiz, unos metros antes del mirador de la Reina.
Desde el mirador al puerto, un suspiro, lo justo como para que Antonio (qué fuerte está el tío), y dos de los tres Jesús que venían en la ruta (Terminal y Agila), nos dieran alcance y juntos hiciéramos una de las sesudas reflexiones del día: nos jubilaremos, se nos caerá el pelo (a algunos el poco que nos queda), estaremos decrépitos, pero seguiremos subiendo a la sierra aunque para ello llevemos una doble con baterías de Li-ion. Y es que esto es lo que nos da la vida.

La llegada al puerto de la Fuenfría se produjo con cuentagotas. Tras Antonio, Álvaro, los dos Jesús y un servidor, empezaron a aparecer el resto de compañeros comandados por Valentín, David, Raúl, Pedro, Rubén, etc, etc…La parada en la Fuenfría, más que una reagrupación, fue casi un cónclave bajo los pinos y justo a la entrada de la pista que da acceso a la senda de los Cospes, la gallina, el gallo, el Schmidt (ese viejo austríaco), etc, etc. La parada, de bastante duración, sirvió para varias tareas: avituallamiento, foto de grupo, reagrupación y la visión única de ver cómo los SMS y algún que otro compañero más se transformaba de biker en guerrero del imperio de Star Wars…cascos integrales, protecciones en piernas y brazos…sinónimo de que el Carril del Gallo estaba cerca. Por su parte, Peke seguía penando…lo suyo fue tesón y lo demás tontería.

Así pues, tras los trámites habituales de las largas reagrupaciones, nos dispusimos, en fila de a uno a encarar el Carril del Gallo, y por tanto, adentrarnos en el segundo de los valles que hoy tocaba visitar: el valle de Valsaín, no sin antes haber cambiado de Provincia, de Comunidad Autónoma y de haber llenado bidones y alguna que otra camelback en la fuente de la Fuenfría.
¿Dispuestos a ración de cultureta?...pues allá va: Carril del Gallo…¿y ese nombre?...la verdad es que me ha costado un poco encontrarlo y no sé muy bien si lo que he conseguido investigar corresponde con la realidad, pero allá va. El nombre de éste camino aseguran algunos que alude a lo encajonado que marcha en ocasiones entre la vegetación (de ahí lo de Carril), mientras que el apellido (del Gallo), hay quien dice que proviene del término celta “Kaillu” que sitgnifica “piedra”, que castellanizada deriva en “callo” que se transmutó en “gallo”. No sé si es cierto, pero tiene sentido, un camino angosto entre vegetación lleno de piedras y guijarros; así es el carril del Gallo.

Para los que no estuvisteis y nunca habéis estado (para los conocedores, quizá me quede corto), el Carril del Gallo es una mezcla perfecta entre el doctor Jekyll (y no por las Cannondale de Álvaro y Víctor) y Míster Hyde. Por zonas es un sendero muy divertido y rápido que se disfruta como el mejor de los senderos de Zarzalejo, por otras es un cúmulo de piedras mojadas mal puestas que hacen las delicias de los endureros. Yo, por mi parte, disfruté como un enano la primera parte, rápida con algunos pasos técnicos, y sufrí la segunda, más pedrolera y que atravesamos tras la reagrupación en una de las praderas que atraviesa el carril. Allí, en la pradera, un saliente de rocas hace de mirador natural sobre el precioso valle de Valsaín desde el que nuestra vista alcanza la localidad de La Granja de San Ildefonso.
He leído por algún sitio que el valle de Valsaín es lo que es gracias al “ecologista” rey Felipe II. ¿Ecologista?, ejem, ejem. Parece ser que hay indicios de que el valle de Valsaín nunca tuvo como especie autóctona el pino silvestre que actualmente lo puebla. Parece ser que originariamente el bosque de Valsaín era de roble melojo, y que el rey “ecologista” hizo arrancar los robles para replantar pinos…¿y para qué?...pues muy sencillo, su armada necesitaba barcos, y los barcos necesitan madera, y la madera del pino silvestre, rica en savia es muy resistente a la humedad y las inclemencias del tiempo. Además, los pinos silvestres de Valsaín son muy rectos y altos, lo que les hace ideales para ser utilizados como mástiles. Es curioso que en la época de los Austrias y posteriormente de los Borbones, los responsables de cuidar por la salud de los montes de Valsaín, fueran ni más ni menos que almirantes de la Armada que se les retiraba del servicio activo y se les nombraba responsables de pinares…curioso, ¿verdad?.
Pero sigamos con el Carril del Gallo. Y más concretamente con su segunda parte. No hay más que mirar las fotos, sobre todo las que hizo Fraile, para darse cuenta de quién disfrutó esa segunda bajada. Los SMS abajo, el resto, con las bicis a cuestas bajando el pedrolar como buenamente podíamos. Al fin y al cabo, cada uno tira a lo suyo, ¿no?.
El Carril del Gallo nos deja, tras atravesar a duras penas unos, y mojados otros, el arroyo del Telégrafo, en una pista forestal en muy buen estado y de bajada que desemboca directamente en una de las famosas siete revueltas, concretamente la quinta si se va dirección a La Granja y la tercera si se va camino del Puerto de Navacerrada. Todos juntos atravesamos la barrera que da acceso al valle y enfilamos por unos metros la carretera CL-601 hasta el desvío del Camino Viejo del Paular, no sin antes parar algunos en la fuente de la Casilla a repostar agua fresquita.

Por el Camino Viejo del Paular discurre el famoso GR-10-1, o ramal 1 del GR-10 que ya hemos tenido oportunidad de describir en otras rutas. El Camino Viejo de El Paular comunicaba (y sigue comunicando, pero en desuso), la Granja de San Ildefonso, residencia Real, con el monasterio de Santa María de El Paular, en el término municipal de Rascafría. El camino Viejo de El Paular atravesaba el puerto de montaña que hoy en día conocemos como el Puerto de Cotos y que en aquellos días se conocía (aún se conoce), como puerto de El Paular, el siguiente objetivo de nuestra ruta loca.
El nombre de El Paular proviene del término “Populus” que a su vez es el nombre científico del Chopo, único árbol junto con el Fresno que estaba permitido que talaran los lugareños ya que el pino y el roble estaban reservados a la realeza. El nombre de Puerto de Cotos se debe a lo acotado de las fincas, casi todas ellas privadas que conforman el alto del puerto.

