sábado, 30 de noviembre de 2013

El Castañar del Tiemblo

   Crónica de JuanCar

(...) Daría un largo paseo por el bosque y embriagaría mis ojos con todas las bellezas del mundo de la naturaleza, intentando desesperadamente absorber el gran esplendor que se despliega en todo momento ante lo que pueden ver.
Helen Keller
Hacía ya mucho tiempo que le teníamos ganas a la zona de El Tiemblo. Ya el año pasado, al ver las fotos de los bicivoladores en el castañar, pensamos que más pronto que tarde teníamos que acercarnos a rodar por allí. El problema para nosotros es la logística, y es que El Tiemblo, a poco más de una hora y veinte minutos desde Madrid, se hace un poquito lejos para ir, pedalear, y darse la vuelta a casa y más teniendo en cuenta que las rutas por allí no son precisamente fáciles, por lo que teníamos que buscar el fin de semana propicio para poder ir todos con menos prisa de lo habitual.
Llevábamos, pues, bastantes semanas, yo diría que meses, planificando el mejor fin de semana para ir, la ruta que más se acomodara a nosotros, y el grupo de amigos que asistiría. En un principio, las fechas elegidas se acercaban más al principio del otoño, con lo que suponíamos que el castañar iba a estar en su punto más bonito pero la posibilidad de que muchos de los compañeros no pudieran asistir hizo que se propusieran fechas más entradas en el otoño. La fecha elegida, pues, fue el sábado 30 de noviembre y a riesgo de no poder visitar el castañar y sus alrededores en su máximo apogeo.
Llegó el día. Un día frío y ventoso que no era más que la continuación de los días casi invernales que habíamos estado sufriendo. Eran las 7:20 de la mañana, cuando salíamos algunos de nuestro punto de origen habitual camino de la provincia de Ávila. Era noche cerrada y hacía un frío intenso. El cielo se adivinaba completamente despejado aunque la previsión meteorológica anunciaba nubes, frío y viento por la zona de El Tiemblo. Según íbamos acercándonos a nuestro destino por la conocida autovía-carretera de los pantanos y mientras amanecía, veíamos como el cielo se iba llenando de nubes grises y amenazadoras. Aun así estábamos tranquilos, era seguro que no iba a llover, tan seguro como que íbamos a padecer un frío del carajo. A la entrada de El Tiemblo Pablo, Jesús y yo nos cruzamos con un coche que llevaba en lo alto una bici: nuestro amigo Trisqui estaba, como nosotros, llegando al punto de inicio de la ruta en el que ya estaban Pachi, Javi_apf, Walles, Antonio, Gorcam y Marek. Mejor dicho, estaban sus coches, porque de ellos no había ni rastro, habían salido huyendo hacia el cercano Hotel a refugiarse del frío y de paso tomarse un café calentito mientras llegábamos los demás.
No pasó mucho tiempo hasta que aparecieron todos. A los anteriores se sumaban en muy pocos minutos Agila, Karpov, Peke, Manuel y Markievich. Es decir, quince compañeros que no estábamos dispuestos a que el frío, el viento y la más que probable nieve que veíamos en las alturas nos impidiera disfrutar. Tras pertrecharnos bien con todas las capas cebolleras de que disponíamos, y una vez que todos estuvimos preparados y listos, nos dispusimos a comenzar nuestro periplo por esta parte del sistema central. La idea inicial, la que habíamos estado urdiendo durante semanas era seguir el track que Efrén y los bicivoladores habían realizado el año anterior: salir de El Tiemblo hacia el castañar, llegar a Casillas para subir el puerto y atravesando el valle de Iruelas, volver a El Tiemblo bordeando el embalse del Burguillo. Pero dicha idea inicial parecía no convencer a los que conocen la zona como el pasillo de su casa, y Trisqui, gran sherpa y conocedor de aquellas latitudes, nos convenció de que la forma en la que íbamos a hacer el track era bastante más dura que si lo hacíamos en sentido contrario. Tras un breve momento de reunión inesperada, decidimos hacer caso a Trisqui y emprendimos la marcha camino del embalse del Burguillo para hacer nuestra ruta circular en sentido contrario al que inicialmente habíamos previsto. Los primeros  casi 10 kilómetros los hicimos por carretera en ligera pero continua pendiente ascendente y con un viento helado que, básicamente nos soplaba de 
cara. En seguida se rompió el grupo con Trisqui, Agila, Marcos y Manuel a la cabeza y a bastante distancia el resto también dividido en dos pequeños grupos mientras serpenteábamos primero por la N-403 hasta la presa del embalse de Burguillo y después por la AV-P-418 que nos adentra en las proximidades del valle de Iruelas. El recorrido de estos primeros 10 km es rápido y vivo, con un paisaje curioso ya que la carretera se encuentra justo por encima del embalse a nuestra derecha, y un frondoso bosque de pinos a nuestra izquierda, con el cielo totalmente encapotado ya. La llegada a la presa por la N-403 fue la parte más rápida de la ruta. Justo en ese punto abandonábamos la carretera 
