sábado, 7 de junio de 2014

II Ruta Loca

Crónica de Juancar
Cuanto mayor es la dificultad mayor es la gloria. 
Marco Tulio Cicerón.

¡¡Cuánta razón tenía el bueno de Cicerón hace casi 2000 años!!. Yo creo que no hay nadie que dude de estas palabras, sobre todo si nos gusta el deporte y si nos gusta superarnos a nosotros mismos. Yo soy de la opinión que aquellos que practicamos deporte con cierta asiduidad siempre encontramos un motivo para superarnos, para añadir un pequeño plus a aquella ruta, a tratar de subir por aquel sitio que se nos resistió, añadir unos poquitos kilómetros más siempre teniendo en cuenta las sabias palabras del maestro Marek: “más vale acabar con ganas que harto…”.
La “ruta de los cuatro valles” o como nosotros la llamamos “ruta loca” (ya que Rubén, aka Karpov, su ideólogo, dijo de ella que era una locura de ruta) está ya establecida en nuestro calendario como una de las rutas épicas a hacer todos los años junto con la ascensión al Pico Cebollera Vieja. A mí, personalmente, me encanta que la ruta esté en el calendario; un mes antes aumentamos la dureza de nuestras rutas para tratar de prepararnos para ella, lo que nos hace progresar, superarnos, alcanzar mayor gloria como dijo Cicerón.

Además, la fama de nuestra querida “ruta loca” hace que ese día nos congreguemos multitud de amigos de diferentes grupos y diferentes procedencias, como si el reto de superación fuera la llamada que todo el mundo espera.
Para esta segunda edición nos juntamos nada más y nada menos que 24 amigos, 22 de nosotros salimos desde la Plaza del Gargantón de Navacerrada, mientras 2 más (los cuñados Zarzo y Rafi), salieron muy de madrugada desde Colmenar Viejo para hacer una de sus habituales machadas.
Es indispensable que, en este punto, los nombre a todos, uno por uno, para reconocerles como lo que son, participantes en una maravillosa aventura por el Parque Nacional del Guadarrama, nuestra querida Sierra. Así pues, y en orden alfabético para que nadie se ofenda, fueron de la partida desde Navacerrada: Alberto (Peke), Ángel (Arrojo), Antonio, Arturo, David (Dalopo), Javi (Javi_apf), Javi (Javi_carva), Javi (Marek), Jesús (Agila), Jesús (Terminal), Jesus, Jose (El Negro), Juan Carlos, JuanCar, Marcos (Markievich), Nacho (Gorcam), Pablo, Pachi, Raúl, Rubén (Karpov), Santi (LCIRPM) y Valentín (Valiente), mientras desde Colmenar salieron los cuñados Jose (Zarzo) y Rafa (Rafi).
A la hora prevista, más o menos las 8:30 de la mañana, iniciábamos la marcha. Nuestro primer objetivo era la archiconocida por nosotros ladera del Chiquillo, una subida dividida en dos partes, moderadamente dura, que empieza a poner a cada uno en su sitio y que inevitablemente nos arranca el frío de la piel haciéndonos entrar en calor antes de que nos demos cuenta.
La salida calle arriba desde la Plaza del Gargantón era un rosario de ciclistas, todos despacio, todos charlando, todos reservando fuerzas y sabiendo que el día iba a ser duro. Inmediatamente después de cruzar la carretera del puerto de Navacerrada, iniciamos la ascensión por la primera parte de la ladera del Chiquillo. Justo en ese punto sonó mi móvil. Zarzo me llamaba para decirme que ya estaban su cuñado y él en la cancela de acceso al Chiquillo (vaya dos máquinas)…¡¡¡ya habían llegado desde Colmenar!!!.
Sabiendo que tanto Zarzo como Rafi nos iban a dar caza en muy poco tiempo, decidimos, una vez reagrupados, continuar nuestro camino terminando de subir la segunda parte, y la más dura, de la ladera del  Chiquillo. Fue aquí, cuando empezaron las primeras incidencias del día. El cambio trasero de Marcos hizo de las suyas y la cadena se salió encajándose de mala manera. La rápida asistencia de dos o tres compañeros hizo que pudiera reiniciar la marcha enseguida, lo que no sucedió de la misma manera con Javi (Javi_apf), que al ir a meter todo el hierro para subir una de las rampas, retorció la patilla de cambio (tanta fuerza tiene el bicho), necesitando una buena dosis de paciencia y herramientas hasta que pudieron extraer el tornillo que sujeta la patilla y que quedó deformado por la presión del metal contra él.