La subida por el camino Viejo es un auténtico reto en sí mismo. Siete son los kilómetros que tiene desde la carretera CL-601 hasta el alto. Empieza en una cota de 1400 metros y termina a 1830 metros sobre el nivel del mar. Nada más y nada menos que más de 400 metros de desnivel en poco más de siete kilómetros y según lo vi y lo viví yo, cuatro partes claramente diferenciadas. Una primera tendida, asfaltada y con buen piso, con un desnivel no superior al 3-4 o quizá un 5% que transcurre durante el primer kilómetro. Una segunda más dura, donde termina el asfalto y empieza la pista de tierra. Las rampas serán de un 10-12%, largas, muy largas, tanto que en este tramo tuvimos ocasión de poder comprobar la velocidad a la que se desciende y que hay que tomar con mucha precaución ya que no menos de dos bikers se habían caído en el descenso y las heridas eran considerables…no nos paramos ya que varios senderistas les estaban ayudando ya.
La tercera parte de la subida trascurre desde que quedan más o menos 2,5-3 km hasta el último kilómetro. Las rampas son duras de verdad. Mi GPS marcaba por momentos un 14-18% de desnivel, siendo el máximo un curvón a izquierdas que da paso al último kilómetro y por tanto al último tramo. Éste último tramo, justo al alcanzar el arroyo del Infierno (bonito nombre), de apenas un kilómetro, lo recorrimos por un sendero paralelo a la pista tal y como nos recomendó Amador y nos confirmó Víctor, ya que la pista a esa altura es un auténtico lodazal por el que sin darse cuenta empezaron a subir Antonio y Agila.

El sendero es duro, durísimo, embarrado, con piedras, pasos y raíces mojadas. De hecho, creo que salvo Víctor, nadie consiguió pasarlo montado en su totalidad aunque algunos estuvimos muy cerca.
El premio es llegar al Puerto de los Cotos (1830 metros), y no sólo la llegada, sino saber que a la hora que era (casi las dos de la tarde), lo que nos esperaba era una buena cantidad de cerveza (con y sin alcohol), y unos buenos bocatas para calmar el hambre y añadir energía a nuestras ya maltrechas piernas. Mientras que el grupo más numeroso nos acomodábamos en las mesas y sillas, el Maestro, Peke y Nacho tardaron un poco más en llegar. La cara de Peke era todo un poema…el cansancio se reflejaba en su rostro. Decidió que una vez comía se bajaba desde el Puerto de Navacerrada directamente al coche, peeeero…resulta que comió (poco) y bebió y…se recuperó, ¡¡y cómo se recuperó!!.
La comida fue un festín. Bocatas gigantes de lomo con queso, lomo sin queso, bacon con y sin queso, pepitos de ternera y cerveza, mucha cerveza que se calentaba casi de inmediato al tremendo sol que nos hacía a esas horas y a esas alturas.

Así pues, una vez comimos, decidimos que lo mejor era continuar la marcha ya que el cansancio acumulado en los más de 1200 metros de ascensión y 35 kilómetros de ruta podrían pasarnos factura si nos apoltronábamos.
Desde el Puerto de Cotos al Puerto de Navacerrada la única vía posible es la carretera, y a por ella fuimos. Y no hicimos más que salir del Puerto cuando por los walkies Javi anuncia que Nacho se ha caído y que debíamos esperar. Parece ser que Nacho no vio bien la barrera de salida del puerto y se topó de frente contra ella dándose un fuerte golpe en el pecho. Y es que Nacho sale a caída por salida, a ver si cambia su suerte, que ya está bien.
Tras darnos el ok por detrás, reiniciamos la marcha carretera hacia delante y unos más deprisa y otros más despacio cumplimos los apenas 6 km que separan un puerto de otro. Rodar por carretera es deprimente, pero hay algunas más deprimentes que otras. Ésta desde luego no es la que más deprime ya que no hay más que aprovechar los huecos que dejan los pinos para poder admirar en toda su plenitud el valle de Valsaín a la derecha y Peñalara un poco hacia atrás, el cual conserva aún algún que otro nevero. Una paradita en la fuente que hay antes de llegar al aparcamiento del Puerto de Navacerrada nos sirve de excusa para rellenar los bidones, las camelbacks, reagrupar e interesarnos por el estado de Nacho, y para practicar idiomas con un guiri ciclista de carretera al que le preguntamos por el número de piñones de la paellera de su bici…y muy mal lo debimos de hacer porque no nos entendió hasta la tercera vez que se lo preguntamos.

La llegada al Puerto de Navacerrada supone también la vuelta a la Comunidad de Madrid y la entrada al tercero de los valles, el valle de Navalmedio, el cual toma su nombre del río del mismo nombre que lo atraviesa y que vierte sus aguas en el embalse de Navalmedio que las vierte a su vez al embalse de Navacerrada.
En este punto los SMS deciden que ellos van a bajar por el Whistler, mientras que los demás bajaríamos por el Calvario. El punto de reunión sería El Ventorrillo. Así pues, mientras nosotros (Javi, Nacho, Agila, Terminal, Miguel, Peke, Valentín, Rubén, Pedro, Antonio y yo), serpenteábamos por el Calvario, lleno de agua y piedra suelta, disfrutando de la larga bajada que discurre a partes paralelo a la carretera del Puerto de Navacerrada, a partes paralelo al río Navalmedio, haciendo fotos, rodando vídeos y gastando alguna que otra broma, haciendo honor a nuestro nombre de “Sin Pedrolos Mejor”, los demás (Victor, Álvaro, Fraile, Brasi, David, Raúl, Jesús y Juan Carlos) decidieron sacarle partido a sus integrales y protecciones. Y a buen seguro que las sacaron partido, en especial Fraile, que según contaba él, en un paso donde no tenía muy claro por dónde metió la rueda delantera, salió por orejas dando con sus protecciones (que no con los huesos) en el suelo. Afortunadamente no se hizo ni un solo rasguño y pudo continuar sin problemas como luego pudimos comprobar.

Dado que bajar el Calvario hasta el Ventorrillo es mucho más rápido que bajar el Whistler, nos veíamos forzados a esperar a los pedroleros. Para no enfriarnos y aprovechando que subiendo solemos ser más lentos que ellos, dejamos a los más fuertes (Valentín, Rubén y Agila) a la espera de la llegada de los “guerreros imperiales del lado oscuro” mientras que los demás nos disponíamos a bajar por carretera hasta el cruce con la pista de la Barranca y empezar a subir los tres kilómetros que nos separan del mirador y que dan acceso al cuarto valle, el valle de La Barranca.