nacional para, tomando la AV-P-418, ir adentrándonos en el valle de Iruelas. Y casi como punto de acceso, como lugar de paso obligado, paramos en la ermita del Carmen que nos serviría para cumplir dos misiones: agruparnos y visitar un curioso mirador sobre el embalse del Burguillo al que se accede por una pasarela de madera. Las vistas del pantano son cuando menos curiosas, y supongo que en un día despejado y soleado las vistas del macizo de Gredos han de ser francamente espectaculares, de las que nosotros, 
desafortunadamente no pudimos disfrutar. Tras salir del mirador y de la ermita del Carmen, el camino hace una especie de giro de 90 grados hacia el sur para adentrarse en el valle de Iruelas siguiendo una de las colas del embalse. Los primeros metros dentro del valle ya resultan espectaculares. La garganta del Iruelas es preciosa. Rocosa, todo lleno de un musgo de color verde intenso, en el interior de un tupido bosque de robles que en muchos casos resaltaban por su intenso color amarillo-marrón. Poco a poco, y siguiendo la pista asfaltada, nos vamos adentrando más y más en el valle, aún sin sufrir ninguna pendiente de especial consideración, hasta que, justo después de parar en un puente sobre el río, en un entorno que yo me atrevería a calificar de mágico, empezaban las rampas que nos llevarían al puerto de Casillas. Pero permitidme que me quede un rato en el puente. El puente, de piedra, que atraviesa el río desde su margen derecha a la izquierda, deja 
entrever un paisaje espectacular. Las rocas aún más salpicadas de un musgo de un verde aún más intenso, el agua, corriendo río abajo y formando pequeños saltos entre las piedras que llenaban el curso del río, y el bosque, al fondo, precioso. Un bosque mixto de pinos, algún que otro castaño y sobre todo robles, que aunque ya en una fase de entrado invierno nos mostraba una exuberancia exquisita. Es como uno de esos bosques de los cuentos infantiles donde perfectamente podían vivir Hansel y Gretel. Pero nuestro cuento era más duro que el de los Hermanos Grimm. Atravesar el puente y comenzar las rampas fue todo uno, y comenzar las rampas y empezar a aparecer nieve en el suelo, también fue todo uno. Vamos, que a la maravilla que era el entorno en el que nos encontrábamos, había que añadir el encanto de la nieve, en perfecto estado, nada helada…nieve en polvo que se llama. Poco a poco, y ya claramente divididos en dos grupos, íbamos negociando las rampas de la subida al puerto de Casillas. Cuanto más subíamos, más dura era la 
pendiente y más empeoraban las condiciones ya que la capa de nieve iba teniendo más espesor aunque esto no dificultaba en exceso nuestro pedalear, es más, bien al contrario nos parecía encantador poder estar por allí, en ese entorno y en esas condiciones. Fue en una de las curvas de casi 180 grados cuando pudimos comprobar, una vez más, la belleza del paisaje. La altura alcanzada nos permitía poder ver las cumbres más altas totalmente nevadas y las laderas de las montañas cercanas a trozos verde, a trozos amarillo/marrón, y es que la mezcla de robles, pinos y castaños, en esta época del año produce ese efecto colorido tan maravilloso. Las reagrupaciones en la subida fueron bastante numerosas. Unas veces debido a que algunos íbamos quedándonos más rezagados y otras a alguna que otra avería, como fue mi caso, que si no es por Antonio, no me doy ni cuenta de que había pinchado mi rueda trasera y probablemente hacía muchos metros, y es que rodar en nieve tiende a confundir tus sensaciones.
Poco a poco, disfrutando de la nieve, del paisaje, de los charcos totalmente helados y soportando las inclemencias del tiempo, fuimos alcanzando el final de la pista que no era otro que el puerto de Casillas, donde el grupo que iba en cabeza se encontraba ya hace bastante rato esperándonos. Ese tiempo de espera se traducía en caras y cuerpos muertos de frío que pedían casi a gritos ponerse en marcha. Así pues, los avanzados del segundo grupo dimos el relevo a los del primero que se disponían a bajar lo ascendido pero por la ladera contraria para esperarnos una vez más en el pueblo de Casillas. 
