sábado, 6 de octubre de 2012

Tres Provincias 2012


Crónica de Juan Carlos (JuanCardido)                           

VEO UN HOMBRE QUE HUELLA CON SU PLANTA
LOS CIEN CAMINOS ROJOS DEL ESTÍO,
QUE ARDE DE SED Y SUEÑA QUE ES UN RÍO,
UN MURO ANTE EL DOLOR QUE SE AGIGANTA.

Esta es la inscripción que hay escrita en la placa que está insertada en el monolito que conmemora el 125 aniversario de los Agentes Forestales y que se encuentra en lo alto del Pico Cebollera o Pico Tres Provincias.

Llegar a leer esa placa era el objetivo que nos marcamos hace ya bastantes semanas cuando decidimos que algunos queríamos subir hasta allí y otros repetir e incluso tripitir o cuatripitir la subida...¡¡y es que los hay masoquistas!!.
La ruta de subida al tres provincias tiene un punto de mítica. Es una de las rutas más duras que se pueden hacer en MTB por Madrid y es la culminación a un montón de fines de semana saliendo en bici por todos los rincones de la geografía de nuestra comunidad autónoma. En mi caso, llevo tres años (desde que se me ocurrió empezar en este magnífico deporte), escuchando historias acerca de la ruta, su dureza, sus paisajes, las sensaciones al llegar arriba. Y poco a poco iba creciendo en mí la necesidad de cumplir ese reto, llegar a más de 2000 metros de altura sobre dos ruedas, tener la sensación de estar en lo más alto y de ser capaz de, una vez llegado allí, poder llegar a cualquier sitio.
Como sabíamos que la ruta se alarga en tiempo, decidimos que lo más sensato era empezar cuanto antes: 8:15 en Horcajuelo para salir pedaleando a las 8:30. Con este horario no quedó más remedio que pegarse un buen madrugón para llegar a tiempo.
Con puntualidad suiza, a las 8:15, estábamos llegando al punto señalado en el pueblo de Horcajuelo de la Sierra, a más de 90 km de Madrid. Al llegar encontramos ya a bastantes compañeros que estaban preparándose para empezar. Algunos habían anunciado su asistencia, otros no, el caso es que entre unos y otros, nos juntamos 21 amiguetes para darle al pedal rumbo al Pico Cebollera Vieja.


La verdad es que fue un alegrón volver a ver a un montón de colegas que no veíamos desde hace tiempo, y conocer a otros nuevos que se van sumando a nuestras propuestas, y es que últimamente nuestras rutas no bajan nunca de los 20 participantes, todo un éxito.
La temperatura a la hora de salida era bajita; escasos 8 grados nos hacían a algunos buscar formas de calentarnos: montando en bici, estirando...el caso era ir entrando en calor, pero fue empezar a salir el sol, y la temperatura empezó a subir de forma radical. No había viento, no había nubes: el día se presentaba genial para “escalar”.
Si bien fuimos bastante puntuales a la hora de llegar, la salida en bici la hicimos con mucho retraso: la rotura del sillín de Fernando nos distrajo un buen ratito antes de empezar a pedalear. Menos mal que se pudo arreglar de una manera bastante poco ortodoxa ya que tener que darse la vuelta una vez llegado hasta allí era bastante fastidioso para él, y es que la cizalla que IvanJC llevaba en el coche, nos salvó de tener la primera baja antes de empezar. Este atraso sirvió para que llegara Marcos que venia con retraso, sino creo que nos lo habríamos dejado allí. Así pues, a las 9:10 nos subimos a las bicis y empezamos a dar pedales saliendo de Horcajuelo de la Sierra. Este retraso iba a ser la norma del día: no sabíamos hasta que punto.

El caso es que tras la primera bajada a la salida de Horcajuelo en la que el frío era más bien intenso, enfilamos el primer giro a izquierdas para empezar, ya y sin anestesia, la primera subida del día. ¡¡Qué pestosito se hace ese primer rampón antes de la vereda y qué poquitos la subieron montados!!. No llevábamos ni diez minutos de salida cuando ya, a las primeras de cambio y justo al final del rampón, Álvaro tuvo que pararse para reparar la pérdida de aire de la rueda trasera de su Jekyll, y es que no cambiar el líquido antipinchazos en 8 meses es lo que tiene, que ya no es líquido ni es nada.
Mientras algunos se quedaban a reparar la rueda de NRain, los demás tiramos vereda arriba. Muchos iban bastante sobrados mientras otros íbamos resoplando como búfalos (término bicivolador) ante lo interminable de esa primera subida por la vereda que desemboca en la pista que conduce hacia el puerto del Cardoso.

Una vez abandonada la vereda y tomado la pista, el paisaje cambia por primera vez: las retamas, zarzas y monte bajo, dan paso a un robledal precioso. También cambia el terreno, de un suelo pegajoso, lleno de hierba, con roderas tanto a los lados como por el centro, pasamos a una pista con buen firme, piedrecita suelta pero muy agradable de rodar.
La primera subida nos había hecho entrar ya en calor, y los guantes largos de entretiempo dieron paso a los guantes de verano, nos desprendimos de manguitos, mangas largas y de todo aquello que ya nos estaba asfixiando. Todo esto en el primer reagrupamiento, en la denominada “fuente del macarra”, en pleno robledal.
Tras la llegada de los que se quedaron reparando el pinchazo, iniciamos de nuevo nuestro camino por un falso llano en el que las charlas amenas con los colegas nos hicieron la marcha muy amena hasta las primeras rampas de subida hacia el puerto del Cardoso donde ya no quedaba nada del bosque de robles. Antes incluso de llegar a estas rampas, escuchamos por los walkies que Álvaro había vuelto a pinchar...es lo que tiene no haber quitado todos los abrojos y haber colocado una cámara nueva.
También subiendo estas primeras rampas, el primer percance del día, en una subida un tanto pestosita y llena de piedras sueltas, a Peke no le da tiempo a soltar sus pies de los pedales automáticos, y hace el primer vuelo del día. Una caída tonta que no tiene consecuencias especiales, pero que hace que la cabeza de Peke empiece a no funcionar como debería.