Es alucinante ver cómo uno se puede recuperar físicamente. Éste es el caso de Peke. Desde que salió de Cotos fue a mejor, animándose e incluso picándose con Rubén en la subida al Ventorrillo. Tanto se recuperó que la subida por la pista de La Barranca la hizo casi en cabeza (con permiso de Antonio y de Pedro), y acabó tan recuperado, que yo creo que ni él mismo se lo creía.
Los primeros en coronar el mirador tuvimos tiempo de sobra de admirar las vistas desde él. Son vistas ya conocidas, pero no por ello menos impresionantes: el embalse de Navacerrada y el propio pueblo justo en la falda de la ladera del Chiquillo, donde nos encontrábamos, más allá el cerro del Telégrafo, el embalse de Valmayor, y allá al fondo, muy abajo, la ciudad de Madrid, incluso desde algo más abajo del mirador Jesús llegó a poder ver el embalse de La Jarosa, en el límite del ya declarado Parque Nacional de Guadarrama. Nunca me dejarán de impresionar estas vistas, son un deleite para la vista.

Poco a poco, desde lo alto, íbamos viendo como por abajo, por la pista iban subiendo el resto de compañeros. Al ver a Marek, Miguel y Nacho, recibimos un mensaje por el walkie. Las fuerzas de algunos iban ya tan justas y el tiempo tan escaso para otros, que decidieron los tres bajar por la pista del Chiquillo hasta el pueblo de Navacerrada. Algún día, alguno de ellos nos contará la aventura, sobre todo la que se montaron en casa de Nacho tomándose unas cervecitas frescas. Mientras ellos se dejaban caer por el Chiquillo sin ver al cuarto valle de la ruta, iba llegando el resto del grupo del cual se había descolgado Brasi, que al llegar al Ventorrillo decidió dejarse caer carretera hacia abajo y acortar así la ruta.
Por tanto, de los 19 de partida, 15 íbamos a continuar al cuarto valle, pero debido a que el tiempo se nos estaba echando encima, decidimos que lo más sensato era no hacer los últimos senderos. Los Almorchones se quedaron sin nuestra visita y nosotros sin su disfrute…quizá en una segunda edición de la ruta loca pueda ser…quien sabe.

Con la decisión tomada, nos quedaban dos de los platos fuertes del día: la Senda Ortiz y parte de los senderos de Alakan, ya en el valle de La Barranca, como he dicho, el cuarto de los valles que visitamos y uno de los más trillados por nosotros junto con el de la Fuenfría.
El valle de La Barranca es quizá uno de los más pequeños, pero para mi gusto, uno de los más bonitos junto con el de Valsaín y el de Lozoya. Es quizá el que mejor recibe la fuerza de las aguas de los arroyos que lo recorren para formar el río Navacerrada o Samburiel como también se le conoce. Es un valle muy empinado por lo que cuando los arroyos llevan agua, el ruido que provocan en todo el valle es alucinante. Y como hemos tenido la primavera que hemos tenido, el agua baja por todas partes con una exuberancia y una fuerza que hacía tiempo que no veíamos.

Pero situémonos en el mirador, a la entrada de la Senda Ortiz (de la que afortunadamente han retirado ya el pino que derribaron las últimas nieves). ¿Quién baja primero?, ¿tú?, no tú…venga, que no…y Terminal, sin pensarlo dos veces se tira para abajo seguido de Víctor, Álvaro y un servidor. Reconozco que no soy objetivo con el Ortiz. Me transforma, me embrutece, es un reto constante para mis límites (bastante bajos, por cierto). Me reto a mí mismo desde el primer metro a bajarlo sin poner pie a tierra, y con el sábado, ya son tres veces las que lo consigo. Para los que no lo conocéis (¿hay alguien que no lo conozca?), la Senda Ortiz tiene aproximadamente dos kilómetros de longitud, y desde el mirador discurre en franco descenso por la ladera del Canto Gordo, vecino del Chiquillo que mira al valle de La Barranca de forma absolutamente espectacular. Sé que bajarlo en bici no ayuda a disfrutar de las vistas que hay desde la Senda Ortiz, por lo que os invito a caminar por él si es que no lo habéis hecho. La bola (alto de Guarramillas), la Maliciosa, todo el valle, los embalses de La Barranca…todo es visible desde allí arriba.
Pero sigamos con la senda Ortiz. No hay como conocerla. Los escalones de bajada, las raíces que atraviesan el camino, las rocas que dejan tan sólo una trazada posible y los tres pasos técnicos en ascenso: los dos escalones de piedra y el paso de las raíces. Un deleite, un auténtico mata-adrenalina con el que no me puedo contener. Como sé que a él le pasa lo mismo que a mí, el sábado, en mi cabeza, le dediqué el descenso a nuestro diabólico amigo Efrén…¡¡Cuánto eché de menos tu rueda!!.
Con suerte y algún pequeño sobreesfuerzo conseguí superar a Jesús y a Álvaro y casi a rueda de Víctor completé el recorrido para llegar todo sonriente y satisfecho a la pista de La Barranca. ¿Se me notaba contento?.

Un rato después fueron llegando el resto de compañeros. Y ya bastante cansados enfilamos pista arriba a repostar agua a la fuente De Mingo. Ay que fastidiarse lo dura que se hace esa subidita de escasos 700 metros…ufff, sobre todo cuando el cuenta kilómetros indica más de 50 km y más de 1400 de acumulado.
Aun así, tras repostar agua fresquita y rica, terminamos de subir los 100 metros que separan la fuente De Mingo del inicio de la parte baja de los Alakan. ¡¡Qué gozada es saber que lo único que queda es bajar, bajar y disfrutar!!.

Los Alakan son también una delicia. Ésta ha sido la primera vez que los he bajado del tirón. Las anteriores veces, o bien se caía un compañero, o bien había un pinchazo, una avería o el arroyo de La Maliciosa bajaba demasiado cargado de agua. El descenso fue rápido. La rueda de David y saberme delante de Álvaro me dieron alas y copiando las trazadas de uno y escuchando anécdotas de los lugares por los que pasábamos del otro (aquí Nelson se fue cuesta abajo…), casi ni me di cuenta de que estaba ya en el Arroyo, pasándolo del tirón aunque en medio de él hubiera dos pequeños troncos atravesados.
Desde aquí hasta el embalse del ejército del Aire todo fue bajar fácilmente y sin complicaciones. En ese punto algún compañero, creo que al menos Victor, Juan Carlos, Jesús, David y Raúl siguieron camino abajo por el sendero que discurre en el lateral del segundo embalse entre las jaras y la valla. Al fin, acabamos encontrándonos en el aparcamiento del Hotel de La Barranca.
Casi sin detenernos enfilamos pista abajo por el camino de los Almorchones (adiós senderos, adiós) para en un abrir y cerrar de ojos llegar a la Plaza del Gargantón de la cual ya se habían ido Brasi y Miguel (que nos saludó desde el coche) y en la que estaban esperando pacientemente y ya fresquitos Nacho y Javi.
Todo fueron saludos, todo fueron abrazos. Sonrisas, carcajadas y mucha complicidad. Nadie, absolutamente nadie quedaba sin sonreír. La ruta ha sido un auténtico éxito. Como oí decir a Álvaro, fue una “petada” impresionante. Abrazos, más abrazos, saludos y más saludos y desafortunadamente nos quedamos sin torreznos porque el dueño de El Porrón decidió que las seis de la tarde era una buena hora para no servir más raciones ni bebidas…él se lo perdió.