Cuando el resto de compañeros llegaron a la cima, tras un ratito de descanso y otro de lecciones de geografía del Maestro Marek, que nos enseñó por donde se subía al pozo de la nieve, al alto de Casillas y por dónde podía uno irse hacia la Adrada, retomamos la marcha y nos tiramos a tumba abierta para descender lo ascendido…bueno, no todo lo ascendido, porque mientras que el ascenso se prolongó por cerca de casi 10 km, el descenso no alcanzaba los 6 km de distancia hasta el pueblo de Casillas. La cara sur, por la que descendíamos, no tenía nieve como la cara norte. El frío era igualmente intenso, pero la velocidad que alcanzamos en la bajada amplificaba esa sensación y nos dejó a todos con las manos y la cara heladas. Menos mal que en menos de un pis-pas, estábamos ya en la caseta del polideportivo de Casillas en la que, en su entrada, vimos las bicis de nuestros compañeros que estaban en el interior, en el bar restaurante, empezando a disfrutar de un caldito caliente que les entonara. La idea nos pareció tan buena, que al final acabamos todos con un buen tazón de caldito calentando nuestras manos y nuestros estómagos, mientras una estufa catilítica “SuperSER” nos calentaba a turnos las piernas y pies. 
Era ya bastante tarde, concretamente las 13:15 de la tarde y aún nos quedaban cerca de 20 km de ruta. Así pues, volvimos a ponernos en marcha y a afrontar la bajada hacia el pueblo de Casillas y la brutal subida por las calles del pueblo camino de su salida oeste para ir a encontrarnos con el castañar. La salida de Casillas merece mención aparte. Un pueblo con unas cuestas infernales que acaban en un bosque de robles con unas rampas dignas de consideración. Las piernas, ya resentidas de la subida al puerto de Casillas empezaban a quejarse por el esfuerzo, pero las ganas de terminar, el chuletón que nos esperaba en Casa Mariano, y el espectáculo del castañar del Tiemblo nos animaban a seguir. 
La pista asfaltada da paso a una pista de tierra bastante mojada y algo embarrada por las últimas nieves y lluvias. La pista de tierra da paso a un camino algo más ancho que un sendero que se va adentrando, poco a poco y por un precioso bosque de robles, en el castañar de El Tiemblo.La entrada al castañar, desde Casillas, se hace atravesando una rampa con una pendiente infernal que más de uno y más de dos tuvimos que hacer a pie. Inmediatamente después, una también infernal bajada nos introduce en un maravilloso bosque de castaños, un bosque precioso, con escasa vegetación en el suelo y que nos añade un plus de dificultad: el camino, cubierto de las hojas caídas de los castaños nos impide saber qué hay debajo de ellas y nos invita a extremar precauciones. No es día ni ruta para tener un accidente. 
Enseguida, ya inmersos en el maravilloso castañar de El Tiemblo, alcanzamos a nuestros compañeros más avanzados que estaban esperándonos en el refugio de Majalvilla, un curioso lugar de formas abovedadas cuyo interior está decorado de pinturas de vivos colores. Desde el refugio al “abuelo” hay escasos 100 metros. El “abuelo”, un castaño de más de 525 es una de las atracciones más importantes del castañar. Se trata de un inmenso castaño cuyo tronco, hueco por el paso del tiempo, puede dar cabida completa a 
un grupo tan numeroso como el nuestro. Una especie de monumento natural que recibe miles de visitas al cabo del año y situado en un entorno que yo calificaría de simplemente espectacular. La visita al “abuelo” coincidió con la reparación de la rueda trasera de la bici de Pablo, la segunda avería del día que no tuvo más importancia. Por lo que una vez reparada su rueda, retomamos de nuevo el camino al que sólo le restaban ya escasos 12 km y en franco descenso. Así pues, tras terminar de atravesar el castañar y salir por su aparcamiento, tomamos la pista que nos conduciría sin remedio hasta las calles de El Tiemblo.   
El descenso fue rápido, y en poco más de media hora estábamos ya de regreso en los coches. Era tarde, bastante tarde. El reloj marcaba más de las 16:00 y algunos compañeros decidieron que lo mejor para ellos era tomar un bocadillo rápido mejor que sentarse en Casa Mariano. Así pues, quitando a Trisqui que volvió a casa sin quedarse a comer, Pachi, Marek, Pablo, Gorcam y Terminal, buscaron un sitio para comerse un bocadillo rápido y salir pitando hacia sus respectivas casas, mientras que los nueve restantes: Walles, Antonio, Javi_apf, Peke, Agila, Manuel, Marcos, Rubén y yo nos quedábamos en casa Mariano dándonos un auténtico atracón. Algunos comieron de menú, otros nos hartamos 
de judiones y de chuletón, pero todos acabamos a reventar, llenos de verdad y satisfechos por la ruta y por la opcional en forma de comida. Al subirnos en los coches caímos en la cuenta de que ya estaba anocheciendo. Eran más de las 18:00 cuando salíamos de Casa Mariano, y la noche se nos echó encima antes de salir de El Tiemblo.
Yo, por mi parte, salí de allí con la sensación de que el tiempo se me pasó muy rápido. Una experiencia digna de repetirse como mínimo una vez al año en la que la compañía, la ruta, el paisaje, el olor y la comida son en toda la extensión de la palabra, excepcionales.
                                                                        Fotos de Jesús
                                                                        Fotos de Marcos y otros