Tras un buen rato de reparación y mientras los demás esperábamos al lado de la Fonda Real, Rubén nos comunica por teléfono que la avería se ha podido más o menos resolver y que Javi puede continuar ruta, eso sí, debiendo parar en Cercedilla para ver si es posible comprar el tornillo que sujeta la patilla.
Sin esperar a la reagrupación, el grueso del pelotón, ya con Zarzo y Rafi en el grupo, iniciamos el descenso por el GR-10 camino de Cercedilla. El descenso es rápido y fácil, aunque algunos, precedidos por Zarcete tomamos una serie de senderos paralelos a la pista principal y que ya, de buena mañana nos sacaron una pequeña sonrisa.
La llegada a Cercedilla fue rápida, atravesando el pueblo a buen ritmo y dando tiempo a que llegaran todos los compañeros que habían estado arreglando la avería de Javi. Mientras la mayoría salíamos del pueblo camino de la vereda de acceso al camino Puricelli, algunos se acercaron a una tienda de bicis en busca del tornillo de la patilla de cambio. Al final, en la tienda no había el tornillo necesario, por lo que Javi tuvo que hacer la ruta completa con el apaño temporal que resultó ser definitivo.
Mientras tanto, los demás, poco a poco, negociábamos cada uno a su manera las primeras rampas de la vereda que da acceso al Puricelli. (Si alguno quiere saber de dónde proviene lo de “Puricelli”, la respuesta está en este enlace: http://jcamara.tripod.com/puricelli/puricelli.html ).
El camino Puricelli se extiende desde la estación de cercanías de Cercedilla hasta la barrera que da acceso al Hospital de la Fuenfría, llegando en ese punto a alcanzar la carretera de las Dehesas de Cercedilla. El Puricelli forma parte de la denominada Carretera de la República y está formada por una pista de firme irregular, que discurre entre un pinar, y que en un par de zonas tiene sendos pasos de cierta dificultad por su pendiente acusada y por lo complicado de su trazado. Algunos decidimos no consumir fuerzas en tratar de subir estos pasos, y echando pie a tierra los resolvimos sin mayor dificultad.

Tras llegar a la barrera que pone fin al Puricelli y que nos fuerza a tomar un pequeño sendero que nos lleva a la carretera de las Dehesas, empezamos la ascensión propiamente dicha de nuestro segundo objetivo del día: El alto de la Fuenfría.
La pista asfaltada empieza a poner a cada uno en su sitio, y Peke, dolorido por sus problemas de espalda empieza a quedarse descolgado. Rubén (Karpov) y yo, decidimos hacerle compañía tratando de hacerle más llevadera la ascensión. Por delante, el grupo, con ritmo vivo iba dando cuenta de los kilómetros que nos separaban del punto habitual de reunión: el mirador de los poetas. Pero a Peke, a Rubén y a mí nos quedaba aún un largo trecho hasta llegar a ese punto. Peke consiguió superar la parte asfaltada, (la de mayor pendiente), pero su dolor de espalda, que ya subía hasta el cuello, le hizo desistir de continuar, y a la mitad de la subida, larga subida de casi 14 kilómetros, decidió deshacer lo recorrido y volver a Navacerrada a recoger el coche y volver a casa. Una pena por él, porque todos sabíamos lo mucho que le hubiera gustado poder terminar una vez más esta épica ruta.
Ya sin Peke, Rubén y yo, a un ritmo más vivo, fuimos consumiendo los kilómetros que faltaban encontrándonos a nuestro paso a Nacho y a Juan Carlos que hacían un pequeño alto en el camino.