Así pues, bicis a los coches y carretera y manta. Aun así, en destino, algunos conseguimos hacer nuestra pequeña opcional (sé que más de una hubo) dilatando la ruta hasta cerca de las 20:00.
No me queda mucho más que contar. No me queda mucho más que describir.
Quiero agradeceros a todos vuestra asistencia y vuestro inmenso buen rollo. Iría uno por uno diciendo alguna cosa, pero no lo voy a hacer. Todos sabéis cómo me siento y cómo me hacéis sentir. Pero permitidme que dé especialmente las gracias a tres compañeros aunque lo que voy a escribir puedo extenderlo a cualquiera de vosotros.

Javi. Eres el alma. Te lo curras, lo pateas, acompañas, asistes…no puedo decir más que lo que todos pensamos: sin ti esto no sería lo mismo.
Rubén: No sé si darle las gracias a la Legión por centrar tu cabeza e idear una ruta así o felicitarte por tener una magnífica idea salpicada de buen humor, sarcasmo y ese punto “manchego” que tanto nos gusta. O mejor lo dejamos en las dos cosas juntas…¿no?.
Jose (Frailman). Mi querido amigo. Nos conocemos desde antes de que nos salieran los dientes. Hemos compartido muchas cosas, quizá menos de las que me hubiera gustado compartir, pero bendigo el día en que te encontré vestido de romano en el carril bici a la altura del Campo de las Naciones. Amigo, ese día cambiaste mi vida, me presentaste a todos estos locos y me metiste en vena esta bendita droga que hace que cada fin de semana corra a buscar mi dosis. No puedo agradecerte todo esto porque no tengo palabras para hacerlo. Eres grande.

Los demás no os pongáis celosones que tengo para todos, ¿eh?.
Espero que haya una Ruta Loca 2.0. Y desde luego, si habéis leído todo hasta aquí, os doy mi más sincera enhorabuena por aguantar tamaño ladrillo.
Un beso enorme a todos…mis queridos compañeros.
                                                                                

                                                    Fotos de Ruben
                                                    Fotos de Jesus
                                                    Fotos de JuanCar
                                                    Fotos de Frailman
                                                    Fotos de Miguel 
                                                    Fotos de Javier Buson