domingo, 24 de noviembre de 2013

Una Maria y gracias

                                                                    Fotos de Jesus
                                                                    Fotos del Negro (Jose)

domingo, 10 de noviembre de 2013

CumpleZarzo en el Cañón

                                                                       Fotos de Jesus

domingo, 3 de noviembre de 2013

Desde Alpedrete a Cercedilla sin pedrolos ¡jeje¡

                                                                           Fotos de Jesus

domingo, 27 de octubre de 2013

Recortamos el Tres Provincias

  Despues de  la paliza que nos pegó el Tres Provincias había  ganas de revancha y la mejor forma que encontramos es recortar el track clásico en unos 15 kms, lo que no quiere decir que sea un paseo, tiene mas o menos 19 km de subida de un tirón. Para esta revancha aprovechamos el fin de semana del cambio de hora, lo que nos daba una hora de propina, lo que unido a un domingo que se presentaba con buen tiempo nos hizo juntarnos once compañeros en el pueblo de Somosierra, Jesus(Terminal), Pablo, Antonio, Javi Carvajal, Joseuno, Pachi, Fernando (Ciclo), Amador (Cronos), Rodrigo, Jose (Ballesteros) y el humilde cronista de hoy, Javi (Marek). Mención especial para Rodrigo y Ballesteros que creo que no se habian visto en otra prueba como esta, tanto fisica como animica.
A las ocho y cuarto mas o menos despues de saludarnos y charlar un poco iniciamos la marcha en direccion Madrid por la carretera, en este primer tramo nos acompañaba Santi (LCIRPM) que junto con dos amigos iba a hacer una ruta por la zona. La velocidad que se coge hacia que sintieramos algo de fresco, sabiamos que no iba a durar mucho, pronto empezariamos a sudar, a todo esto Pachi habia cogido carrerilla y se habia pasado el desvio, no seria la primera vez, asi que hubo que llamarle a gritos. Al ir a entrar en la dehesa de Somosierra primer mosqueo, un cartel nos indicaba que se iba a realizar una batida de jabali en la zona, por suerte nadie dudo y pasamos la puerta y empezamos la primer subida del dia, despues de atravesar el arroyo de la  Dehesa nos esperaba una subida tecnica que unida a lo pesado del terreno obligo a echar pie a tierra a practicamente todo el mundo, una vez arriba Santi y sus compañeros siguieron dentro                                            
 de la dehesa y nosotros salimos para enlazar con el track que hicimos en Julio, aqui Pachi volvio a desmarcarse y otra vez a llamarle a gritos, mientras tanto yo segui el track para abajo pensando que la mayoria me seguia y cuando enlazo con la pista de subida y miro para atras resulta que voy solo, sigo un poco para delante y de repente oigo a Jesus que me llama asi que vuelvo al inicio del camino a esperarles, una vez todos juntos otra vez me acoplo como es mi costumbre al furgón de cola, asi que casi todo lo que cuente ahora es mi visión desde la retaguardia. La verdad es que he disfrutado acompañando bastante rato a Rodrigo y Ballesteros hasta el collado de los Mosquitos y viendoles la cara y los gestos que hacian, algunos tramos lo han pasado mal pero no se han rendido en ningun momento y al final lo han conseguido.
Hasta llegar a los Mosquitos la ruta transcurre por un pinar de repoblacion que tiene a la izquierda las estribaciones de la Cebollera Nueva y a la derecha unas veces el valle del Lozoya con la Cuerda Larga y Peñalara al final y un poco mas cerca la sierra de la Cabrera, otras veces la vista cambia y lo que vemos es el embalse del Atazar, la peña de la Cabra, la Tornera, el Porrejón, vamos la naturaleza en toda su máxima expresión, sin prisas pero sin pausa nos acercamos al punto desde el cual la ruta
nos va a mostrar toda su dureza, Rodrigo y Ballesteros continuan su marcha disfrutando de los momentos y sabiendo que cada vez tienen mas cerca su objetivo, despues de una serie de revueltas ya se intuye la pista que en alguna ocasion hemos utilizado para bajar a Horcajuelo, aqui Rodrigo se distancia un poco y yo aflojo la marcha para acompañar a Ballesteros llegamos a la pista y despues de rodar juntos unos metros me dice que va bien y como ya no hay posibilidad de perdida y siempre teniendole mas o menos a la vista me uno a Rodrigo y poco despues atravesamos el paso canadiense
que nos deja en el collado de los Mosquitos, hablamos con los compañeros que ya llevan un tiempo alli y empezamos a comer un poco, Ballesteros no tarda mucho en llegar y tambien aprovecha para comer algo, aprovechamos tambien para hacer la primera foto de grupo, ya es un clasico el hacerla en
este sitio, se ve la satisfacción en los rostros de todos, pero alguno no puede evitar que se le note algo mas. A partir de aqui queda lo mas complicado asi que sin perder tiempo iniciamos la marcha, la ya
famosa primera rampa nos coloca en fila de a uno y se forma una procesion de ciclistas, mientras
nosotros subimos vemos bajar por el cortafuegos que continua nuestra pista un todo terreno, cuando el camino gira a la derecha, atras quedamos Rodrigo, Ballesteros y yo, aqui cada uno tiene que aprovechar sus fuerzas para llegar a la Cebollera Vieja que nos reta en la distancia, creo que la disminucion de kilometros nos han ayudado a todos, por lo menos a mi si, y creo que hemos llegado mas frescos que otras veces, despues de bordear cabeza Tempraniego llegamos al collado donde se aprovecha para hacer un alto y disfrutar de la vista, aqui esta Jesus haciendo fotos a todo lo que se menea, me quedo con el y le comento que los que vienen detras no estan muy lejos, en eso y separados tambien pasan tres colegas que estan haciendo una ruta por la zona, a lo lejos se ve a
nuestros compañeros que han seguido la marcha, parece mentira lo que queda todavia desde aqui , se ven como pequeñas motas de color que avanzan poco a poco por la ladera de la montaña, al rato aparecen los dos rezagados y lo hacen como los grandes dando pedales, Jesus con gran vision les dice que no paren y sigan para arriba, al poco Jesus y yo les imitamos e iniciamos la parte final de la ruta, pasamos a nuestros compañeros y nos disponemos a coger al ultimo de los bikers que habia pasado antes, Jesus fuerte como va lo  consigue y esta apunto de pillar al que iba delante, le falto poco pero consiguio llegar arriba montado, yo mientras tanto consigo alcanzarle y cuando le estoy pasando hace un extraño y yo por las dudas echo pie a tierra, la verdad es que me ha quedado poco, me uno a los compañeros que ya tienen lleno el chozo pastoril que hay alli, pero nada que ver a como estaban este pasado mes de Julio, de hecho alguno estaba recostado tomando el sol, mientras llegaban nuestros ultimos compañeros, Pachi nos repartio unas onzas de chocolate de las que dimos buena cuenta. Rodrigo y Ballesteros llegaron uno detras del otro y se tomaron un respiro, creo que fue el momento en el que se dieron cuenta lo que habian conseguido y Rodrigo dijo una frase que se quedara en la mente de mas de uno:"Si todos los dos miles son asi, no me lleveis a otro sitio" no es literal pero es
 su idea. Desde aqui nos montamos en las bicis e iniciamos el ultimo tramo que nos llevara al monolito y al vertice geodesico y hay que hacerlo a lo grande encima de la bici y pedaleando, una vez en el Tres Provincias empieza la sesión fotografica, se forma una cola y Jesus va retratando uno a uno a todo el grupo, comemos algo y hacemos la foto de grupo en el punto mas alto asi que rodeamos el vertice, a los que es la primera vez que suben se les nota en la cara, ademas han tenido suerte con el dia y hay vision hasta muy lejos, pero todo se acaba y hay que iniciar el descenso.