Poco a poco y algunos con más pena que gloria y otros con más gloria que pena, vamos llegando a la siguiente reagrupación: la pradera anterior a la subida final al puerto del Cardoso. Allí, acompañados de unos cuantos representantes de la raza vacuna de la sierra madrileña, agrupamos, cogemos fuerzas y tras un pequeño receso, enfilamos la pradera que yo acabé llamando: “la pradera del velcro”, porque joer como se pegaban las ruedas al suelo, y no sólo por la pendiente, que en ciertos puntos era bastante pronunciada. Alcanzamos así el alto del puerto del Cardoso a 1380 metros de altitud. Es decir, habíamos recorrido tan sólo 12 o 13 kilómetros y ya habíamos ascendido casi 400 metros de altitud.

Y fue justo aquí, en el alto del Puerto Cardoso cuando recogimos al integrante número 22 del grupo, nuestro querido amigo “Canelo”, un perro chucho, aunque alguno que sabe dijo que era un podenquillo, que no nos dejó de acompañar en todo lo que quedaba de ruta (magnífico animal), y que alguno de nosotros juraría que ya vio a primera hora de la mañana en Horcajuelo de la Sierra.

Así pues, los 22 seguimos camino de la pista que conduce al Collado de los Mosquitos, unos 6 o 7 kilómetros de ascenso por pista en buen estado y que muchos empezaron tomando un desvío a lo que llamamos “el desvío de los campeones”, una serie de fuertes subidas que conducen hacia la misma pista de ascenso pero acortando unos cuantos centenares de metros.
Los demás, los que no somos nada campeones seguimos la ruta por la pista que en ese momento se adentraba en un precioso bosque de pinos y que transcurría por las cercanías del Hayedo de Montejo. Hayedo que en ningún momento vimos, pero que supimos de su presencia por las indicaciones de nuestra wikipedia particular de la sierra: el maestro Marek.
Poco a poco y a un ritmo bastante constante íbamos alcanzando una altura espectacular. Los paisajes son sencillamente alucinantes: las postrimerías de la sierra de Ayllón, el pico del Lobo en La Pinilla por su cara norte, el valle que forma el nacimiento del río Jarama, y en una de las revueltas, cuando ya el terreno empieza a ser algo más difícil de ciclar, los pinos empiezan a desaparecer por la altura alcanzada, y quedaba aproximadamente un kilómetro para llegar al collado de los Mosquitos, allí al frente, divisamos por primera vez el vértice del Pico Cebollera o de las Tres Provincias. Incluso se llegaba a adivinar la pista por la que teníamos que sufrir subiendo.

La llegada al collado de los Mosquitos fue con cuenta gotas, hasta el punto que los que llegaron primero tuvieron mucho tiempo de espera hasta que llegamos los últimos. Es lo que tiene el compañerismo entre bikers: el ritmo lo marca el último, jamás los primeros (y eso a mi me beneficia, jejeje).
En el collado de los Mosquitos estuvimos parados un buen rato. Las vistas, de nuevo espectaculares, ya que desde allí se abría ante nosotros la cara norte del valle del Lozoya y se podía ver perfectamente la silueta de la sierra de la Cabrera y del pico de la Miel. También, mirando al otro lado se ve sin problemas la sierra de Ayllón, y hacia el norte, la llanura castellana que se empezaba a adivinar ante nuestros ojos.

La parada en el collado de los Mosquitos fue suficiente para reponer fuerzas, beber y comer y para disfrutar viendo como nuestro amigo “Canelo” se lo pasaba pipa espantando a una pareja de caballos que andaban pastando por allí...jodío Canelo, aparte de comentar entre nosotros que ya llevábamos 18 kilómetros de ascensión casi ininterrumpida y que nos encontrábamos ya a 1830 metros de altitud...y que cómo no, nos quedaba lo más chungo, subir 5,5 km más hasta los 2130 metros de altura.
Con ganas ya de llegar al monolito, iniciamos lo que nos quedaba por completar. Una serie de rampones con un terreno en bastante mal estado y que durante más de 5500 metros nos llevarían al Tres Provincias.
Fueron pocos los que completaron la subida entera. Lo que si que sé es que yo tan sólo puse pie a tierra en dos ocasiones lo que para mi no sólo es un triunfo, sino un orgullo y una motivación y la esperanza de que si alguna vez vuelvo por esos lares, quizá pueda hacer la subida completa sin bajarme de la bici.

El caso es que las primeras rampas llevan el camino a la loma de una primera ascensión desde donde se abre ante nosotros un auténtico espectáculo: todo el llano segoviano, el puerto de Somosierra allá abajo, la horizontal de Navafría...magnífico. Y es que nos encontrábamos ya a más de 2000 metros, y aún nos quedaban un par de rampas.
La reagrupación la hicimos unos 200 metros antes de coronar. Hubo muchos compañeros que esperaron pacientemente a que llegáramos los más rezagados, y no sólo eso, sino que al llegar nos animaban, nos jaleaban, nos hacían fotos, y siempre con una sonrisa en la cara....qué genial es esta afición con gente tan maravillosa.
Como a esa altura el frío y el viento empezaban a ser ya bastante notables, nos abrigamos bien y reanudamos la marcha, para que en un santiamén, y con un alegría en el cuerpo más allá de lo que se puede describir, llegar al monolito y al vértice geodésico del ansiado Pico Cebollera Vieja...qué subidón!!!, y no sólo por la altura alcanzada, sino porque en ese momento me sentí, y creo que no fui el único, en la cima del mundo, una muesca más en el cuadro de mi bici, un reto más conseguido!!!...Qué alegrón!!.