domingo, 9 de junio de 2013

Chorrera de San Mames y más allá

Crónica de JuanCar

Desde el día de la ruta, y a ratos, me meto en internet para buscar cuántas chorreras hay en la Comunidad de Madrid y su localización. Y todo porque la ruta del domingo me ha impresionado tanto que me encantaría poder llegar en bici a visitar alguna más.
Buceando por internet he visto que las chorreras o cascadas más populares de la Comunidad de Madrid son cinco, cuatro de las cuales se encuentran en el valle del río Lozoya…¿por qué será?. Por empezar por alguna, empezaremos por la única que no está en el valle aunque sí en sus cercanías, se trata de la chorrera de los Litueros y de la que Javi tanto me ha hablado. Está localizada a los pies de la tan bien conocida por nosotros Peña Cebollera o Pico de las Tres Provincias, en el Puerto de Somosierra y que es exactamente el nacimiento del río Duratón, sí, ese que más adelante forma las hoces.
Las otras tres chorreras, aparte de la de San Mamés, son las de Rovellanos, a poca distancia del pueblo de Canencia, en lo alto del puerto, y cerca de él, la cascada de Mojonavalle a la que se accede desde la senda ecológica de Canencia y las cascadas del Purgatorio, cerca de las Presillas, en el término municipal de Rascafría.
No digo que éstas sean las únicas chorreras de la Comunidad de Madrid, ya que me consta que en la zona de la Pedriza hay alguna más, pero sí que son las más populares al menos en cuanto a la facilidad de localizarlas por Internet.
Para el final, y a propósito, me he dejado la Chorrera de San Mamés. ¿No habéis tenido nunca curiosidad de saber de dónde viene lo de Mamés?. Yo sí, pero es bien fácil. Parece ser que es el nombre de un santo de la antigua Turquía que nació prisionero de los romanos ya que sus padres eran cristianos perseguidos: Teodoro y Rufina (os juro por lo que más queráis que eran justo los nombres de mis bisabuelos paternos…lo he flipado). Mamés significa en latín “el que fue amamantado”, y salvo la historia propia de un mártir cristiano, poca historia más tiene, aparte de ser también el ya casi derribado estadio del Atletic de Bilbao.
Empezando con lo que nos ocupa, hace ya un año (parece que exacto), Javi, alentado por Amador, diseñó una ruta que primero investigó a pie, de forma que, saliendo desde Lozoya y atravesando varios pueblecitos con encanto, se llegara a la Chorrera de San Mamés no sin antes haber sufrido de lo lindo para llegar hasta la senda por la que tiene su entrada. Y tras verla, sufrir aún más para ganar altura antes de dejarse caer de nuevo hacia Lozoya.
Ya en aquel entonces, al leer la crónica de Javi (y que podéis leer aquí: http://sinpedrolosmejor.blogspot.com.es/2012/06/chorrera-de-san-mames.html), me arrepentí de no haberles acompañado, ya que la ruta tuvo toda la pinta de haber sido de esas épicas que no hay que perderse. Así pues, cuando este año dijimos de hacerla, me prometí que no me la perdería por nada del mundo.
Hay pocas diferencias entre lo que sucedió aquel mes de junio del año 2012 y el transcurrir de la ruta de este año, pero la más significativa ha sido la meteorología. Y es que aún no damos crédito cómo puede ser posible que a cuarenta de Mayo, es decir, 9 de Junio como todo el mundo sabe, y el día oficial para quitarse la ropa de abrigo, aún tenemos que acudir a la ruta tiritando de frío, con ropa de invierno y pertrechados de chubasqueros para no empaparnos con la lluvia que sin duda nos iba a caer en el transcurso de la mañana. De hecho, alguno hubo que al llegar al punto de quedada se dio media vuelta al ver como caía agua. Es más, incluso desde el primer momento en que nos bajamos de los coches, estuvimos debatiendo si hacer la ruta o no.
Creo que ya va siendo hora de nombrar a los asistentes a ésta épica y magnífica ruta: Javi (Marek), Jesús (Terminal), Pablo, Amador (Cronos), Pachi, Javi (Javi Carva), Javi (Jablan), Jesús (Agila), Antonio, Jose (Ballesteros), Roberto, y un servidor, JuanCar. Doce valientes, porque hay que ser valiente para acudir a la cita con la previsión del tiempo que había, dispuestos a ver la chorrera sí o sí y que a la hora acordada, e incluso antes, ya estaban en el punto de partida prestos a entrar en calor dando pedales…y falta hacía, porque el frío era tan intenso como en un día de diciembre, de forma que más que primavera parecía como si estuviésemos en un otoño avanzado, casi en invierno…y es que mira que se oyen comentarios de que este va a ser un año sin verano, pero lo que está claro es que ha sido un año prácticamente sin primavera.
A las 8:45, antes que nunca, estábamos ya subidos todos en las bicis camino de superar la ruta de hoy. Tras valorar las inclemencias del tiempo, decidimos que lo más coherente sería llegar, como mínimo hasta la chorrera, y una vez allí, decidir si hacíamos la ruta completa, nos dábamos la vuelta por donde habíamos venido, o bien hacer alguna variante por la zona en plan I+D. Así pues, y con esta premisa, nos dispusimos a enfrentar las primeras rampas del día, esas que nos llevan al collado que da acceso a la localidad de Navarredonda por el camino de Lozoya.
Afortunadamente el viento nos soplaba por la espalda, y las nubes, negras como el sobaco de un grillo, parecía que permanecían en lo alto de las montañas sin apenas descargar agua, solamente un ligero txirimiri que ni siquiera hizo que en ese momento nos planteáramos sacar el chubasquero.
Lo bonito de empezar a subir las laderas de las montañas en el valle del Lozoya es lo rápidamente que se gana altura, y ganar altura supone empezar a disfrutar de unas magníficas vistas. Como la que pudimos observar según salíamos de Lozoya, mirando hacia atrás, del embalse de Pinilla. Tampoco se queda atrás el estado del campo; los miles de tonos diferentes de verde, y el morado y amarillo de las flores son de las pocas cosas que nos hacen recordar que estamos en primavera, eso, y el verdor de las hojas de los robles melojos en cuyos bosques estábamos empezando a entrar.
En más de una ocasión tuve la impresión de no estar pedaleando por Madrid. Se me venía a la cabeza los paisajes del norte de España, e incluso del centro de Europa. Y no fui el único, creo que todos tuvimos exactamente la misma sensación.
En cuanto a cómo íbamos en la ruta, por delante los de siempre, a su ritmo. Por el medio unos cuantos más disfrutando a su manera y por detrás un grupete de unos cinco o seis entre los que me encontraba, pensando en que lo más inteligente era economizar al máximo las fuerzas disponibles. La ruta es una buena piedra de toque para lo que nos encontraremos la semana que viene, y yo, personalmente estaba preparando una estrategia: ir lo más descansado posible para ver cómo respondía mi cuerpo en una ruta con cerca de 32 kilómetros pero con más de 1000 de acumulado.
Así pues, poco a poco fuimos recorriendo la subida del camino de Lozoya a Navarredonda, que si bien no es dura, se hace pesadita por pillar las piernas frías, y más en un día como el que estaba haciendo.
Desde el alto del collado, el camino se convierte en una bajada tendida, casi recta, con buen firme pero con alguna zona de piedrecilla suelta que hace que haya que ir con especial precaución, y que nos deja directamente en la plaza del pueblo de Navarredonda. Un pueblecito encantador, muy limpio y con sus casas bien reconstruidas y enclavado en un entorno espectacular, entre un bosque de robles, que como bien fotografió Jesús, formaba parte de la subsistencia antigua de esta zona: la carbonería.
En la reagrupación que hicimos en el pueblo, casi todos sacaron sus chubasqueros, y es que la lluvia, por momentos, arreciaba y ninguno queríamos empaparnos. Algunos tardamos más en ponernos el chubasquero, pero otros no tuvieron esa oportunidad: se lo dejaron en el coche, ¿verdad Antonio?. Por cierto, en Navarredonda se produjo lo que dos días después fue la nota graciosa de la jornada. Un paisano que se dirigía vaya usted a saber dónde, iba pertrechado con un paraguas enorme y una guadaña casi más grande que él, y acompañado por un perro más viejecito que la orilla del mar…todos nos fijamos, todos lo comentamos, y dos días después, Antonio nos informaba que es el padre de un compañera suya…casualidades de la vida…