No se si es ya por las veces que hemos estado pero el tramos pedrolero del principio tenia muy marcada la trazada, asi que fuimos montados mas que otras veces, de hecho mas de uno creo que lo hizo entero sobre la bici, lo que queda desde aqui es una bajada en la que se disfruta bastante, de hecho Rodrigo y Ballesteros se lanzaron y dejaron atras a los que bajamos mas tranquilos, al llegar a la pista de enlace el ya clasico pinchazo-reventon que no falta nunca en este tramo, una vez reparado

hay que seguir bajando y gozando de las vistas y del desnivel, pero todo se acaba y esto termina una vez que vadeamos el Duratón, aqui hubo visita turistica a la chorrera de los Litueros y segun iban volviendo se dirigian a los coches, no era cosa de tentar al bonobici. Lo unico malo de esta ruta son

los dos kilometros ultimos por la antigua N-I en una subida tendida en la que suele soplar siempre un vientecito que dificulta el rodar, por desgracia no hay forma de suprimirlo.
Creo que hemos disfrutado todos de la ruta pero tengo que hacer mencion especial a Rodrigo, cada vez va mejor y lo pasa en grande y a Ballesteros, despues de tres meses sin montar se atreve con un miura como el Tres Provincias.



                                                                          Fotos de Jesus

domingo, 20 de octubre de 2013

Senderos de Valmayor

                                                                   Fotos de Jesus

El cañon del rio lobos

Crónica de Rubén (Karpov)


“Non nobis domine, non nobis, sed nomine tuo da gloriam”.
“Haz lo que puedas, con lo que tengas. En donde estés….pero siempre llévanos a la gloria”.
Proverbio templario

Preparar la logística de esta empresa ha sido fácil la verdad, la ilusión por compartirla muy grande, la pena por no haberla podido disfrutar con todos los que realizo las rutas de los fines de semana también y la incertidumbre por como saldrían las cosas bastante acusada (hasta el punto de no dejarme dormir mucho por las noches).
Ya hace bastante tiempo que realice esta ruta, y varias veces, siempre a pie como un paseo que te das por el parque cercano a tu casa (eso sí, si tu paseo incluye el vadeo varias veces del rio Lobos, metido en un cañón de caliza con unas paredes verticales inmensas y rodeados del majestuoso vuelo del buitre leonado), y la verdad que tenía ganas de al menos realizarla en parte en bici.