Casi media hora estuvimos en el alto del Tres Provincias los 22 integrantes del grupo (por supuesto Canelo incluido). Fotos de grupo en el vértice geodésico y en el monolito, momento bocata, chistes, bromas, admirar el paisaje, hacer cientos de fotos...en definitiva, disfrutar allí arriba de la satisfacción de haber llegado.
Al cabo de un rato, comenzamos la bajada desde el alto. Mira que es peligroso aquello!!. Cuando Javi y yo empezamos a bajar caminando y vimos que todo el grupo estaba a un lado del pedregal, nos asustamos de verdad...y en principio había motivos, Peke se había caído de la bici al bajar por ese camino de cabras y se había clavado el manillar en el pecho. Estaba en el suelo, consciente y hablando, pero el susto fue brutal. Afortunadamente, al cabo de un rato se pudo poner de pié y poco a poco se fue recuperando hasta poder ir caminando cuesta abajo al lado de Javi. Menos mal que todo se quedó en un susto y por suerte no le ha pasado nada grave. Unas buenas dosis de antinflamatorios y unos días de dolor y descanso y como nuevo.

Los demás fueron bajando aquello unos montados y otros, como yo y bastantes más, a pie. Hasta que unos minutos más tarde, y al ver Javi, Sheol, Álvaro y Dalopo un walkie talkie que alguien había perdido (luego supimos que se le cayó a Rober) tirado en medio del camino y pararse a recogerlo, a Fernando (Ciclo), no le dio tiempo a frenar bien, y tras pararse su bici casi en seco contra Javi y Víctor, salió volando como si fuera superman para sin saberlo como ni el mismo caer bien y no hacerse más que magulladuras en uno de sus antebrazos....otro susto para el cuerpo...
A partir de aquí, y una vez dejado el cruce con el cortafuegos que sube al Tres Provincias (joder que desnivel tiene todo aquello), ya no tuvimos más accidentes, afortunadamente. Lo que sí hubo fue un sinfín de pinchazos.
Primero el de Dalopo, que más que pinchazo fue una pérdida de aire algo inexplicable, y que hizo que tuviéramos que esperar a la salida del cortafuegos hacia la pista que llega de nuevo a Horcajuelo.

Para no quedarnos muy fríos, y dado que Peke iba tocado por la caída, se decidió que él y yo tiráramos hacia delante para ir despacito y poco a poco de vuelta a los coches, aunque aún nos quedaban más de 16 kilómetros de ruta. Así pues, iniciamos la marcha Peke, Canelo (el tío seguía espantando vacas y caballos), y yo, y al poco rato se nos unieron Nacho y Amador.
Al ratito paramos en la única fuente de la bajada (la otra fue la del Macarra, en la subida), y aprovechamos para rellenar bidones y camelbacks...poco ratito de parón para que Peke no se enfriara, y vuelta a los pedales.
En un ratito nos alcanzan Valentín y Marcos que salen flechados hacia adelante por una pista en falso llano y a veces picando hacia arriba, cuando nos enteramos de que aparte de haber reparado el pinchazo de Dalopo, también ha pinchado Pachi...
Sin parar en ningún momento y a un ritmo tranquilo por momentos y algo más vivo en otros, aprovechamos para admirar las magníficas vistas del puerto de Somosierra y de los pinares que se abrían a nuestros pies. Si la subida tenía paisajes brutales, la bajada no se le queda atrás.

Al llegar a la última cancela volvemos a reagruparnos todos. Bueno, todos no, Trisqui decide ir bajando hacia el pueblo (ya solo quedaban 4 o 5 km) con Canelo, que el pobre animal tiene ya un palizón alucinante. Una vez reagrupados iniciamos la bajada por pista, una pista bastante peligrosa por los regueros y por las piedrecitas sueltas.
Antes de terminar, y a escaso kilómetro y medio del fin, le toca el turno de pinchazo a Nacho, y justo en la entrada del pueblo pincha Sheol (creo que fue él).
Total, que entre las tres caídas, los seis pinchazos y algún que otro acontecimiento inesperado, llegamos a los coches después de 7 horas de haber iniciado la marcha. Eran ya las 16:30 de la tarde.


Los que más prisa tenían cargaron sus bicis rápidamente y se fueron, mientras que otros nos quedamos en el pueblo a disfrutar de una opcional de las de verdad. Al principio éramos 13, pero al cabo Víctor se fue con Ivan JC y nos quedamos 12 a dar buena cuenta de unas cuantas raciones de morcillita, empanadillas de queso, croquetas, entrecots, horcajuelitos (panecillos rellenos con lo que parecía panceta y morcilla), y una buena cantidad de jarras y cañas de cerveza.



Eran ya las 18:15 de la tarde cuando salíamos de Horcajuelo despidiéndonos convenientemente del integrante número 22, Canelo, que seguía por allí chinchando a otros perros...y eran ya las 19:30 cuando un servidor atravesaba el umbral de la puerta de casa después de haber pasado uno de esos días que se quedaran mucho tiempo en el recuerdo.
Qué maravillosa jornada.

No he querido recargar mucho de fotos pero al final pasa lo que pasa, de todas formas falta el plato fuerte, las casi 200 fotos de David (Dalopo), en cuanto las tenga se pondrá el correspondiente enlace.
                               