En fin, que tras ponernos en marcha de nuevo, abandonamos el pueblo de Navarredonda por la carretera M-974 y posteriormente por la M-635 que nos deja directamente en el pueblecito de San Mamés. San Mamés no tiene ayuntamiento propio, su edificio consistorial no es más que una tenencia de alcaldía del ayuntamiento de Navarredonda del cual depende administrativamente. San Mamés es un pueblito pequeño, con cerca de 50 habitantes censados, limpio y muy cuidado y al igual que Navarredonda, enclavado en un entorno privilegiado entre bosques de robles. Lo más destacado de San Mamés, aparte de dar nombre a la chorrera, es la Iglesia parroquial que se sitúa a la salida del pueblo y justo enfrente del desvío hacia la chorrera. Y es que esta pequeña iglesia, perfectamente reconstruida, fue el escenario de la coronación como reina de Castilla de Doña Juana La Loca, hija de los Reyes Católicos.
Pero aparte de la Iglesia y de la chorrera, también la quesería del Santo Mamés, en el camino de la chorrera es uno de los atractivos del pueblecito; eso sí, son quesos de cabra, que no le gustan a todo el mundo (al menos a mí, no).
Una vez hecha la foto de grupo en el ábside de la iglesia, nos encomendamos al santo Mamés y nos dirigimos a rodar los escasos cuatro kilómetros que nos separan de la chorrera. La subida, en esta primera parte es bastante tendida, con algún que otro tramo con bastante inclinación pero cuya mayor dificultad es lo roto del terreno en algunos puntos. Al igual que nos sucedió a la salida de Lozoya, es impresionante la altura que se gana en muy pocos metros y las vistas tan alucinantes que se van abriendo ante nosotros. En este caso ya no se divisa el embalse de Pinilla, sino el siguiente por orden descendente del río Lozoya: el de Riosequillo, además de empezar a disfrutar de una magnífica panorámica de la parte final del valle a la altura de Buitrago de Lozoya.
Según vamos ganando metros de altura, delante de nosotros, todo lo que nos deja ver la lluvia que estaba arreciando bastante, se aprecia la chorrera. Y es que la caída de agua de treinta metros es visible desde bastante distancia. Poco más de 2 kilómetros desde el desvío del pueblo, reagrupamos en la caseta del leñador, una construcción abandonada que nos sirve como punto de reunión, avituallamiento y etapa final para llegar a la chorrera.
Desde allí, subiendo poco más, alcanzamos el desvío de la pista que nos lleva a la cascada, y un tramo de camino que hacemos mitad a pie, mitad sobre la bici nos lleva a un punto donde las bicis ya no pueden ni siquiera pasar siendo cargadas. Así pues, decidimos (como el año pasado), hacer dos turnos para subir a ver el salto del agua de forma que nuestras burritas no se quedan nunca solas.
La chorrera está enclavada en un entorno precioso. Formada por el Arroyo del Chorro que desemboca cerca del pueblo en el Arroyo de las Monjas, y éste a su vez en el río Lozoya, la chorrera de San Mamés es una caída de agua de más de treinta metros, que cuando baja cargada de agua (como es el caso), es verdaderamente impresionante, como lo son las vistas del valle desde allí. La visita “turística” de la chorrera se extiendió por más de media hora en la que no nos hartamos de hacer fotos y contemplar el entorno en el que estábamos.
La lluvia no nos dio tregua, siguió cayendo, fina y a rachas, pero lo suficiente como para habernos podido empapar de no llevar chubasquero (a algunos les empapó). Así pues, tras volver por nuestros pasos hacia la pista principal, toca decidir qué hacer, si darnos la vuelta monte abajo por donde habíamos venido, o terminar de hacer la ruta completa.
La decisión fue terminar la ruta a sabiendas de que quedaba lo más duro, y es que desde el pueblo de San Mamés hasta la cota más alta del día, teníamos que superar más de 500 metros de desnivel y en el punto en que nos encontrábamos habíamos superado poco más de 200. Así pues, con paciencia, molinillo, decisión y cada uno a su ritmillo, fuimos completando la subida, dura, muy dura, quizá de las más duras que hemos tenido la oportunidad de hacer. Tanto que, en las rampas más duras es justo donde el terreno está más roto, añadiendo a la dificultad de la subida la necesidad de la técnica para superar las roderas y las piedras sueltas. Es cierto que la inclinación es mucha, pero mi GPS no midió en ningún momento más de un 20%.
Justo al final de la última rampa, Roberto decidió que la ruta estaba siendo mucho para él por lo que decidió volver montaña abajo hasta el pueblo de San Mamés y allí, tranquilamente, esperar a que nosotros volviéramos a Lozoya y Javi pasara a recogerle en el coche.
Los demás, unos más frescos y otros machacados, enfilamos por la pista principal en la que desemboca la subida de la chorrera en un falso llano/bajada que irremediablemente nos llevaba a una nueva subida, mucho más tendida y fácil que nos conduce hasta la cota más elevada de la ruta: 1752 metros. Un claro en el bosque de pinos nos regala una vista espectacular justo en el punto de reagrupación. Parte del valle del Lozoya se extiende delante de nosotros.
De un vistazo somos capaces de reconocer sin esfuerzo los pueblos de Canencia, Garganta de los Montes, El Cuadrón, Buitrago, Navarredonda y San Mamés. Se divisa en toda su extensión el embalse de Riosequillo, parte del de Puentes Viejas y un gran trozo de la cola del Atazar. El del Villar queda justo detrás de una montaña y es imposible de ver, como el de Pinilla en el otro extremo, e incluso somos capaces de reconocer el pico de la miel por su vertiente norte. En fin, una vista espectacular que no dejó indiferente a ninguno de los que estábamos allí, aunque alguno de ellos ya tuvo la suerte de poder disfrutar de la misma vista el año pasado.
En este punto ya no llovía, incluso el sol peleaba por salir entre las nubes, y para colmo de bienes, todo lo que nos quedaba hasta terminar la ruta era de bajada…¡¡y vaya bajada!!. No sólo es una bajada espectacular en cuanto al terreno y la velocidad a la que se baja, sino que el entorno sigue siendo impresionante.
No sé la de veces que habré repetido en este texto este tipo de adjetivos, pero es que no puede ser de otra manera. Me impresionó tanto tanta belleza, que cuando volvíamos a casa en el coche no podía dejar de repetirme lo impresionante que es tener algo así a tan poca distancia de la ciudad: ver para creer. Praderas verdes salpicadas de pinos, robles, alguna que otra encina y muchas vacas pastando con total tranquilidad. Por encima de nosotros la horizontal de Navafría, por debajo el valle del Lozoya, que tras atravesar una colina entre el bosque de pinos, se vuelve a abrir delante de nosotros para mostrarnos lo que no habíamos disfrutado antes: el embalse de Pinilla y el resto del valle hacia su nacimiento. La localidad de Lozoya allí abajo esperando a que llegáramos se hacía cada vez más grande y más cercana.
El descenso, vertiginoso a veces y muy poco peligroso lo hicimos con una rapidez brutal. En menos de lo que imaginábamos estábamos ya en los coches. No creo recordar ninguna cara seria. Al contrario, incluso a nuestro amigo Ballesteros (Walles), le dio un ataque de alegría y casi emocionado fue abrazándonos uno a uno con una cara de alegría y satisfacción que pocas veces he visto. Y es que superar una ruta como esta con las condiciones en la que la hemos hecho, en un día como el que nos tocó en suerte no es ni mucho menos moco de pavo.
Lo único malo es que una ruta así se va de tiempo y la posible opcional queda descartada. Unas cervecitas y unos torreznitos hubieran sido el broche de oro a una ruta que lo tiene todo, es sencillamente espectacular.
Y dejadme ya por último darle las gracias a Javi, nuestro Maestro Marek. Esta ruta es un logro personal de él. Él las investiga, él las patea y luego, con una generosidad extrema, nos lleva allí, nos la enseña y encima nos cuenta todo sobre ella. Javi, querido maestro, eres un auténtico crack…¡¡muchas gracias!!.
                                                               Fotos de Jesus
                                                               Fotos de JuanCar