La llegada al mirador de los poetas fue rápida, y tras un instante para recuperar el resuello, reiniciamos la marcha hacia la pradera de Navarrulaque, punto en el que se encuentra el reloj de Cela y que en llano, casi bajada, continúa hacia la fuente de Antón Ruiz, el mirador de la Reina y finalmente el alto de la Fuenfría a 1792 metros de altitud.
En el alto de la Fuenfría aprovechamos para comer, charlar, hacer fotos y comentar lo que se nos viene encima. De momento nadie piensa en la inevitable subida que aún nos queda por hacer. Todos pensamos en la vertiginosa bajada que viene a continuación como premio al primer esfuerzo de haber coronado el alto. Así pues, los más “killers” se vistieron con su “traje imperial”, sus cascos integrales, sus protecciones y sin solución de continuidad, nos dispusimos a divertirnos de lo lindo bajando nuestro siguiente objetivo: el carril del Gallo. Así pues, dejábamos el primero de los valles de los cuatro de los que consta la ruta (el valle de la Fuenfría), para adentrarnos en el segundo de ellos, el valle de Valsaín, ya en la provincia de Segovia.
En la aproximación al carril del Gallo, y justo antes del desvío al camino Schmidt, camino que tomó Ángel (Arrojo), ya que no se encontraba con las suficientes fuerzas como para subir después el camino viejo del Paular, nos encontramos con nuestros amigos los SMS. ¡¡Qué alegría es encontrarse con los amigos en plena ruta!!. Tras los saludos varios, abrazos, comentarios, bromas y reencuentros, volvimos a separar nuestros caminos, unos hacia el Gallo, otros hacia la Fuenfría en busca de vaya usted a saber qué maldito pedrolar (los SMS son así, lado oscuro).

Nosotros, por nuestra parte, fuimos a encontrarnos con el parque temático que supone el carril del Gallo…una mezcla de senda, sendero y trialera que no deja a nadie indiferente y que auténticos bajadores como Javi_apf, Zarzo, El Negro, Raúl, Dalopo, etc., disfrutaron como auténticos críos. Otros lo gozamos igualmente, y es que cada vez que pasamos por allí nos divertimos aún más.
No sé cual fue el orden de llegada, solo sé que tras la parada de Zarzo, que iba delante de mí, para hacer fotos, me encontré todo el camino despejado, seguido muy de cerca por Jose (El Negro), y que al llegar a la pradera en la que solemos reagrupar antes del tramo más pedrolero, allí estaba Javi_apf con una sonrisa de oreja a oreja y con la adrenalina a tope después de un descenso de lo más vertiginoso. Poco a poco fueron llegando todos los componentes del ya mermado grupo (Peke se había vuelto y Ángel había tomado el camino Schmidt), y cuando estuvimos todos listos, nos encaminamos hacia la segunda parte del Gallo, parte que sólo unos pocos bajaron subidos en sus monturas…Zarzo lo consiguió, salvándole su Pike de una caída segura al encajarse su rueda en un pequeño escalón de piedra, Dalopo lo consiguió igualmente, como también lo hicieron Javi_apf y Santi. En el camino se quedaron otros que también lo intentaron…y otros que ni siquiera nos lo planteamos.