                             Recopilacion de todas las fotos (+- 700) gentileza de David (Dalopo)
                                Se recomienda proveerse de bebida y comida
                                                              
                                                        

domingo, 30 de septiembre de 2012

Canal Bajo, Canal Alto

Cronica de Juan Carlos (JuanCardido)
Las previsiones no invitaban a ir a la ruta programada. El Tres Provincias hay que hacerlo con tiempo favorable o no hacerlo. Así pues, después de ver cómo las webs meteorológicas insistían en que iba a caer la mundial, no quedó más remedio que cancelar la ruta hasta mejor ocasión y convocar casi en el límite de lo razonable una nueva salida que nos librara de ponernos hasta arriba de barro. Los especialistas decidieron que lo mejor era no tentar a la suerte del sábado y posponer la ruta para el domingo, y qué mejor que hacer una por los Caminos del Canal de Isabel II, ruta comodín para días lluviosos y de la que sabes que no vas a pisar prácticamente nada de barro, y es que tal y como decían las previsiones, el viernes fue extremadamente lluvioso y el sábado aunque en Madrid no llovió, por allí arriba sí que lo hizo y bastante bien.
                            
Ni las previsiones más halagüeñas nos hacían suponer la cantidad de coleguitas que nos juntamos. Fue abrir convocatoria en el foro, evento en facebook y dejar algún que otro mensaje en algún que otro foro, y...¡bingo!, en el punto de salida nos juntamos 22. Faltaron muchos, y de hecho a alguno se le echó especialmente de menos, pero ser 22 en la partida fue todo un triunfo.
A las 8:49 de la mañana según el reloj de Nacho, ya estábamos saliendo del aparcamiento de la estación de cercanías de Tres Cantos con un fresquito que más bien era frío. Yo, en mi caso, me vestí de largo ya que los antibióticos y la semana de inactividad me tenían destemplado y totalmente fuera de tono, y no era el único, que los más frioleros estaban ateridos con los 6-7 graditos que marcaba el termómetro a esa hora. Tras callejear un poco, enfilamos la senda al campo buscando la tapia del Soto de Viñuelas, no sin liarnos a esquivar la cantidad de charcos que se habían formado con las lluvias de los dos días anteriores. La arena acumulada se ha convertido en barro deslizante de ese que como te descuides hace te acabes con los huesos en el suelo (y yo no estoy por la labor de besar el suelo otra vez).
                          
La primera rampa que sube hacia la dehesa hace la primera criba de la mañana. Los más en forma se ponen en cabeza y además saltan de la pista hacia los senderitos de la tapia del Soto. Pocos senderos hay para disfrutar en esta ruta, pero en cuanto Diabolik, Sheol, Frailman y alguno que otro más ven un sendero, pierden todo conocimiento y se lanzan hasta el punto de llegar un momento en el que tienen que dar la vuelta para poder volver a incorporarse a la pista de nuevo.
Una vez en la carretera del Canal las cosas no son diferentes. Los fuertes delante y los menos fuertes, detrás. Cabe destacar a Chani, nuestra compañera bicivoladora que aunque venía atrás con nosotros, iba como una auténtica jabata. Y es que somos pocos los que sabemos que acaba de salir de una lesión bastante chunga de una de sus piernas que la ha tenido apartada de la bici bastantes meses. Había que ver a la tía con su Rockrider de 21 velocidades dándolo todo en los malditos sube-baja del Canal. Y como contraste, nuestro amigo el “lechuzo” Valentín (Valiente para los colegas), siempre en cabeza y siempre con el plato grande, ¿tendrá estropeado el cambio?.
                            
En definitiva, que unos mejor y otros peor, íbamos poco a poco consumiendo kilómetros por las odiosas (para mi) pistas del canal. Mientras tanto, los más “cabras”, disfrutaban haciéndose offroads auténticos, sin camino y sin nada, por medio del campo, para matar su ansia. Incluso Karpov, que ha venido del camino más fuerte que el vino de Pitarra (como dice él), se atrevió a seguir la rueda de alguna alimaña...entre las que incluyo ya a Peke, que se está poniendo más fuerte que el vinagre. Las tres o cuatro paraditas de reagrupación ayudaron a los que íbamos más tocados a seguir adelante con más pena que gloria, y sobre todo a recuperar fuerzas para afrontar la subidita del las antenas que coincide con la ruta del Cañón del Guadalix. Allí, en las antenas, reagrupamiento general, tiempo para comer y acaparar glúcidos y foto de grupo, numeroso grupo. Y hablando de fotos: las fotos en nuestras rutas tienen un nombre: Terminal. ¡¡Qué tío!!. Se hizo con las riendas de la organización de la ruta, con las fotos, acompañando a los atrasados, reparando pinchazos. ¡¡Qué tío!! (insisto), estaba en todos los lados: ahora en cabeza haciendo fotos, ahora cerrando ayudando a algún colega rezagado...lo de Jesús es absolutamente impresionante...como he dicho en más de una ocasión; UN LUJO.
                           
Al reiniciar de nuevo la marcha, nos damos cuenta de que ha habido un pinchazo. Con la excusa de ir más fastidiados que los demás (alguno no lo iba, pero bueno), Chani, Pachi, Cymru, Amador, Nacho y un servidor arrancamos sabiendo que los demás nos darían caza en un santiamén después de reparar la rueda. Y así fue. En nada nos volvimos a reagrupar, y en nada los “cabralocas” siguieron buscando senderitos donde no los había y caminos alternativos que realmente no lo eran. Al poco de cruzar la carretera que une San Agustín de Guadalix con Colmenar Viejo, nos damos cuenta de que nos faltan tres compañeros. Uno de ellos había pinchado un par de kilómetros atrás y estuvimos esperando cerca de media hora hasta que afortunadamente vimos como venían ya con la rueda reparada. Lamentablemente esa parada de media hora hizo que nos quedáramos sin una opcional en la que yo hubiera estado encantado de invitar a todo el mundo por las dos cosas que había que celebrar: que no me maté el domingo anterior y por mi cumpleaños. Prometo enmendarlo en cuanto haya posibilidad.
                             