domingo, 2 de junio de 2013

Majada del Cojo

 Crónica de JuanCar
Una Majada es el lugar en medio del campo o de la montaña que sirve como recogimiento del pastor y de su ganado por las noches durante las épocas del pastoreo y de la trashumancia, cuando ya ha pasado el invierno y se acerca el verano. Se compone de una o varias cassas pequeñas o chozas que sirven de cobertizo al ganado y acondicionadas como refugio para el pastor, rodeadas por una cerca normalmente de piedra, que hace las veces de corral. Se suelen situar en zonas donde el agua, los pastos y el alimento son abundantes y los animales puedan estar suficientemente abastecidos. Normalmente no se encuentran aisladas sino reunidas en pequeñas agrupaciones, dando lugar algunas de ellas a numerosas localidades, las cuales han tomado el nombre de la propia construcción, como es el caso de Majadas de Tiétar (Cáceres), Las Majadas (Cuenca), Majaelrayo (Guadalajara), o Majadahonda (Madrid).
Así pues, ¿cuantos de vosotros sabíais que el nombre de Majadahonda provenía de esta palabra?. La cosa cultureta es así…curiosa.
La ruta que conocemos como la de “la Majada del Cojo”, que debió ser en su día el refugio de un pastor con esa discapacidad, debe tomar su nombre precisamente de dicha construcción, que hoy en día, y que yo sepa, no existe. Tan sólo existe un refugio en forma de caserón y que actualmente se utiliza como refugio juvenil de la Red de Refugios de la Comunidad de Madrid, y del que podéis obtener información aquí:
Pero para lo que a nosotros nos ocupa, no deja de ser el nombre de una de las rutas clásicas más bonitas y con mejor paisaje del valle del Lozoya y en general de toda la Sierra.
La primera sorpresa de la mañana, y que se repetiría al final de la misma, fue en Vicálvaro, en Los Maños. Allí, a la hora acordada pudimos disfrutar un rato de la compañía de nuestro gran compañero Javi Martín, que acompañaba a Arantxa al punto de quedada para que se viniera con nosotros. La verdad, fue un placer verle, tanto como que Arantxa nos acompañara en esta preciosa mañana. Una mañana cargada de reencuentros y de nuevas incorporaciones.
A la hora acordada estábamos llegando todos al punto de encuentro en Alameda del Valle. El frescor de la mañana presagiaba una mañana no demasiado calurosa pero si muy soleada. La luz del sol en estas primeras horas del día así lo hacía presagiar…y no nos equivocamos.
Como siempre, paso a enumerar la lista de asistentes a ésta magnífica ruta, y que en este caso llegamos a ser 19: Jesús (Terminal), Nacho (Gorcam), Javi (Marek), Pachi, Roberto, Amador (Cronos), Jesús (Agila), Javi (Jablan), Javi (Javichu), Rodrigo (Glabre), Paco, Jose (Ballesteros), Antonio, Alberto (Peke). Aparte los reencuentros con Javi Villalba y Manolo, y las nuevas incorporaciones de Macarena y Arantxa, aparte de mí, JuanCar.
La ruta de la Majada del Cojo, tal y como nosotros lo hacemos, sale de Alameda del Valle para recorrer, en terreno llano los 8 kilómetros que separan Alameda de El Paular atravesando Oteruelo del Valle y Rascafría. Estos primeros 8 kilómetros son para mí una delicia ya que ya conocéis lo poco que me gusta empezar subiendo. Estos 8 primeros kilómetros nos permiten ir charlando, contando anécdotas, comentando las cosas del whatsapp y sobre todo nos permiten ir calentando motores de cara a la subida que se nos avecina.
Ya en estos primeros kilómetros el grupo se divide en dos pero no por mucho tiempo ya que a la entrada a Rascafría se produce el primer reagrupamiento para que nadie se quede atrás más de lo debido. Y es que los hay que no necesitan calentar lo más mínimo, es subirse a la burra y empezar a tirar como alma que lleva el diablo. Eso sí, una pequeña confusión con el GPS en el grupo de atrás hizo que el tiempo de espera en ésta primera reagrupación fuese un poco más largo de lo normal al principio de la ruta.
Tras atravesar el casco urbano de Rascafría, tomamos el carril bici/peatonal que separa dicha localidad del Monasterio de Santa María del Paular (que ese es su nombre completo). Sin que sirva de precedente, el paso por el carril bici nos lleva en pelotón bastante agrupado hasta el desvío a la izquierda para atravesar el puente del Perdón. Para no hacer demasiado largo este texto, aquel que quiera saber más acerca del puente del Perdón, no tiene más que pinchar en este enlace a la Wikipedia:
Nada más pasar el puente del Perdón abandonamos el asfalto y empezamos a rodar por pista en muy buen estado. El camino que atraviesa el puente no es ni más ni menos que uno de los ramales de nuestro queridísimo y conocidísimo GR-10, el GR-10-1 y que no abandonaremos hasta bien avanzada la ruta.
El GR-10-1 en este punto se corresponde con el camino de subida hacia el refugio del puerto de la Morcuera. Desde justo el paso del puente hasta el propio refugio hay que ascender durante poco menos de 14 kilómetros para superar un desnivel de cerca de 200 metros.
La subida puede dividirse en dos tramos bien diferenciados. Una primera con una pendiente media no superior al 5% y una segunda, desde el claro que aparece a la mitad de la subida y que en mi plano topográfico aparece como “El Collete” hasta el alto del refugio y cuya pendiente media es algo superior y cercana al 6%.
Así, las primeras rampas empiezan ya, desde el principio, a dividir el grupo en variar unidades. Por delante Agila, Jablan, Antonio, Cronos, Paco y yo ascendíamos a buen ritmo mientras por detrás Roberto y Ballesteros se adelantaban en las primeras rampas al resto del grupo. La situación de cada uno de los componentes del grupo iba cambiando, incluso Agila y Antonio demarraron a falta de 3 kilómetros para “El Collete” y llegaron arriba destacados de los demás, que a buen ritmo y con buena charleta íbamos quemando kilómetros casi sin enterarnos. Es alucinante el paisaje que se ve por estos lugares. La primera parte de la ascensión, entre robles melojos con las yemas de las hojas recién reventadas nos hacen entender que hasta hace muy pocos días aquí ha hecho un frío considerable. Según ganamos altura, y como sucede en toda la sierra, los robles (en algunos sitios encinas y dehesas), van dejando paso a algún que otro acebo que crece entre el bosque cerrado de pinos que en estas latitudes es bastante cerrado y sombrío, lo que no facilitaba mucho la tarea de ir entrando en calor.