El Gallo termina en un divertido sendero que termina cruzando el Arroyo del Telégrafo, que no llevaba mucha agua pero que alguno sí que cató (verdad Juan Carlos?).
Una vez atravesado el Telégrafo, iniciamos un rápido descenso por pista hasta el final de las siete revueltas de la carretera del Puerto de Navacerrada. La diferencia con la ruta del año pasado es que, en este punto, cogimos la carretera para llegar a la entrada del camino viejo del Paular. Este año, sin embargo, el maestro Marek trazó una variante que, 

atravesando los senderos “Marek” (ya sé que él jamás los llamará así), nos deja en el puente de la Cantina. Fue en la parte final de estos senderos donde Jesus acabó en el suelo (tributando, como dicen los killers), afortunadamente sin consecuencias. Yo, aún estoy alucinando con cómo pudo ser capaz Jesus de completar la ruta con las cubiertas que llevaba su bici…
Una vez llegados al puente de la Cantina, punto en el que comienzan las Pesquerías Reales, atravesamos la carretera hacia el otro margen para, por una senda desconocida adentrarnos en el bosque en busca del camino de la fuente de la Canaleja atravesando la vereda del mismo nombre. Algunos éramos conscientes de la dureza de alguno de sus tramos, pero no éramos conscientes de la belleza del entorno.

La vereda de la Canaleja es exactamente eso, una vereda que se adentra en un precioso bosque de pinos salpicado de helechos en esta época del año, que, en su parte inicial no tiene una especial dificultad más allá de un par de pasos un poco complicados, pero que, una vez atravesado el arroyo del Cancho se convierte en un rampón de más del 20% de desnivel sostenido durante cerca de 300-400 metros que sólo unos pocos subieron montados; que yo pudiera ver, Dalopo y Santi lo consiguieron, aunque estoy seguro de que no fueron los únicos. Los demás, pie a tierra y a empujar la bici un buen rato…
La rampa termina en una pista llana preciosa que atraviesa un magnífico bosque, del que se puede apreciar la belleza en las multiples fotos de los reporteros gráficos.
Pero la subida, la tercera del día, no había hecho más que empezar. De los aproximadamente 6 kilómetros de subida, tan sólo habíamos completado los primeros 2 kilómetros. Los restantes 4 pertenecen a la brutal subida del camino viejo del Paular. Sus rampones sostenidos a más del 20% y la dificultad tanto física como técnica de los últimos 500-700 metros hacen de esta subida una de las más duras de toda la Sierra de Guadarrama.

Sé, porque así se comentó, que más de uno (y de dos), lo subió todo montado (al menos hasta la parte final). Yo, por mi parte, lo subí también completo, pero no me quedó más remedio que echar pie a tierra a mitad de la subida y descansar un rato para recuperar fuerzas. Y es que los más de 1.200 metros de acumulado en las piernas, los casi 35 kilómetros de ruta y las más de 5 horas sobre la bici, unido a la cercanía del “momento bocata”, pesaban bastante en mis piernas. Aun así, me queda la satisfacción de que el año pasado sí que la subí por completo (qué bueno es estar en forma).
No sé exactamente qué hora sería…quizá las 14:30-14:45 de la tarde cuando nos sentamos todos en la terraza de Venta Marcelino a devorar nuestros respectivos bocatas. Allí nos esperaba de nuevo Ángel (Arrojo), que tras haber sufrido en el Schmidt, había cogido la carretera y se había plantado allí viniendo desde el Puerto de Navacerrada.

Con el segundo objetivo cumplido, y una vez habiendo dado cuenta de la comida, nos dispusimos a seguir nuestro camino. Aún nos quedaban cerca de 30 kilómetros aunque lo complicado ya estaba resuelto. Por la tarde quedaba lo más divertido…las bajadas.
La única forma de llegar con el mínimo esfuerzo desde el Puerto de Cotos hasta el Puerto de Navacerrada es por carretera, y así lo hicimos. Lo favorable del terreno y las renovadas fuerzas tras la comida, hicieron que los cerca de 7 km que separan uno y otro puerto los recorriéramos en muy corto período de tiempo. Una vez llegados al Puerto de Navacerrada se sucedieron las separaciones. Por una parte Marcos (Markievich), se empeñó en subir a la Bola del Mundo, y así lo hizo, separándose del grupo principal camino de su objetivo. Sólo le volveríamos a ver ya en el punto de llegada en la Plaza del Gargantón.