La oportunidad me la dio la necesidad de compensar al amigo Jesús (Agila) por no haber podido ir a hacer este año la Pedales de Occitania por la avería de mi viejo coche (queda en la bandeja de pendientes para el año que viene), así que puse la idea en el foro de los pedrolos pensando que no se animaría gente, cuál fue mi sorpresa cuando cuatro amiguetes más se apuntaron(al final se cayó zarzo, una pena), con lo cual los ingredientes para un finde completo estaban más que servidos.
Tras la ruta de ayer 19 subiendo al pico Urbión (ver crónica de Juancar) respetándonos el tiempo y con el palizón aun en las piernas y el alma henchida, sabedores de haber hecho algo grande y en la mejor compañía afrontábamos hoy una ruta totalmente diferente de todas, de las de cámara en mano a full de batería y parar a cronos en su inexorable y cruel avance, de abrir los ojos del alma e imprimirla de cada color, cada sonido, cada brizna de aire, DE TODO.
Para los que les guste el tema cultureta (homenaje a Juancar), os diré que el Cañón del rio Lobos nace en Burgos y pasa enseguida a Soria, son 25 kilómetros de paredes calizas mesozoicas donde confluyen una doble erosión, la propia del rio y la de la estructura de las propias paredes que disueltas por el agua han producido muchas zonas cóncavas (lermas). La zona que nosotros realizamos fue desde la entrada del cañón en Ucero (Soria) hasta Hontoria del Pinar (Burgos). El agua discurre subterráneamente con lo que se crea una zona de lecho que parece un pedregal en varias zonas. Como dato adicional comentaros que en todos los farallones de las paredes habitan multitud de aves pero sobre todas aparece el buitre leonado con su majestuoso vuelo.

Una vez soltado el rollo, voy a la chicha. Tras una noche de buen vino y de mejor compañía (como diría Carlos Goñi en su gran canción San Pedro), amanecimos con el día bastante encapotado pero con esa sensación de los toreros ante una gran tarde (algo que yo ya sabía), desayunamos y dejamos nuestro alojamiento en Vinuesa camino de San Leonardo de Yagüe para recoger a Vicente (amigo de Fernando “ciclo”), que vendría a la ruta prevista para hoy. Una vez ensamblado el quinto elemento en discordia, nos dirigimos a nuestra salida en el parking de la entrada del Cañón en la zona de Ucero, pero antes y a modo de aperitivo paramos en el mirador que hay de dicha zona pasado el pueblo de Casarejos. Yo que estaba atento a las caras de mis compis de ruta, disfruté mucho al verlos “ojiplaticos” por el paisaje (lástima que los buitres no nos deleitasen aun con sus vuelos rasantes por la zona, era bastante temprano y supongo que aun las corrientes térmicas no serían las adecuadas para ellos).
Significar que durante el viaje al lugar de salida, Juancar y yo comentábamos la obra y milagros de Fredy Mercury y su obra extensa con Queen (incluso íbamos escuchando parte de su discografía), y como había ido conociéndolos con el devenir de los años…ya veis, a la vejez viruelas (y chupa con tachuelas….y zapatos de chúpame la punta…jeje).
Los preparativos discurrieron entre chanzas y bromas, hasta que una vez montadas las bicis y vestidos los protagonistas, nos disponíamos a iniciar la que es una de las rutas más bonitas que puede hacer todo amante del btt.
Fue comenzar y se hizo el silencio, encajonados entre el comienzo del cañón, era como el escenario al que sale un tenor en la Scala de Milán o como un helado gigante de los que le gustan a Peque…una mezcla de reverencia y de deseo de abrir la puerta templaria de la aventura. Los primeros dos kilómetros Vicente, para evitar la pestosa carretera, nos introdujo por un sendero a la izquierda del parking (el que hay después del restaurante), sendero, que varias veces de manera caprichosa se iba cruzando con el rio y pasando por diversas zonas de agua con muchos nenúfares (vamos de postal la foto), haciendo las delicias de los presentes, pero todo en un significativo mutismo.