Las diferencias en el reagrupamiento de El Collete fueron bastante cortas. Se nota que muchos están sacando partido a las ilegales de entresemana de cara al megarutón del día 15 de Junio. Tras un ratito avituallándonos y descansando de la primera parte de la subida, volvimos a montar en las burritas para completar la segunda parte de la ascensión, que desde el claro del bosque se sucede en un par de primeras bajadas-subidas entre el bosque de pinos, para, en un momento dado, empezar a abandonar el pinar y llegar a la zona de los montes en los que en altura empieza a desaparecer todo rastro de árboles grandes.
Esta zona es la zona del vivero forestal. La subida por la pista es preciosa. A la izquierda, y a veces a la derecha, el discurrir de los arroyos. El primero, cruzando la pista de derecha a izquierda, el arroyo de Navahondilla, que se junta por nuestra izquierda con el arroyo del Aguilón. Superado el vivero, nos encontramos con los arroyos de La Najarra a nuestra izquierda, el más caudaloso y ruidoso de todos, y por nuestra derecha, cruzando la pista para morir en el anterior, el arroyo del Canchal. Todo este agua proviene del deshielo de los aún conservados neveros de los picos que tenemos justo delante de nosotros: La Najarra, el collado de La Najarra y Bailanderos, picos todos ellos de más de 2.000 metros de altura y que se encuentran en la llamada Cuerda Larga que se extiende desde el alto de Las Guarramillas (Bola del Mundo), hasta La Najarra. (Más información, aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Cuerda_Larga)
El paisaje es precioso. Delante de nosotros, las cumbres nevadas, los pastos verdes, el agua por doquier, los árboles espléndidos, el ganado posando para la foto, y por detrás, el valle del Lozoya, igualmente con sus cumbres casi cubiertas de nieve. Todo ello bajo un sol magnífico y un cielo azul precioso (qué razón tenía Goya, el pintor, cuando decía que el azul del cielo de Madrid es algo incomparable).
Pues bien, a lo que vamos. En esta segunda parte de la ascensión, el grueso del grupo se adelantó a unas pocas unidades que nos quedamos más retrasados. Roberto y Ballesteros iban por delante de Macarena y Peke y justo por detrás de Javi Marek, Arantxa y yo mismo. Incluso en un momento dado, Macarena, cansada ya de subir, propuso a Peke darse la vuelta para volver sobre sus pasos hasta Alameda del Valle; y así lo hicieron. Curiosamente, acabaron haciendo más kilómetros que los demás, y saliendo de Alameda muy poco antes de que llegáramos todos.
Una vez en el refugio de la Morcuera, cerrado en estos momentos por reforma, volvimos de nuevo a reagruparnos, avituallarnos y hacer la consiguiente foto de grupo, en este caso incompleta ya que nos faltaban Peke y Macarena que como he dicho se dieron la vuelta sin llegar hasta arriba de la ascensión al refugio.
Una vez hechos los deberes, y sin abandonar nuestro querido GR-10-1 (o ramal 1), continuamos por carretera en dirección a Rascafría por espacio de poco más de 400 metros, tomando el primer desvío a la derecha en dirección a la pista que asciende unas pocas decenas de metros más hasta el cruce con la pista que lleva al puerto de Canencia.
Justo en el punto en el que el GR-10 alcanza lo que en mi plano topográfico se llama “El Boquerón”, se produce un curioso cruce de caminos, y es justo en ese cruce de caminos donde debíamos tomar la decisión de si seguir el camino tradicional de la ruta de la Majada del Cojo, o bien hacer una de las posibles variantes que Javi había diseñado para la ocasión. Democráticamente se decidió que lo apropiado era hacer la ruta clásica y dejar las variantes para una mejor ocasión.
En “El Boquerón”, abandonamos el GR-10-1 que seguiría hacia el Puerto de Canencia, dejamos de frente el PR-28 que asciende a las Peñas Viborizas y el Cancho de los Altares (que era una de nuestras posibles variantes), y tomamos el desvío de la izquierda al PR-12. El PR-12 nos conduce en grupo hasta el ya comentado refugio juvenil de la Majada del Cojo. La vista desde un pequeño mirador situado a la izquierda del refugio hace que nos paremos a contemplar las vistas del magnífico valle del Lozoya.
Sin solución de continuidad, y dado por sentado que esta vez, a diferencia del año pasado, no nos íbamos a pasar el desvío del PR-12 que sigue por el camino de la Majada, nos lanzamos en claro descenso hasta dicho desvío, donde Nacho se ha apostado de forma que nadie se lo salte por equivocación. Roberto, por precaución, ya que aún no tiene confianza suficiente con su nueva francesita, bajó por la pista forestal que pasa por las cercanías de la ermita de Santa Ana y que llega a Alameda por el cruce del helipuerto, acompañado por Paco.
Los demás, unos más rápidos que otros, fuimos dando cuenta de los kilómetros de bajada entre piedras sueltas y algún que otro paso algo comprometido. Unos bajaron a bastante velocidad; otros bajamos mucho más despacio, parándonos de vez en cuando para poder bajar más agrupados, haciendo fotos y observando el magnífico paisaje. Incluso en un punto del camino, nos paramos a hacer una foto de “semi-grupo” (ya que sólo éramos 9), en un lugar donde la visión de todo el valle, con las cumbres cubiertas de nieve era francamente espectacular. Desde ese punto se veían perfectamente todos los pueblos del valle del Lozoya, todas las cumbres e incluso se veían perfectamente los caminos que ascienden a todas y cada una de esas cumbres.
Una vez puestos en marcha, volvimos a reagruparnos casi al final de la bajada. Una bajada francamente espectacular, tanto por lo ciclable como por el paisaje. Casi reagrupados, llegamos al cruce del helipuerto donde la pista forestal y el PR-12 se unen para llegar juntos al puente que supera el río Lozoya. Puente desde el cual nos asomamos para observar a dos pescadores tratando de pillar truchas. Truchas que a su vez podíamos ver perfectamente justo debajo de nosotros.
La llegada a los coches nos trajo la segunda sorpresa del día, Javi Martín y familia (parte de ella), se habían acercado hasta allí para caminar y de paso recoger a Arantxa. Saludos y comentarios tras el reencuentro que se prolongó en una magnífica opcional en uno de los bares de la plaza del pueblo y que acabó con el compromiso de que ésta no sería la última ruta en la que Arantxa nos acompañaría, y la promesa de Javi de que en breve podrá acompañarnos el alguna de nuestras rutas.
En definitiva, y como siempre, y para no variar, ¡¡qué magnífica mañana de domingo!!...y con su opcional y todo.
                                                                         Fotos de Jesus
                                                                         Fotos de JuanCar