También dejaba el grupo Juan Carlos, que decidió bajar por carretera sin “catar” el camino del Calvario. Los demás nos dirigimos hacia el tercero de los valles del día: el valle de Navalmedio por el que discurre nuestro siguiente objetivo: el camino del Calvario que recorrimos en una gran parte…prácticamente hasta la altura del pino de la cadena. La bajada por el Calvario es francamente peligrosa; mucha piedra suelta, el terreno muy irregular, por momentos mojado…un auténtico suplicio para las muñecas y los antebrazos y que no te permite ni un segundo de relajación.
A la altura del desvío hacia la estación del Ventorrillo, el grupo vuelve de nuevo a separarse: Pachi, Nacho y Ángel deciden seguir bajando el camino del Calvario hasta Cercedilla, desde donde llegarán a Navacerrada por un camino alternativo.
Los demás, 18 en total, nos dispusimos a ascender de nuevo durante unos tres kilómetros por la pista del Pinar de la Barranca. En este punto a El Negro le empiezan a “molestar” sus cuádriceps”, y mientras el grueso del grupo tira pista hacia arriba, Zarzo, Karpov, Marek y servidor se quedan con él a cola de pelotón mientras el brebaje que Zarzo le dio le hacía efecto y le hacía renacer de sus cenizas (como me acuerdo de su hermano en este mismo punto el año pasado…la pista del pinar de la Barranca se quedará ya como la pista del renacer de los hermanos Bueno).

La llegada al mirador que da acceso a la senda Ortiz nos deja una vista magnífica: las cuatro torres de la Castellana se distinguían a la perfección, y es que el día estaba tan sumamente claro que éramos capaces de ver perfectamente la ciudad de Madrid. Además, el mirador es el punto de entrada al cuarto y último de los valles que recorrimos: el valle de la Barranca.
No sé si es la sensación de saber que no queda prácticamente nada por subir o que la senda Ortiz sube la concentración de adrenalina a límites insospechados (sobre todo en mí), pero en ese momento ya no duelen las piernas, ya no hay cansancio, sólo hay ganas de disfrutar al máximo con una de mis bajadas favoritas de toda la sierra…y es que la senda Ortiz es muy, muy especial para un servidor. Eso sí, hay ruedas aún inalcanzables, y la de Zarcete es una de ellas (como baja el tío por el Ortiz!!!, desbocado es poco).
Casi al final de la bajada del Ortiz, que disfruté como si fuera la primera vez, Zarzo se desvió para bajar hasta la pista de la Barranca por la variante de la “Mamajuana”. Está tan fuerte el tío que tras bajar la mamajuana, volvió a subir la pista para encontrarse de nuevo con nosotros para bajar por los Alakan.
No sé qué tendrá el Ortiz, sólo sé que uno a uno, los que iban llegando al fin de la senda, llegaban con una magnífica sonrisa en la cara…y eso después de llevar en las piernas más de 50 km y más de 1600 metros de acumulado.
Así pues, nuestro siguiente objetivo eran los senderos Alakan a los que se accede terminando de subir unos 500 metros por la pista de La Barranca. Las fuerzas ya eran bastante escasas, pero saber que lo que queda es sólo bajar, bajar y bajar, ayuda mucho. El descenso por los senderos Alakan es bastante vertiginoso; algo técnico en su parte inicial y muy rápido en su parte media donde se interrumpe por la llegada al Regajo del Pez que desemboca pocos metros después en el río Navacerrada.