La ruta desde ese punto hasta el final se torno más dinámica y más rápida. No sé si fue la proximidad de las pistas de tierra, las vías pecuarias o los senderos que no eran tales, que la cabeza aceleró considerablemente dejando a los rezagados mucho más rezagados si cabe. Llegar a la parte baja de las pistas del canal, justo en el camino en enfila por los tubos del canal hacia los colegios y ver como salían a la izquierda los senderos paralelos a la tapia del Soto de Viñuelas y ver cómo Diabolik, Sheol, Frailman, Karpov, Peke y algún que otro compi que no conozco salìan disparados a cogerlos, fue todo uno. Mientras tanto otros sufríamos con la pestosa subida que va paralela a los tubos del canal.
                             
Una vez subida la cuesta, y ya en la entrada de la urbanización, algunos decidimos seguir por carril bici y otros, los mismos “cabralocas” decidieron que lo mejor era tirar por el sendero paralelo a la tapia, al menos hasta reagruparnos en la gasolinera de entrada a Tres Cantos. Y desde allí, todos ya en grupo, por carril bici, en el que estuve tentado de hacer alguna que otra foto a algún que otro biker para hacer escarnio popular (jajaja),  y callejeando por Tres Cantos, acabamos llegando al aparcamiento de nuevo.
                             
4 horas, 34 minutos y 53 segundos después de haber empezado, o sea, a las 13:23 según el GPS Nacho, que fue el primero en llegar, decidimos que lo mejor era tirar cada uno para su lado y dejar la opcional para un momento mejor. Abrazos, sonrisas y muy buen rollo al despedirnos después de haber pasado juntos una magnífica mañana.
                            
De todas maneras, no está nada mal: casi 50 km y cerca de 700 de acumulado que no caerán en saco roto a la hora de preparar lo que ya si parece que es nuestro asalto definitivo al Tres Provincias la semana que viene.
 Minicronica de Jose Manuel (Frailman)                                                              
 Pues hoy, salida organizada por los Simpedrolos, que haciendo honor a su nombre nos han deleitado con una vuelta por los caminos del canal, pista pista pista, con un tramo senderil entretenido, ya a la vuelta, los

paisajes bonitos bonitos, como curiosidad, una nuve se a quedado cortando la sierra por la mitad, los parajes, en los que esta presente la mano del hombre, tanto por el canal en sí, como por las casas ya abandonadas, están muy integradas en el paisaje, la vista de Madrid quitando Mordok(4 torres), también 
bonita, y la mirada hacia la sierra, que decir, que algún bache me he comido por mirar. La compañía, de lujo, mi corva, parece que mucho mejor, anécdotas, pues tantas como bikers, creo que 20 o mas, especial 

mención para la valerosa Chani, que no se arruga con na, Victor y Diavolik, que se han quitado el mono, con los senderos y atroches del final , yo con ellos. La paciencia infinita de Terminal, parriba y pabajo, 

incansable, Nacho que ha desertado hoy de la Mondraker, un compi nuevo que no recuerdo su nombre, Juancar, Rafa, Angel, que jodio que alegria de verlo rodando, y etc etc etc asta 20 o mas...... a....... y a.............
A todos muchas gracias por hacer que me lo pase tan bien.
                                                                   Fotos de Valentin
                                                                     Fotos de Jesus
                                                                 Fotos de Juan Carlos 

domingo, 23 de septiembre de 2012

Hasta la Camorca y más allá.

Crónica de Juan Carlos (JuanCardido).

Vicálvaro 7:30 de la mañana
Tras cargar las bicis de Pablo y Javi en mi coche y en el de Jesús, y justo a las 7:45, ponemos rumbo a Cercedilla en una madrugada fresquita. Aún no había salido el sol y ya estábamos en camino hacia nuestra ruta preparatoria del Tres Provincias. Hoy toca subir la Fuenfría dos veces y coronar hasta el refugio de La Camorca. Amador nos hará de guía por si queremos hacer la ruta un poco más larga y por tanto más durilla.

Las Dehesas-Casa Cirilo: 8:45
Después de una hora de coche charlando de lo divino y de lo humano, llegamos al punto de quedada: Parking de las Dehesas al lado de Casa Cirilo. Ya estaban por allí Mariano (Trisqui), Peke (Alberto), Davigon (David), en representación de nuestros coleguitas los bicivoladores y Cronos (Amador), y según llegamos nosotros cuatro, fueron apareciendo el Negro (Jose), Pachi, Enrique y César (amigo de Peke).

Tras los saludos de rigor y la reparación de la rueda trasera de Pachi, nos ponemos en marcha hacia nuestro primer destino de la mañana: El alto de la Fuenfría. Eran ya las 9:05.  

Alto de la Fuenfría: 10:15
La subida a la Fuenfría la hicimos todos a un muy buen ritmo, no en vano estábamos coronando tan sólo una hora después de salir del aparcamiento de Las Dehesas, y eso que hicimos un pequeño parón en el mirador de los poetas para reagrupar con Pachi y Pablo que venían un poco más atrás. Por delante el Negro ya estaba haciendo de las suyas, se cogió la rueda de un biker y se fue con él hasta el alto del puerto y tuvo la desfachatez de bajar a recogernos y volver a subir con nosotros...vaya pedazo de fiera que está hecho el tío.

Los demás fuimos llegando al alto a cuentagotas, unos más enteros, otros más cansados, y otros habiendo hecho un sobreesfuerzo que luego pagarían.