Terminado el sendero, y rodeando a derechas un recodo se nos presenta lo que a buen seguro es la joya de la corona e imagen por excelencia de esta ruta, la ermita de San Bartolomé. Muy significativo fue para mi ver a Efrén (ese tío compacto y achaparrado que tiene unos jamones por patas…vamos al más puro estilo bicivolador) que no fue capaz de articular palabra, y yo sabía porque, aquella construcción te había dejado sin palabras amigo Efrén. Los demás tampoco le andábamos a la zaga empapándonos de las imágenes, y es que esta ermita del siglo XIII, mezcolanza de románico y gótico (con solo la capilla ya de origen templario) y encajada en una pared con dos cuevas (la grande y la chica) hace las delicias de todo aquel que le guste la fotografía de paisajes singulares, y vive Dios que este es uno de ellos.
A la ermita le surgen multitud de leyendas (como que por allí pasó el Santo Grial en los tiempos en que desaparecían los caballeros del Temple, o que la cueva grande fue escenario de ritos iniciáticos templarios, o que unida esta ermita con otras de la península forman una Cruz de Malta, emblema templario, etc.), pero como mayor curiosidad de este centro de energía o telúrico es que es un Omphalos, es decir, que dista la misma distancia de los dos puntos más externos de nuestra amada piel de toro (cabo de Creus y de Fisterra, distando a ambos 521 kms y 127 m.), ¿Cómo se os ha quedado el cuerpo?.
De la belleza del lugar, testigo que mejor lo explica son las fotos que tomamos, y multitud que pululan por los mundos cibernéticos.
Aquí a Efrén y Juancar les dio por subir a la cueva grande subidos en sus monturas un buen repechon, pero su rapidez no me dio tiempo a inmortalizarlos, aunque si a su salida, con espectadores de fondo.

Aún con la vista y el alma henchida, y pareciendo auténticos templarios, seguimos camino, pasando por una oquedad en una pared pasados unos metros la ermita, nos encontramos con “el panal de los frailes”, zona en la que los frailes templarios se dedicaban a la apicultura (la verdad que es curiosa la foto, las colmenas parecen setas). Desde este punto hasta la próxima parada (puente de los siete ojos), vamos transitando por el Cañón que se va cerrando, con el amigo Agila a la cabeza, seguido del oriundo de la zona (Vicente…el hombre que jamás verá la película de los Picapiedra….que poco le gustan al jodío las zonas pedroleras con la bici.jeje), Efrén y cerrando más en plan cicloturista Juancar y yo., entre vadeos del rio, alguna pequeña zona técnica y charcas con nenúfares, amén de los vuelos de los buitres que ya nos tenían localizados por si las moscas.

Tras unos diez kilómetros de sendero, llegamos al puente de los siete ojos, de aquí a Hontoria del Pinar (lugar de nacimiento del Cañón) tenemos 12,4 kms. de más sendero algo más técnico por las zonas de piedras existentes. Parada de rigor para tomar fotos y continuar la parte más dura del rutón, con constantes sube y bajas con piedras, raíces y estrechamientos entre árboles.
Desde el Hontoria del Pinar al puente de los siete ojos, el rio Lobos transcurre bajo tierra (estilo ojos del Guadiana), dejando un auténtico pedregal que nosotros bordeamos por un lado.

Conforme avanzan los kilómetros hasta el pueblo burgalés se va abriendo el estrechamiento que conforma el Cañón, saliendo hacia una zona de merendero que pertenece a esta última localidad. Resaltar que esta parte puede ser divertida pues invita a coger velocidad y circular próximo a los árboles le da un plus de flow (en el argot biker).
En Hontoria, Efren propuso deshacer nuestros pasos y retornar por el cañón (propuesta totalmente acertada una vez que hemos hecho la segunda parte, ya contaré porqué….en cierto modo la segunda parte de la ruta creo que decepcionó un pelín), pero al final convinimos siguiendo las indicaciones de Vicente, y las mías propias (siempre he sido de pensar que las rutas hay que hacerlas con el track completo) seguir con lo planeado inicialmente, y es que yo pensaba que la zona del GR 86.1 que salía de la carretera de Casarejos y que nos unía de nuevo al Cañón sería el fin de fiesta perfecto (trialera divertida), cosa que como luego contaré no fue así.
Con la decisión tomada, los cinco bikers nos dirigimos por una pista en subida tendida, pero que a más de uno nos pasó factura debido a la ruta del día anterior, dirección San Leonardo de Yagüe (donde vive Vicente). Este tramo no tiene ningún secreto. Se pasa por una fábrica de puertas que lleva tiempo cerrada, comentando Vicente que volvería a abrir en no mucho tiempo (ojalá, porque es uno de los sustentos de la gente del lugar). Posteriormente se llega a la citada localidad, donde repostamos agua, que tiene un sabor un poco grueso, y es que el oro líquido de esta zona ha de ser tratada ya que al estar rodeados de superficies calcáreas estas aguas no resultan muy potables, necesitando un tratamiento a conciencia.