Las caras de satisfacción de los 18 eran ya sobresalientes. Y es que muchos de nosotros llegábamos a ese punto con las fuerzas bastante justas, aunque otros iban muy sobrados de fuerzas (verdad Agila?).
Tras terminar de recorrer los Alakan y cruzar la presa del embalse superior de Navacerrada, nos dispusimos a bajar a toda velocidad, casi a tumba abierta, la pista de la Barranca que tomamos para enlazar con los últimos senderos del día: los senderos de los Almorchones.
¿Se puede esperar mejor combinación de lugares para una misma ruta?.
Finalizar los Almorchones casi a toda velocidad y volver a Navacerrada por la vereda del camino de Santiago después de una jornada completa de Mtb rodeado de grandes compañeros y amigos y con el subidón de los más de 60 km recorridos con más de 1700 de acumulado es una de las sensaciones más deliciosas que puede tener todo amante de las dos ruedas gordas…un verdadero subidón que hace que tenga sentido el madrugón, los días de esfuerzo preparando la ruta y el nerviosismo de los días previos.
Llegados a este punto quiero hacer unas pequeñas menciones especiales. Primero a nuestro gran Agila, que el día después de este rutón quedó tercero en una prueba en Toledo lo que demuestra que es un auténtico superclase. En segundo lugar a Zarzo y a Rafi, que se marcaron una pedazo de jornada de 90 km con más de 2000 de acumulado saliendo casi de madrugada desde Comenar Viejo..¡¡y Zarzo se quedó con ganas!! (qué tendrá ese maldito brebaje). También nombrar a Rubén (Karpov), ideólogo y organizador de lo que es ya para nosotros una clásica épica, gracias por tu esfuerzo, compañero. Al maestro Marek, porque sin sus pateos, sin su conocimiento de la sierra y sin sus tracks, rutas así serían imposibles. A Pablo, porque me reconoció que apenas durmió las noches anteriores por la intranquilidad que le producía una ruta así; es increíble hasta donde llega la humildad de alguien tan en forma. A Marcos, porque su cabezonería le llevó a subir a la Bola tan sólo “porque le pillaba de paso”; a mí me pillaba de paso también, pero no sé por qué no me llamaba la atención…

A Peke y El Negro…los hermanos Bueno. Porque hay que acordarse de los momentos malos para poder disfrutar de los buenos. Y a Peke ya le toca que vayan llegando los buenos. El tesón de presentarse el día “D” en las condiciones en las que se presentó es digno de admiración.
Y a todos los demás, entre los que me incluyo. Los que acabamos y los que no pudieron acabar, a todos, mi enhorabuena y mi agradecimiento. Es un honor compartir tantas horas y tanto disfrute con gente como vosotros…todos…(y no nombro ninguno por no anteponer a nadie…).
En rutas épicas como ésta, de tanta belleza, de tanto esfuerzo y con tanta variedad es donde uno llega a la conclusión de que este deporte es mucho más que un deporte, es quizá una forma de vida.
Y acabando como empecé…¿Cuánto de grande ha sido vuestra gloria, vuestra gloria personal?.
                                                                     Fotos de Jesus
                                                                     Fotos de Ruben
                                                                     Fotos de Marcos y Zarzo
                                                                     Fotos de Santi
                                                                     Fotos de Dalopo
                     
Ruta loca 2 por dm_51c3fbf951211

3 comentarios:

Jesus Barba dijo...

muy grande la cronica maestro cronista, solo un par de detalles, el amigo de santi se llama como yo jesus, y juancarlos se bajo por carretera desde el ventorrillo, por lo demas inmaculada, me has hecho sudar y sufrir subiendo por el camino viejo, al igual que volver a sonreir bajando el gallo, el ortiz, los alakan, los almorchones, ganmde muy grande, gracias por el relato

saludos

Juan Carlos dijo...

Gracias Jesús. Palabras como las tuyas animan a seguir haciendo las crónicas.

Pido disculpas por los errores. Ya comenté con Javi que cambiara el nombre. Lo que no sabía era lo de Juan Carlos. Así que si hay posibilidad se cambiará también...

Gracias de nuevo, maestro fotógrafo!!!!

JT dijo...

Una cronica genial, fue un dia muy divertido,incluso "tributando" como bien dices, a por cierto si llegue al final "mis ruedas no seran tan malas" bueno o son las ruedas o el "biciclista".
Un saludo Jesús.

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