Fuente de la Reina: 10:30

¡¡Qué espectacular es la bajada del puerto en el lado segoviano por la calzada romana!!. A mi modo de ver no hay apenas peligro, tiene una buena pendiente y discurre por un entorno fantástico, verdecito incluso en verano. Eso sí, a estas alturas del año ya hay que echarse como poco un cortavientos ya que más que frasquete lo que hace es frío, y venir con al sudada de la subida y bajar a toda velocidad con ese frío, no es nada recomendable.

La reagrupación la hacemos en la fuente de la Reina, donde aprovechamos algunos para comer alguna cosita antes de iniciar el reto de la subida a la Camorca, siguiente punto de destino de la ruta. Una vez reagrupados nos armamos de valor y al lío!!.

Refugio de la Camorca: 10:50
Con toda la razón Amador nos advirtió de cómo era la subida al alto. A mi personalmente me recordó un poco a Paquirri cuando dijo aquello de: “La corná tiene tres trayectorias...”, jejeje...Cronos dijo: la subida tiene tres “escalones”, yo, a la mínima me subo andando que es tela de dura...¡¡¡y no le faltaba razón!!.
Tras esperar a Enrique que se había quedado un poco atrás en la fuente de la Reina, cogimos un desvío a la derecha de la pista de la República para enfilar un sendero que en menos de 50 metros se empinaba como alma que lleva el diablo.
La mayoría iba ya a su trantrán, cuesta arriba, con todo el hierro metido y tratando de controlar la tracción de la rueda trasera. Yo, desde atrás vi como Amador y Pachi se bajaban de la bici, y por allá delante alguno también hacía uso del empujabike, unos por perder tracción y otros por toparse con los compis que iban andando y perder el ritmo, como fue el caso de Pablo que rodaba justo delante de mi. Yo, por mi parte superé con más pena que gloria los dos primeros escalones, pero el tercero fue demasiado para cualquiera. Todos menos uno subimos a pie hasta lo alto, y es que la última rampa con el suelo tan roto, las roderas de los coches de los forestales y la piedras sueltas hacían imposible mantenerse en pié encima de la bici. Bueno, imposible del todo no, porque el Negro subió hasta prácticamente el final; tan sólo le quedaron unos 15 metros de subida, pero para el caso es como si lo hubiese completado, ¡vaya máquina que está hecho el tío!.

Arriba, en el alto soplaba un viento impresionante y hacía bastante frío, pero las vistas son espectaculares. Aprovechamos para comer un poco más disfrutando de las vistas refugiados por la caseta de los forestales. Pudimos observar la bola del mundo (lo que nos acordamos de nuestros amigos del Comando sin Rumbo que andaban por allí), el puerto de Navacerrada, toda al zona de Valsaín, la Granja...unas vistas geniales.
Tras la foto de grupo y para dejar ya de pasar frío, enfilamos la bajada hacia nuestro siguiente destino del día.

La decisión: 11:10
Una vez bajada La Camorca por un sendero que bien podría ser una trialera en toda regla, divertida y complicada a partes iguales, llegamos a la pista que baja desde la carretera de la República hasta el comedero de buitres.

Allí, por decisión casi unánime y viendo que íbamos bien de tiempo y sin ningún contratiempo especial decidimos que o bien nos volvíamos por el camino a la derecha hacia la fuente de la Reina o bien tirábamos pista para abajo hacia el comedero de buitres. Optamos por la segunda opción, prolongar al ruta en distancia, tiempo y complejidad, porque salvo Amador y unos pocos más, no teníamos ni idea de todo lo que nos quedaba por bajar....y subir.
 

Comedero de buitres y reventón: 11:20
La bajada de la pista hacia el comedero trajo consigo la primera de las incidencias de la mañana: una piedra en punta hizo que mi rueda trasera sufriera un reventón, por lo que tuvimos que parar a repararla.
Qué pasada ver cómo aún casi sin bajarme de la bici, ya tenía la rueda quitada y ya estaba Amador liado a desmontar la rueda. En un abrir y cerrar de ojos cambiamos cámara y nos pusimos de nuevo en marcha rumbo al comedero de buitres.

El viento se hacía cada vez más intenso, incluso llegué a ver cómo Jesús se inclinaba en la bici en el sentido contrario al viento lateral que le estaba azotando como si estuviera tomando una curva de un circuito del mundial de MotoGP...

Pero lo más mosqueante es que bajábamos, bajábamos y no dejábamos de bajar...teniendo en cuenta que el alto de la Fuenfría está a cerca de 1800 metros de altura, y al ver cómo en el punto más bajo del comedero, la pista de la Acebeda, mi GPS marcaba 1360 metros, entonces la conclusión es fácil. Desde ese punto nos quedaban casi 500 metros de desnivel que volver a ascender antes de coronar de nuevo la Fuenfría.

De nuevo en la fuente de la Reina: 12:40
Tres horas y media de ruta llevábamos ya cuando hicimos el reagrupamiento en la fuente de la Reina. ¡Qué pestosita se hace la subida por asfalto desde el comedero!. Es engañosa y traicionera. El buen piso y el escaso desnivel inicial invitan a darle caña, pero justo al final empiezan una serie de rampas traicioneras que hacen que llegues con las fuerzas justitas al merecido descanso de la Fuente de la Reina.


Todos íbamos ya un poco tocados, unos con el cuadriceps a tope, otros con la pierna dolorida, otros especialmente cansados, y algunos que decían que iban mal..no lo iban tanto, jejeje.

Alto de la Fuenfría (II): 13:10
No me lo podía creer. En media hora escasa estábamos de nuevo en el alto de la Fuenfría. Todos subimos a muy buen ritmo, unos con más potencia como Jesús, Amador, Enrique, Negro, Trisqui y Pachi, y otros con más cadencia pero esprintando al final como Peke, y otros más ligeros y a una media de algo más de 8 km/h como César, Pablo y yo.
Otros iban un poco más tocados como Davigon y Javi (y es que los excesos se pagan...jejeje).