Aquí Vicente, nos lleva por sus terrenos, el track iba por una zona de pista en subida, y nuestro amigo nos propone algo más suave a priori saliendo desde una zona del pueblo que da a un pinar y llega a la carretera de Casarejos. La primera rampa que vemos es larga, rota y con mucha pendiente y Efren, Juancar (que iba algo más en reserva) y yo miramos como Agila y Vicente tiran hacia adelante y a los tres nos asalta la misma duda (como tiren por ahí o matamos al soriano o no los pillamos y nos funden), afortunadamente giran a la derecha y nosotros respiramos, craso error, lo siguiente eran como cinco o seis sube y bajas cortopetantes y nos vuelve a asaltar la idea de matar al soriano (y eso que la alternativa era fácil…jejeje).

Una vez finalizada esa zona de pinares, bonita de por si, tenemos una bajada rápida y algo peligrosa por los regueros formados en el centro del camino y que a veces te arrinconaban en los laterales del mismo, llegando acto seguido a la carretera de Casarejos, por donde discurriremos unos tres kilómetros (el primero en subida tendida pero ya matadora), hasta el ya comentado sendero del GR 86.1. En este tramo de carretera le pregunto al oriundo Vicente como estaría la zona que yo había pensado como la guinda del pastel, comentado que estaba muy bien y era muy chulo (que jodío el soriano, claro que estaba bien….no había casi piedras….jajajaja, es broma).
Llegamos al citado GR, casi 4 kilómetros de zona en falso llano, que en realidad es un arroyo seco llamado de Valderrueda que desemboca en el río Lobos, la trazada está hecha y solo hay que seguirla, este tramo es exigente, porque no paras de dar pedales y hay giros donde se pierde la perspectiva del sendero y te puedes ir de largo. Se cruza varias veces el lecho pedregoso de este arroyo (me recuerda al arroyo seco de Arganda del Rey, aunque más largo). Agila y Efren van delante y yo intento seguirlos, pero como son dos máquinas pues terminan sacándome bastante ventaja, después llegan juntos Vicente y Juancar. Es aquí donde le comento a Efrén, que su idea primitiva de volver por el Cañón hubiera sido más acertada (pero bueno nos sirve como excusa para volver algún día), ya que este tramo a mí personalmente me ha dejado algo chafado (es difícil, cuando lo comparas con el resto de la ruta, tal vez ese sea el fallo, y haya que mirar el lado bueno, al final el arroyo Valderrueda ha sido divertido…y exigente).

Retornamos los últimos 5 kilómetros, volviendo a pasar por la ermita templaria, eso si, muchos buitres nos sobrevuelan en unos majestuosos planeos, y es que ellos aquí son los reyes, incluso vemos sus siluetas recortadas en las bóvedas del Cañón con los rayos de sol de fondo (vamos todo un espectáculo). Vuelta a hacer fotos (incluida la de grupo) en la Ermita, cruzándonos con muchas familias senderistas (por eso es recomendable madrugar para hacer esta ruta, logrando hacerla casi solos, al menos la ida), teniendo que sortear a la gente en varias ocasiones.

Así en esto llegamos al coche con la sensación de habernos transportado en el tiempo a otra época, esa de los caballeros templarios adalides de aventura y humildad, tanta como la que nosotros mostramos ante esta Naturaleza salvaje que nos hace tan pequeños y tan libres a la vez. Abrazos y risas…y yo me relajo, conocedor que he dado a estos buenos amigos una dosis de adrenalina de vida y un imperceptible hilo que hace que el ser humano se una y disfrute en estos malos tiempos que nos ha tocado vivir.
Mención especial para Vicente (gran persona) por su acompañamiento e invitación al final de la ruta con un opcional y diverso picoteo…VICENTE ERES GRANDE….ya sabes donde estamos…eso si…la próxima con piedras…jejeje (es broma).
AGRADECIMIENTOS:
A Juancar (alias canillas de zorro): por la pasión que le pone a esto del hierro, aunque al final terminara algo petado.
A Jesús Agila (alias Mr. Gin Tonic): Por su gran compañerismo y por sus bocadillos y productos extremeños.
Al compacto y chaparro diablo: Por ser un cabronazo, por decir que mi bici traga como una…..mejor dejarlo…jeje. Ya te dije que has compartido conmigo dos de los momentos más extremos de mi vida, mi rotura de hombro y este finde ciclista. GRACIAS.
Al pápa Chicote, Por su cocina a fuego lento de esta crónica, sin él…este parto no saldría a la luz.

A todos los que leáis esta crónica, espero haberos picado un poco en vuestro interior, y que cualquier día propongáis esta ruta para hacer, aunque se vuelva tarde a casa ese día, creo que merecería la pena, no es difícil y en unas 5 horas se podría hacer de sobra..eso si…ida y vuelta por el Cañón.
Por último deciros, que este relato no trata de competir con el del amigo Juancar (sería imposible porque no llego a la suela de sus Celsius), tan solo es una visión personal de las rutas, imprimiéndole un toque personal manchego y si saca una sonrisa…satisfecho.

                                                       El cañon del rio lobos por JuanCar
                                                       Asi lo vio Ruben