En el alto de la Fuenfría Enrique, Pachi y Davigon (con calambres en las piernas), decidieron bajarse por la pista de república para ir más ligeros y con menos esfuerzo. Algunos estuvimos dudando por donde tirar, y al final los que nos quedamos (9 en total), estuvimos dudosos de si tirar por la vía XXIV o por el Camino Viejo...y la verdad visto lo visto lo mejor hubiera sido el camino XXIV, pero las cosas no se saben nunca a priori porque Rappel no estaba invitado a la ruta...

El vuelo del páharo (jejeje...yo): 13:40
En el cruce del Camino Viejo y la vía XXIV lo estuvimos dudando...por un lado...por el otro, pero Trisqui nos sacó de dudas, agarró su rockrider y se tiró Camino Viejo abajo...y ninguno le dijimos que parara, jajajaja. Así pues...para abajo todo el mundo.

Yo iba el tercero tras Trisqui y Terminal, y ya en el segundo puente decidí ir por delante porque los escalones y los pasos me gusta pasarlos algo ligerito.
Todo iba bien, controlando, sin riesgo, incluso bajábamos despacio, cuando a la salida de una de las trialeras, ya sin ni un solo pedroso, en una parte más bien lisa y con piedra suelta, fui a frenar con la rueda de atrás para esperar y reagrupar cuando no sé de que forma me fui por encima de la bici: golpe en la muñeca derecha, rodilla y hombro izquierdos, cara (la gafas) y siete puntos de sutura en la parte interior de la boca...

Una vez realizados los primeros auxilios nos pusimos en marcha para recorrer los escasos kilómetros que nos separaban de los coches. Y unos antes, otros depués, unos magullados y otros no, acabamos el periplo del día 5 horas después de empezarla: justo a las 14:10 de la tarde.

Conclusión:
Excepto el golpe del final que no cuenta en la nota media (jejeje), el día fue excelente. Un tiempo fresco e ideal para pedalear. Casi 40 km y 1100 metros de acumulado en el cuerpo, ideal para preparar el Tres Provincias si es que el tiempo permite hacerla el sábado que viene.
Una ruta bonita, a ratos dura y siempre muy divertida, con un grupo de gente que cada vez nos lo pasamos mejor, y con un grupo humano que me hizo casi emocionarme cuando me encontré como me curaban las heridas y como se interesaban por mi todo el tiempo.

Como decimos siempre, y no nos hartamos de repetir, la ruta bien, muy bien (salvo incidencias), pero lo mejor, sin duda, EL GRUPO.
PD: Digno de mencionar a César...otro makinón...con V-brakes, bici rígida y sin haber pisado la sierra, se ha metido este rutón entre pecho y espalda como un auténtico campeón...además en cabeza...este Peke nos trae cada figura....que tela, jajajaja
                                                                 Fotos de Jesus
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domingo, 9 de septiembre de 2012

De Redueña a La Cabrera por las dehesas

 Crónica de Juan Carlos (Juancardido)
La vuelta ciclista a España nos impidió que cumpliéramos los planes que teníamos previsto en un principio. La idea inicial era subir a las Dehesas de Cercedilla para que, saliendo desde casa Cirilo, partiéramos camino a la Camorca, pero dado que la última etapa de salía justo de Cercedilla sobre las 14:00, decidimos evitar la posibilidad de quedarnos encerrados por allí e irnos a buscar otros horizontes. Como además coincide que estamos empezando las primeras rutas después de las vacaciones de verano, y que la ruta de aniversario del Comando sin Rumbo de la semana pasada sirvió como muy buena introducción a la nueva temporada, pensé que una ruta algo más exigente que la anterior sin ser especialmente dura y que nos permita ir cogiendo forma poco a poco era lo más apropiado. Además, si a esto le unimos que la zona por la que transcurre la ruta no es de las zonas habituales, pues entonces la ruta de ayer era firme candidata a ser la elegida finalmente. La ruta transcurre básicamente por tres dehesas: la de El Vellón, la de Venturada y la de La Cabrera. Una ruta circular que en muy pequeñas dosis tiene casi de todo: senderos, caminos, paisajes, alguna pequeña trialera... Así pues, a las 8:45 ya estábamos los diez amiguetes que habíamos quedado en esta ocasión: Javi, Jesús, Pablo, Pachi, Amador, Peke, Jose, Rubén, Adri y yo, listos para empezar a dar pedales desde la ínfima plaza del pequeñísimo pueblo de Redueña que era exactamente el punto inicial de la ruta de ayer.Como yo era el que había propuesto la ruta, tenía la responsabilidad de ir guiándola y de ir pendiente de que la ruta transcurriera perfectamente.


Por tanto, a la hora esperada, inicié el camino enfilando una larga cuesta abajo de 1 km que hizo que nuestros cuentakilómetros marcaran 56 km/h sin dar ni un solo pedal. La bajada era un  espejismo: una corta excursión por la carretera en dirección a Torrelaguna, con una pendiente ascendente más o menos considerable era lo siguiente, y lo siguiente a ésta, el primer giro a la derecha para salir de la carretera y empezar a subir el siguiente kilómetro ya por camino y cuya pendiente media es de cerca de un 8% con algún tramo al 12%. Nada especialmente complicado, de hecho hemos subido tramos mucho peores, pero siempre es molesto que te pille algo así justo al inicio de la ruta, sin calentar y después de la ilusión de la primera bajada. Lo bueno es que es la única subida de estas caracterísiticas en toda la ruta. El resto son pequeñas subidas fáciles de verdad. Esta primera rampa nos lleva a la parte alta de la colina donde se asienta la urbanización “Cotos de Monterrey”, en el término municipal de El Vellón. Una vez coronada la colina, varias veredas nos llevan en tramos de pequeños sube-baja hasta el mismo pueblo, el cual, y por un pequeño error mío, no atravesamos, sino que lo pasamos de largo yendo a buscar la dehesa del pueblo.
 
La dehesa de este pequeño pueblo es enorme, teniéndola que bordear en casi toda su extensión hasta ir a buscar la entrada principal de la urbanización Cotos de Monterrey y atravesar la A-1 por el puente que da acceso a dicha urbanización. Todo el camino es un continuo sube-baja que a alguno ya le empieza a molestar un poco. Nada más cruzar el puente de la A-1, enfilamos una bajada bastante peligrosa por la cantidad de roderas, arena, piedras sueltas y árboles situados en puntos estratégicos, que nos lleva hasta la carretera que comunica la A-1 con Guadalix de la Sierra. Lástima de lo poco que está lloviendo porque da pena ver el estado del pantano de El Vellón...casi vacío. A partir de aquí, de nuevo una subida ya por asfalto nos lleva por la calle principal (y antigua N-I) por el pueblo de Venturada a buscar su dehesa. Las vistas desde lo alto del pueblo de las dehesas de reses bravas y de toda la extensión de la sierra de La Cabrera son espectaculares.


De nuevo bajada desde Venturada hacia su dehesa para llegar recorriendo una pista en perfectísimo estado hasta la entrada del pueblo de Cabanillas de la Sierra. Antes de llegar me doy cuenta de que tanto Amador como Peke, su hermano y yo vamos demasiado deprisa, por lo que tenemos que bajar el ritmo para poder agruparnos convenientemente e ir todos más o menos juntos, cosa difícil ya que tanto Peke como Negro imponen un ritmo infernal en cabeza, jajaja. Aquí, en la entrada de Cabanillas de la Sierra, hacemos la primera foto de grupo y la parada para comer ya que estamos exactamente a la mitad del recorrido.

Como curiosidad, el siguiente tramo de unos tres kilómetros coincide con la llamada “Ruta del Toro de Cabanillas de la Sierra”. Parece ser que en esta ruta senderista se puede encontrar el primer toro de Osborne que se instaló en nuestras carreteras. Si queréis ver el trazado de ésta ruta, podéis pinchar en éste enlace: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=291674
Siguiendo la “Ruta del Toro” subimos la primera de las veredas de la dehesa con fincas de reses bravas tanto a derecha como a izquierda, y tras cruzar la carretera de Cabanillas, seguimos por una vereda en sombra, llenita de fresnos y hasta arriba de arena. Sigo diciendo que es una pena que no llueva puesto que la primera vez que pasé por este mismo sitio, era un espectáculo rodar por suelo granítico que no hace barro y que emanaba muchísima agua en muchos tramos. El final de esta vereda lleva por un sendero fácil y curioso hasta el camping de La Cabrera. A esta altur algunos ya iban un poco tocados. La falta de salidas en un tiempo empieza a pasar factura; gracias al maestro y a sus lecciones de “sierrapedia” como dice Rubén, a algunos la marcha se les hizo más llevadera. Una vez atravesado el pueblo de La Cabrera, enfilamos hacia un sendero que discurre por un precioso robledal (esto ha de estar maravilloso en otoño), hasta un mirador natural en el que podemos apreciar todo lo que hemos subido, y una magnífica vista del macizo de La Cabrera y del Pico de la Miel. Aquí volvemos a hacer foto de grupo y continuamos nuestra ruta teniendo mucho cuidado con una serie de bikers que estaban participando en una prueba ciclista por la zona.

Desde el mirador natural comenzamos la bajada de una pequeña pero traviesa trialerita que a más de uno le ha dejado con ganas de más y a más de otro le ha hecho acordarse de mis familiares, jejejeje, pero al final todos contentos, que es lo que cuenta. El bosque de robles se convierte en bosque de encinas, robles, fresnos y jarales. Un sitio muy, muy bonito con un magnífico olor a campo (tomillo, romero...) y que nos lleva por sus caminos llenitos de arena, de hecho en algún punto parecían verdaderas playas, hasta volver de nuevo a las cercanías de la A-1.

Un par de pequeñas rampas nos llevan hasta las dos últimas bajadas de la ruta, una primera por pista, espectacular y peligrosa a partes iguales con un par de tramos de diferentes características: uno que se pasa más como una vereda, y otro, de mayor desnivel que es más bien una pista. El camino acaba desembocando en las pistas del canal de Isabel II, que en dos o tres zetas y con una pendiente descendente bastante curiosa, nos lleva directamente a la plaza de Redueña, punto final e inicial de nuestra ruta, donde quedo muy satisfecho de cómo ha salido todo: las sonrisas en los rostros lo atestiguaban así.

Ha sido, en definitiva, una mañana genial. Una ruta bonita, variada y poco exigente. El reencuentro con Rubén que hacía mucho tiempo ya que no se apuntaba a una, y la asistencia de nuevos amigos para unos y grandísimos amigos para otros (Adri). Además hemos tenido la suerte de no padecer ningún contratiempo: ni caídas ni averías ni pinchazos. Algo poco habitual últimamente.

La opcional final festejando el cumple de Rubén (gracias tío por la invitación), puso punto final a una magnífica mañana de bici...la próxima más y mejor.
                                                                      Fotos de Jesus
                                                                 Fotos de Juan Carlos
                                                                       TRACK

domingo, 2 de septiembre de 2012

Aniversario del Comando sin Rumbo

                                                                            Fotos de Jesus
                                                                Fotos del Comando sin Rumbo